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Murasaki Shikibu

Murasaki Shikibu

A pesar de que en su tiempo fue reconocido su enorme talento, muy poco es lo que se conoce de la vida de la escritora. Tal vez haya nacido en el 975, tal vez haya muerto en el año 1014. Ni siquiera se sabe su auténtico nombre. La palabra "murasaki" designa la tinta de una planta, la púrpura imperial, y la palabra "shikibu" no es un nombre ni un apellido sino que indica las funciones ejercidas por el padre de la dama al cuidado del departamento de ritos. Se sabe que era hija de Fujiwara no Tametoki, un erudito aunque poeta sin talento, apasionado por la literatura, que enseñó a su hija la lengua china y sus clásicos, pero también le transmitió el amor por la literatura de sus antepasados.

En efecto, Murasaki tenía genes poéticos por todas partes: era biznieta del gran poeta Kanesuki y también descendiente del famoso Fuyutsugu. Dicen que su padre lamentaba que aquella niña tan inteligente no hubiese nacido varón para continuar el prestigio literario de la familia. Sin embargo, llevó a su joven hija con él a través de un largo viaje por el Imperio, cuando fue nombrado gobernador de la provincia de Echizen. De regreso a Kyoto, Murasaki contrajo matrimonio hacia el año 998 con un descendiente de la poderosa familia de los Fujiwara, llamado Nobutaka, con quien tuvo dos niñas, Daini no Sami y Benn no Tsubone, la primera de las cuales también sería escritora. Cuando pocos años más tarde la muerte se lleva a su marido en una virulenta epidemia, la joven viuda se retira a vivir en soledad, durante cuatro años, a meditar, mientras escucha las plegarias de los bonzos, quedando en ella la huella budista que se reflejaría en su literatura. Se sabe que a los veintinueve años Murasaki vivía en la Corte como dama de compañía de la inteligente emperatriz Akiko. Entre el año 1008 y el año 1010 compone su diario, tal vez simultáneamente a la composición de La novela de Genji. En un fragmento de su diario Murasaki realiza un autorretrato memorable:

"Que soy muy vana, reservada, intratable y quiero mantener siempre a la gente a cierta distancia --que estoy metida hasta el cuello en el estudio de antiguas historias, que soy afectada y vivo todo el tiempo en mi propio mundo poético y apenas me doy cuenta de la existencia de los demás, como no sea , de vez en cuando, para hacer comentarios malévolos y despectivos--, tal es la opinión que tienen de mí la mayoría de los que no me conocen y, por tanto, están dispuestos a detestarme. Pero cuando llegan a conocerme, descubren con enorme sorpresa que soy amable y benévola, una persona, en realidad, totalmente distinta del monstruo que habían imaginado, como así de veras muchos lo confesaron después. Con todo, yo sé que se me acusó en la corte de ser una pedante rígida y aviesa. No es que me importe mucho, pues estoy acostumbrada a ello y veo que se debe a cosas propias de mi naturaleza y que no me es posible cambiar".

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