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Planeta Cómic, 20/01/2015

En abril, llegan los cómics de Star Wars Marvel

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© 2015 MARVEL

Este un año especialmente galáctico para Star Wars y, por tanto, para Planeta Cómic. En 2015, la famosa saga no solo tendrá nuevo y esperado episodio cinematográfico, sino que también regresa, comiqueramente hablando, a Marvel.  Y lo hace a lo grande, con la espectacularidad que caracteriza a la histórica editorial norteamericana. Así, las tres primeras series que nos han preparado, firmadas por grandes autores, ya están batiendo récords de ventas y expectación en Estados Unidos, antes y después de su salida: Star Wars, Darth Vader Princesa Leia

En nuestro país, Planeta Cómic, editará estas colecciones en formato grapa a partir de abril y de forma mensual, con un precio especial de lanzamiento de 1 euro. La primera serie en publicarse será Star Wars (abril), seguida por Darth Vader (mayo) y Princesa Leia (junio). 

Para más información, os dejamos con el artículo adjunto :)

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GeoPlaneta, 12/01/2015

COSAS QUE SOLO ESTÁN EN BUENOS AIRES

7 ideas para un viaje distinto a la capital argentina

Una vez que se ha visitado la Casa Rosada y el cementerio de la Recoleta, después de haberse comido un buen bistec en un asador y disfrutado de un partido de fútbol del River Plate o el Boca Juniors... ¡Queda toda la ciudad de Buenos Aires para conocer y disfrutar! Lonely Planet sugiere experiencias auténticamente porteñas.

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© Delia Millán Martínez

1. Tierra Santa en Buenos Aires
¿Se busca una experiencia realmente kitsch? No hay que perderse el “primer parque temático religioso del mundo” donde se puede asistir a la resurrección cada media hora.

2. Museo del Patrimonio Aguas Argentinas
Bonitos azulejos, tuberías de cerámica y bidés y retretes antiguos se alojan en este pequeño y curioso museo. El ingeniero sueco Karl Nyströmer y el arquitecto noruego Olaf Boye colaboraron en la creación de este bello y ecléctico edificio. El llamado Palacio de las Aguas Corrientes data de 1894 y ocupa una manzana entera. Rematada por techos a la mansarda, la fachada del edificio contiene 170 000 azulejos y 130 000 ladrillos esmaltados, todos enviados desde Inglaterra y montados en la obra.


3. Aprender a jugar al polo
Pocas cosas hay tan típicas de Argentina como el polo, y pocos viajeros pueden decir que han montado a caballo y aprendido a jugar al polo durante las vacaciones. Si se suma la tradición de gauchos y caballos de Argentina a la influencia británica se entenderá por qué aquí se juega el mejor polo del mundo. El país domina este deporte desde hace más de 70 años, y tiene a casi todos los mejores jugadores. Nada de príncipes británicos; el mejor jugador del mundo es Adolfo Cambiaso. Se pueden consultar las actividades relacionadas con dicho deporte que se celebran en todo el país en 'Enlaces relacionados'.

4. Partido de pato
Para deporte raro, este que originalmente jugaban a caballo los gauchos. Es similar al polo pero se jugaba con una bolsa de cuero con un pato vivo encerrado dentro; afortunadamente, el pobre animal ha sido sustituido por una pelota con asas de cuero, y los jugadores ya no corren peligro en lo que antaño fue un juego muy violento. Los partidos y torneos de pato suelen tener lugar a 30 km de Buenos Aires, en el Campo Argentino de Pato.

5. Restaurantes a puerta cerrada
El menú es fijo, la hora también y no se sabe la dirección hasta que se reserva. ¿Por qué tendrán tanto éxito? En Buenos Aires se han puesto de moda los restaurantes a “puertas cerradas”Son locales que solo abren un par de días a la semana, tienen las mesas reservadas y el precio suele ser fijo (y solo aceptan efectivo). Carecen de rótulo y hay que llamar al timbre para entrar; incluso no proporcionan la dirección del local hasta que se concreta la reserva por teléfono (indispensable). La sensación de “descubrir” una joya fuera de los circuitos turísticos y de probar algunas de las mejores cocinas de la ciudad los convierten en toda una experiencia.
Existen dos tipos de puertas cerradas. En uno de ellos se cena en la casa del chef, por lo general en torno a una larga mesa comunitaria; es ideal para conocer gente, a menudo viajeros interesantes o expatriados, y resulta estupendo para quienes viajan solos. En el otro, el ambiente semeja más a un restaurante convencional y hay mesas separadas, pero solo se puede ir con reserva. Muchos de los restaurantes a puertas cerradas están en el barrio de Palermo.

6. Museo de la Policía Federal
Solo aquí es posible ver una exposición sobre peleas de gallos, drogas y víctimas de asesinato descuartizadas. En este peculiar museo se exponen uniformes y medallas, así como objetos relacionados con “actividades ilegales” (juego y peleas de gallos), con el mundo de la droga (p. ej., un brazo falso con una aguja clavada) e incluso un perro policía disecado.

7. Circuitos para todos los públicos
Para los fumadores, para los que montan en bici, para los que pintan paredes, para los que comen carne, para los que bailan.... como el famoso anuncio (con acento argentino, por supuesto), en Buenos Aires presumen de ofrecer los más originales circuitos guiados para ver otras caras de la ciudad, muy diferentes a la meramente turística. Estos son algunos:

Para pedalear: Biking Buenos Aires, ofrece pedalear por carriles-bici y por los parques de Palermo para conocer a fondo la ciudad.

Para pintar paredes: Graffitimundo, propone ver Buenos Aires a través de su colorido y dinámico arte callejero.

Para sacar la cámara: Foto Ruta, un singular circuito autoguiado a base de fotografiar pistas por los barrios de BA.

Para hacerse el “macho”: The Man Tour, un circuito solo para “hombres muy hombres”, que incluye fumar un puro, afeitarse con navaja y comprar un sombrero hecho a mano. 

Para viajeros gourmet: Parrilla Tour, si estás harto de los restaurantes turísticos, Parrilla Tour propone explorar parrillas (asadores) fuera de los circuitos turísticos y aprender sobre la cultura y gastronomía de Argentina.

Para bailar: Narrative Tango Tour, conocer el tango mediante clases, milongas y espectáculos.

Para correr: Urban Running Tour, una propuesta cada vez con más adeptos es correr por BA con un guía; se adaptan al ritmo de cada cual.

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GeoPlaneta, 12/01/2015

LA ADRENALINA COMBINA BIEN CON LOS KIWIS

5 sorprendentes deportes en Nueva Zelanda

Los paisajes de Nueva Zelanda tienen algo especial que anima a practicar deportes de aventura, incluso los que nunca se han probado. Por algo son los inventores del bungy jumping (o puenting) y el montañismo forma parte de la mentalidad nacional “kiwi”. Pero hay más: paracaidismo, bicicleta de montaña, jetboat o escalada en roca... 

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Milford Sound
© Jordi Fortuny Baduell

1. Los mejores desafíos a la gravedad: ‘bungy jumping’
Hay muchos lugares en Nueva Zelanda para lanzarse al vacío atado a un arnés, pero los mejores están en Queenstown. Aquí nació el bungy jumping y la zona es una telaraña de cuerdas de bungy, que incluye la tríada de su inventor, A. J. Hackett: la Nevis Bungy (la más alta) de 134 m, la Kawarau Bungy (la original) de 43 m, y la Ledge Bungy (la de mayor altitud; se salta desde una plataforma a 400 m sobre Queenstown). En la Isla del Sur hay otros bungy jumps: sobre el río Waiau, cerca de Hanmer Springs, y en la pista de esquí Mt Hutt. Los de la Isla del Norte están en Taihape, Rotorua, Auckland y Taupo (quizá el lugar más hermoso de Nueva Zelanda para vivir una experiencia cercana a la muerte).
Cambiando de disciplina, hay que mencionar el Shotover Canyon Swing (109 m de altura) o el Nevis Swing en Queenstown, dos balanceos con cuerda a gran altura.


2. Adrenalina bajo tierra: espeleología
En Nueva Zelanda abundan las zonas kársticas, ideales para la práctica de la espeleología. Hay clubes y circuitos organizados en Auckland, Waitomo, Whangarei, Westport y Karamea. La Golden Bay alberga también cuevas inmensas. Waitomo es la sede del rafting en aguas negras, que es como el de aguas blancas pero en el interior de una oscura caverna. He aquí algunas webs útiles: Wellington Caving Group, Auckland Speleo Group, New Zealand Speleological Society

3. Y adrenalina en las alturas: paracaidismo
Un salto en tándem ayuda a casi todos los primerizos a vencer el miedo imponiéndose a los dictados del sentido común. Estos saltos requieren instrucción con un monitor cualificado, para experimentar después hasta 45 segundos de caída libre antes de que se abra el paracaídas. No es barato, pero la emoción que se siente justifica el gasto. La New Zealand Parachute Federation es el organismo regulador.

4. Trepando de roca en roca
En la Isla del Norte, algunas zonas muy visitadas por los amantes de la escalada en roca son la del monte Eden, en Auckland; la bahía de Whanganui, Kinloch, la bahía de Kawakawa y Motuoapa, cerca del lago Taupo; el valle de Mangatepopo y la garganta de Whakapapa, en la meseta central; Humphries Castle y Warwick Castle, en el monte Taranaki; y Piarere y el sur de Wharepapa, en el Waikato.
En la Isla del Sur se puede ir a la zona de Port Hills, por encima de Christchurch, o al monte Castle, en la carretera a Arthur’s Pass. Al oeste de Nelson, las montañas de mármol y caliza de la Golden Bay y el monte Takaka son magníficas. Otras alternativas son Long Beach, al norte de Dunedin, y el Mihiwaka y el Lovers Leap, en la península de Otago.
Con lluvia, se pueden encontrar paredes interiores para escalar en todo el país, por ejemplo, Rotorua, Whangarei, Auckland, Tauranga, Taupo, Wellington, Christchurch y Hamilton.
Climb New Zealand pone al tanto de las paredes rocosas más difíciles e informa sobre accesos y clases.

5. Aventuras sobre el agua: Kayak marino, rafting y piragüismo
Las posibilidades para el rafting en aguas bravas y el kayak son casi tantas como ríos hay en el país, y tampoco faltan empresas especializadas. Los ríos están clasificados del I al VI, entendiéndose los de nivel VI como intransitables. Las mejores zonas para kayak marino en Nueva Zelanda son: el golfo de Hauraki (sobre todo en las inmediaciones de Waiheke y de la isla de la Gran Barrera), la bahía de las Islas y la península de Coromandel, en el norte; el estrecho de Marlborough (Picton) y la costa del Abel Tasman National Park, en el sur. Fiordland es también un destino preferente, con muchas empresas que operan en Te Anau, Milford, el fiordo de Doubtful y Manapouri.
Algunas webs útiles son: www.kask.org.nz, www.skoanz.org.nz
En la Isla del Norte, el piragüismo en el río Whanganui es tan popular que ha sido designado como una Gran Ruta. Otras opciones son los lagos del norte (p. ej., el Taupo o el Rotorua), o los de agua dulce de la Isla del Sur.
Algunas webs útiles son: www.nzrafting.co.nz, www.rivers.org.nz, www.kayaknz.co.nz

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Charles Rawlings-Way
Peter Dragicevich
Sarah Bennett
Lee Slater
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Wellington Caving Group
Auckland Speleo Group
New Zealand Speleological Society
New Zealand Parachute Federation
Climb New Zealand
New Zealand Kayak Magazine
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GeoPlaneta, 12/01/2015

NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA LONELY PLANET TRAVELLER

El número de enero de Lonely Planet Traveller te desvela los mejores destinos para el 2015.

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© Lonely Planet Traveller

Una completa selección de ciudades, países y regiones conforman la esperada lista que cada año elaboran los profesionales y expertos de Lonely Planet. Descubre cuáles son los mejores destinos del 2015 y anímate a viajar. Nos acercamos hasta Madrid para observar cómo sus barrios se levantan fuertes y desafiantes y hacen que la capital brille con una nueva intensidad. Viajamos hasta Etiopía para explorar los paisajes épicos y escuchar las historias de profetas temerarios de una de las ramas más antiguas del cristianismo. Y de allí nos rodeamos de montañas, las del sur de Alemania, para adentrarnos en Baviera y explorar el legado de Luis II de Baviera. Finalmente, en Costa Rica, percibimos el alma tica a través de algunos de sus habitantes, apasionados por sus lugares, profesiones y aficiones.

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GeoPlaneta, 12/01/2015

TODO LO QUE HAY QUE SABER DE MÉXICO

10 experiencias para los viajeros repetidores
Un país con casi dos millones de kilómetros cuadrados y más de 10 000 kilómetros de costa no se puede visitar una sola vez. En México cada región es un país que merece un viaje (o varios). La última guía Lonely Planet del país ha seleccionado diez lugares y experiencias novedosas en este país siempre a la última.

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México D.F.
© Rafa García

1. Museos mayas de Yucatán
Quienes visiten Yucatán en busca de un poco de cultura además de playas y juerga, tienen ahora dos nuevos museos: el excelente Museo Maya de Cancún y el Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, dos fascinantes escaparates contemporáneos de la antigua cultura maya instalados en las dos ciudades más visitadas de la península de Yucatán.
El Museo Maya de Cancún alberga una de las colecciones mayas más importantes de todo México. Está al norte del yacimiento arqueológico de San Miguelito y muestra 350 objetos hallados en zonas clave de toda la península, desde joyas hasta cerámicas y esculturas. En el entorno existen cerca de 40 estructuras, incluida una pirámide de 8 m, y el entorno, verde y exuberante, invita a dar un paseo incluso durante el calor del mediodía.
El Gran Museo del Mundo Maya, en Mérida, reúne 500 piezas antiguas y está a unos 12 km al norte del centro.


2. 
Teleférico del Pico de Orizaba
Este teleférico, inaugurado en 2014, transporta viajeros hasta la montaña más alta de México, el volcán durmiente del Pico de Orizaba, desde donde hay unas vistas estupendas y accesos a rutas de excursionismo. Se llega desde Orizaba, una ciudad que a primera vista es una población sin mucho interés pero que sorprende al viajero con un agradable centro virreinal, bonitos parques y un precioso paseo ribereño. Su elemento más destacable es el singular Palacio de Hierro de Gustave Eiffel, de estilo art nouveau. Cuenta además con un excelente Museo de Arte, en que nos sorprende encontrar la segunda mayor colección de Diego Rivera en México.

3. Museo Jumex, México DF
Buenas noticias para los amantes del arte que visitan la capital: la colección Jumex, una de las más importantes de América Latina, tiene una nueva sede en Ciudad de México, en el Museo Jumex. Sus exposiciones temporales han exhibido 2600 obras de famosos artistas mexicanos e internacionales, como Gabriel Orozco, Francis Alys y Andy Warhol. La otra sede del museo, al norte de Ciudad de México, en Ecatepec, sigue abierta y se centra en arte más experimental. Está un poco lejos de la ciudad, pero merece la pena.

4. San Francisco (San Pancho)
Es hoy lo que antaño era la vecina Sayulita: un sencillo pueblo a orillas del Pacífico con un buen ambiente surfista donde el mar y las playas son espectaculares. Hasta hace poco era un pueblo pesquero sin más que la desembocadura de un río, una playa con fondo de colinas moteadas de palmeras y algunas casitas. Ahora hay también algunos restaurantes de tipo palapa con los típicos platos de pescado y cebiche y cervezas frías y una pensión con tienda de surf que ofrece alquiler de tablas. Un paraíso de los de antaño…

5. José Cuervo Express
Un tranquilo y elegante trayecto en tren lleva desde Guadalajara hasta una de las destilerías de tequila más famosas del mundo, en la ciudad que dio nombre a esta bebida. Mundo Cuervo está frente a la plaza principal, y es propiedad de la destilería José Cuervo, la más antigua del mundo. Es un auténtico parque temático del tequila y el mayor negocio de la ciudad. Los circuitos de 1 h incluyen catas y un margarita gratis. Como complemento a esta visita, el Museo Nacional del Tequila de la ciudad ilustra la historia de la elaboración del tequila con fotografías e instrumentos de destilería.

6. Centro de Textiles del Mundo Maya, San Cristóbal de las Casas
Más de 500 prendas y otros artículos tejidos a mano procedentes de todo México y Centroamérica se exponen en este excelente museo de reciente inauguración. Ocupa la planta superior del ex convento de Santo Domingo. Dos salas de exposición permanentes exhiben huipiles (largas túnicas sin mangas), incluido uno de hace 1000 años hecho con corteza de árbol y los vídeos muestran cómo se producen los materiales y las prendas. Se puede acceder al museo mediante la entrada conjunta con el Museo de los Altos de Chiapas.

7. Maximo Bistrot Local
En el capítulo de la gastronomía, hay que mencionar este restaurante, Maximo Bistrot Local, que brilla como una de las nuevas estrellas del panorama culinario de Ciudad de México. Su oferta se basa en una carta de fusión siempre cambiante que ofrece recetas europeas y mexicanas elaboradas con ingredientes frescos y de temporada y un ambiente nada pretencioso. Está en el barrio de La Roma, y representa mejor que otros la nueva escena gastronómica de la capital mexicana. Eso sí: es imprescindible reservar.

8. Atzompa, Oaxaca
Este yacimiento zapoteca recién excavado es un espectacular y fascinante contrapunto al vecino Monte Albán y está muy bien complementado por un museo comunitario lleno de sorprendentes hallazgos. Junto con el museo del pueblo y el mercado de artesanías, es la forma de acercarse al arte de la cerámica de Atzompa desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad. Además, el agradable centro del pueblo tiene varios comedores sencillos para tomar algo.
Las ruinas de Atzompa cuyas excavaciones aún no han finalizado, se hallan en lo alto del cerro El Bonete, a 2 km sobre el pueblo, pero ya se pueden ver tres plazas ceremoniales, un juego de pelota y las ruinas de dos amplias residencias. El sitio floreció del 650 al 850 d.C. y brinda unas vistas espectaculares de su coetáneo (y probablemente ciudad madre) Monte Albán, 4 km al sur, así como de Oaxaca y el valle de Etla que se extiende al norte.

9. Museo de Sitio, Cantona
La bien conservada ciudad mesoamericana de Cantona es hoy aun más bonita gracias a su nuevo museo, que muestra unas 600 piezas prehispánicas, con atención especial al cristal volcánico, la obsidiana. Debido a su aislamiento –a buena distancia de cualquier ciudad importante–, la vasta y muy bien conservada ciudad mesoamericana de Cantona es casi desconocida para los viajeros. Con 24 juegos de pelota descubiertos, se cree que es el mayor centro urbano de Mesoamérica, que se extiende más de 12 kilómetros cuadrados sobre un paisaje etéreo de lava salpicado de cactus y yuca, y brinda unas vistas increíbles al pico de Orizaba.

10. El Cielo, Valle de Guadalupe
Al sur de Tecate, El Cielo es una de las típicas nuevas vinacotecas sofisticadas de Baja California, con catas elegantes, un restaurante contemporáneo y un hotel-boutique. Inaugurada en el 2013, es una preciosa finca que comprende una bodega con sala de catas, un sofisticado restaurante, hotel y spa. Se prueban entre dos y seis vinos; es imprescindible el merlot, una de sus mejores variedades. 

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GeoPlaneta, 12/01/2015

¿DE QUÉ ME SUENA ESTE DESIERTO?

10 razones para volar pronto a Ouarzazate
Los españoles han descubierto este año Ouarzazate, el Hollywood africano, además ahora hay vuelos directos desde Madrid. Un plan perfecto para una escapada cómoda, barata y muy exótica a esta ciudad marroquí junto al desierto del Sahara. Una vez allí se podrán visitar los escenarios de Lawrence de Arabia, La guerra de las galaxias o Juego de tronos.

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© Miguel Cerón Cátedra

¿Ouarza… qué? Sí, Ouarzazate (o Uarzazate). El nombre de esta ciudad marroquí se aprenderá muy pronto porque está llamada a ponerse de moda. Se la conoce como “la puerta del desierto”, por su proximidad al Sahara y a las montañas del Atlas, y como Ouallywood por sus estudios cinematográficos, donde se han rodado algunas de las películas más famosas. El escenario es perfecto y siempre resulta irresistible.
Ourzazate es una población estratégicamente situada, en la que durante siglos re reunían las gentes de los valles del Atlas, el Draa y el Dadés para hacer negocios en la kasba de Taourirt. En los años veinte los franceses crearon un pueblo moderno para supervisar sus intereses coloniales en la zona, y desde los años cincuenta el negocio del cine se instaló en la ciudad para aprovechar sus exóticos escenarios. Aquí se han rodado multitud de películas ambientadas en el Tíbet, la antigua Roma, Somalia y Egipto.
Desde que el rey Mohammed VI empezó a visitar la ciudad y arreglar las carreteras, Ouarzazate se ha desarrollado rápidamente, con grandes zonas residenciales nuevas al sur, además de complejos de apartoteles y una amplia plaza peatonal. Es el punto perfecto para comprar provisiones básicas antes de adentrarse en el desierto y hay multitud de agencias que proponen todo tipo de excursiones para explorar las montañas, el desierto o las gargantas de los alrededores. 

1. Kasba Taourirt A diferencia de otras kasbas de la zona, esta escapó de la ruina porque sirvió como escenario para Hollywood (en películas como El cielo protector o Gladiator) y porque la Unesco se encargó de restaurar pequeñas secciones. Siguiendo el laberinto de escaleras hasta el piso superior, se llega a una sala de oración con arcos de herradura, restos de estuco y un original techo de tataoui. De paseo por el pueblo se pueden comprar diferentes productos artesanos locales. 

2. Estudios Atlas Film Corporation Fueron los primeros estudios de Ouallywood, creados por Mohammed Belghimi en 1983. Allí se exponen escenarios y decorados de películas que se grabaron allí, como La joya del Nilo, El reino de los cielos y Kundun. Hay circuitos guiados cada 20-40 minutos que llevan por algunos de los escenarios, decorados y talleres que incluyen sus 150 Ha. El estudio se halla 5 km al oeste de Uarzazate, en la carretera de Marrakech. 

3. Musée de Cinema Es un pequeño y polvoriento museo del cine que ocupa un antiguo estudio y donde se exponen escenarios, decorados y material de grabación. Frente a la kasba Taourirt, es una cómoda alternativa si no se puede llegar a los estudios más grandes, que están fuera de la ciudad. 

4. Circuito Photo Emotion La fotógrafa suiza Rosa Frei, residente en Ouarzazate, ofrece talleres de fotografía personalizados y circuitos entre septiembre y junio, que van desde itinerarios fotográficos por los valles de Draa y Dadés hasta retiros en el desierto y en kasbas. También se pueden hacer excursiones más breves a los estudios de cine, el oasis de Fint y el dam El Mansur Edahabi. Las clases se dan en inglés o alemán. 

5. Désert et Montagne Otra original forma de viajar con la primera mujer guía de montaña de la zona, que junto con su empresa organiza viajes para conocer familias bereberes de las montañas, excursiones a pie y en todoterreno por el desierto y el Alto Atlas, y viajes más largos siguiendo viejas rutas comerciales. 

6. Marathon des Sables Este maratón de 6 días y 250 km por el desierto se celebra en marzo/abril. El recorrido cambia cada año y se revela cuando los corredores se congregan en Ouarzazate. 

7. La Kasbah des Sables Este restaurante, escondido tras los muros de una antigua kasbah, a 5 km al oeste de la ciudad en el antiguo barrio de Al Kdif, es todo un espectáculo, con un extraordinario popurrí de salones llenos de arte y recovecos dispuestos alrededor de patios. Después de la cena uno puede reclinarse en recovecos cubiertos de cojines y entre objetos de arte elaborados en Uarzazate y Marrakech. 

8. Coopérative de Tissage Frente a la kasba de Ouarzazate se puede ver cómo las artesanas fabrican hanbels (alfombras tejidas) y felpudos de paja decorados, y comprarlos después a precio fijo. 

9. Horizon Artisanat La cerámica decorada con henna, los vasos de té pintados a mano y los anillos de filigrana de plata se venden a buen precio para financiar los programas de formación profesional de adultos con discapacidades y de integración de niños y adultos con minusvalías. 

10. Escapadas desde Ourzazate La ciudad es el punto de partida perfecto para hacer una excursión al cercano oasis de Fint o al Barrage El Mansour Eddahbi, un famoso destino de pesca y observación de aves. Pero la mejor excursión es a la kasba de Aït Benhadu, protegida por la Unesco, a 32 km. Los amantes del cine reconocerán esta fortaleza de ladrillo rojo gracias a Lawrence de Arabia, Jesús de Nazaret (para la que se reconstruyó buena parte de Aït Benhadu), La joya del Nilo y Gladiator. Hay una kasba menos retocada unos 7 km al norte por la carretera asfaltada que sale de Aït Benhadu: la kasba Tamdaght, una fortificación de la dinastía glaui que hoy está en ruinas y habitada solo por cigüeñas.

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Planeta Cómic, 17/12/2014

Novedades comiqueras para enero 2015

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Como la rueda del tiempo no se detiene, ya estamos anunciando las novedades de Planeta Cómic para el primer mes de 2015. La cultura angloamericana vendrá representada por una nueva entrega de The League of Extraordinary Gentlemen del genial Alan Moore,Nilson del entrañable Stan Sakai Dead Body Road, un relato de venganza desesperada.

Desde la lejana galaxia llegará Star Wars: Asalto Rebelde, un cómic protagonizado por los personajes clásicos de la saga. Finalmente, también disfrutaremos de los lanzamientos con sabor japonés: Little Battlers eXperience (de los creadores de Inazuma Eleven), Naruto, Saint Seiya, Toriko.... 

Más información en el link adjunto. 

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GeoPlaneta, 01/12/2014

12 AVENTURAS DE RÉCORD

Destinos extremos que ponen a prueba
Hay viajeros que coleccionan “lugares únicos” así como otros coleccionan libros, discos o sellos. También hay quien presume de haber llegado a lo más alto, de recorrer el desierto más árido o de haber visitado la ciudad más grande del mundo. Para los amantes de los récords, estos son los doce lugares del mundo que pueden presumir de ser “lo más de lo más”, al menos en algún aspecto. Desde el rascacielos más alto del planeta, en Dubái, hasta el río más largo del mundo, el Nilo, pasando por el lugar más frío o el más caluroso de la Tierra.

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El Nilo
© Jordi Llompart

1. Uyuni, el mayor salar del mundo (Bolivia)
El salar de Uyuni, en Bolivia, se extiende 12 000 km2 hasta todo horizonte visible como una inmensidad blanca apenas interrumpida por unas pocas “islas” diminutas tachonadas de cactus milenarios. En la estación seca (may-ago) la sal tiene una costra suave parecida al glaseado de un merengue; en la estación húmeda (dic-abr) una fina capa de agua convierte la llanura en un espejo natural. A diferencia de la Gran Muralla china, el salar sí puede verse desde el espacio.
La experiencia puede ser completa si te alojas en el hotel Palacio de Sal, en el cual las paredes, los suelos y los muebles están hechos de sal.

2. Everest, la montaña más alta del mundo (Nepal, China)
Cada año son más los montañistas que intentan el arriesgado ascenso al pico más alto del mundo, pero lo más factible (y más seguro) es una excursión al campamento base del Everest. Se habrá hollado la gran montaña y, de camino a los imponentes 5545 m de altitud, se verán los picos vecinos del Ama Dablam, el Pumori y el Nuptse. La mayor parte del recorrido pasa por el Parque Nacional de Sagarmatha, declarado Patrimonio de la Humanidad, y las aldeas de sherpas y los monasterios budistas son el contrapunto cultural a la impresionante belleza natural del lugar. Que el viajero abra bien los ojos, quizá vea ciervos almizcleros, pandas rojos o algún tar del Himalaya.
Hay que planificar el ascenso al campamento base del Everest entre octubre y diciembre, contando con tres semanas de tiempo para la expedición completa desde Lukla.

3. Atacama, el desierto más seco del mundo (Chile)
El desierto de Atacama, en Chile, es el lugar más seco del mundo (hay estaciones meteorológicas que jamás han registrado lluvias) y gracias a sus flamencos, sus brillantes salares y sus extensos y humeantes campos de actividad geotérmica es uno de los parajes más sobrenaturales del planeta. Se puede ir de excursión durante la puesta del sol por el valle de la Luna y ver brillar la sal que cubre los escarpados valles como si fuera nieve, o montar en una bicicleta de montaña y pedalear a la laguna Cejar, un lago salado natural ideal para un baño rico en sales minerales.
Atacama se puede visitar todo el año y alojarse en casas de adobe en el oasis de San Pedro de Atacama.

4. Wellington, la capital más remota del planeta (Nueva Zelanda)
Wellington es una de las capitales más pequeñas y discretas del planeta, por lo que ya merecería una visita en cualquier viaje por Nueva Zelanda. La expedición puede comenzar en Te Papa. Frente al mar, el museo nacional de Nueva Zelanda es una moderna e interactiva exposición de todo lo kiwi. El propio marae (lugar de encuentro) del museo expone una excelente colección de objetos maoríes. Los fans del cine no deben perderse la cueva de Weta, en Miramar, un pequeño museo dedicado a la oscarizada compañía responsable de los efectos especiales de filmes como El Señor de los Anillos o Avatar.
Si vamos en febrero coincidiremos con el New Zealand International Rugby Sevens, donde los espectadores tienen que ir disfrazados.

5. Groenlandia, la isla más grande del mundo
Australia es más grande pero suele considerarse un continente, por lo que Groenlandia se lleva el título planetario de la isla más grande. Llamada Greenland (tierra verde) por un optimista explorador vikingo, Erik el Rojo, esta región autónoma de 2,16 millones de km2 forma parte de Dinamarca. En verano, la retirada del hielo marino en los fiordos permite desplazarse en los barcos de los pescadores inuit locales. La primavera es ideal para los paseos en trineo de perros, y en los oscuros días de invierno (nov-feb) las auroras boreales bailan en el cielo.
El verano (may-ago) es la mejor época para excursiones y para navegar; la primavera (mar-abr), para probar el esquí nórdico y las raquetas de nieve.

6. La Antártida, el lugar más frío de la tierra
A menos que el viajero sea un entusiasta de las aventuras en el Polo o trabaje para una agencia gubernamental en la Antártida, la única forma de explorar el continente más grande y más meridional del planeta es en barco. Si el viajero soporta bien el mareo, puede optar por un barco pequeño, que permite un mejor acceso a las pequeñas bahías y calas de la Antártida. Casi todas las expediciones empiezan y terminan en Ushuaia, esquivando icebergs en el paso Drake para ver la fauna de las islas Shetland del Sur y de la península Antártica y desembarcando para ver de cerca a pingüinos, focas y ballenas.
Los viajeros solo pueden visitar el continente más frío y seco del mundo en época de deshielo (nov-mar).

7. Dallol, el lugar más caluroso del planeta (Etiopía)
Que nadie se queje del calentamiento global a los habitantes de Dallol. Situado cerca de la frontera con Eritrea y entre el peligroso y escarpado paisaje de la depresión de Danakil, una inhóspita amalgama de llanuras salinas, volcanes activos y terremotos, es oficialmente el lugar habitado más caluroso del planeta. La temperatura media anual ronda los 35°C pero en verano el termómetro puede alcanzar los 64°C. Si a ello se le suma la amenaza latente de los rebeldes separatistas de Afar, a nadie le extraña que los lugareños llamen a esta región remota e ingrata “la puerta del infierno”.
Desde Addis Abeba, hay que conducir 5 h en dirección norte y después montar en un camello para recorrer el último tramo por un desierto implacable.

8. El Vaticano, el país más pequeño del mundo
Siglos de historia, la espectacular arquitectura de la Basílica de San Pedro y las emotivas obras de arte de Miguel Ángel, como su desgarradora Piedad, convierten al Vaticano (830 hab.) en uno de los destinos esenciales de Roma, incluso para los no creyentes. Quienes deseen asistir a las audiencias del Papa de los miércoles deben solicitarlo en la web del Vaticano y vestir con decoro. El genio de Miguel Ángel se despliega también en los Museos Vaticanos, una gran colección de arte que ocupa 5,5 Ha. El último domingo del mes se puede visitar gratis su mayor reclamo, la Capilla Sixtina.
Al Papa se le puede ver todo el año, pero el festival cultural Estate Romana es de junio a septiembre.

9. El Nilo, el río más largo del planeta
Con 6650 km, el Nilo pasa por 10 países. Dejando de lado el debate sobre su origen (¿Burundi, Ruanda, Uganda o el lago Victoria?), lo mejor es viajar al norte, a Egipto, para comprender cómo este río poderoso ha hecho historia y ha creado imperios. En la enmarañada y fértil red que recorre todo el país, lo ideal es el viaje al valle del Nilo, de Luxor a Asuán. La mayor parte de los cruceros fluviales tardan 4-6 días en unir las dos ciudades. En los alrededores de Luxor destaca la fascinante necrópolis de Tebas, en la orilla oeste del río; mientras al sur, en Asuán, falúas de velas blancas navegan gracias a las brisas egipcias.
La mejor época es de octubre a marzo, en la estación templada, fuera de la temporada alta turística.

10. El Mar Muerto, el lugar más bajo del mundo
Bordeado por tres países (Israel, Jordania y Cisjordania), el Mar Muerto está bañado en historia antigua y hace siglos que atrae a viajeros que buscan paz y tranquilidad. Cuenta la leyenda que era un refugio para Cleopatra y que Herodes I el Grande creó en él uno de los primeros resorts de salud de la historia. En el siglo XXI los turistas que buscan salud siguen visitando este lago a 400 m debajo del nivel del mar, por sus aguas minerales curativas (un 1000 % más saladas que el agua del mar) que, según dicen, alivian el reuma, los problemas respiratorios y la artritis. Y, claro está, no pueden faltar las fotografías de rigor del viajero embadurnado de barro curativo del Mar Muerto.
Con 330 días de sol al año, las temperaturas más confortables son en invierno (nov-mar).

11. Tokio, la ciudad más grande del planeta
El área metropolitana de la capital japonesa (Área del Gran Tokio) tiene 36 230 000 según la ONU. Una dimensión difícil de imaginar que sin embargo funciona como una maquinaria bien engrasada, con una energía casi maniática y una imparable obsesión por lo nuevo. Visitar Tokio es una experiencia que hay que hacer alguna vez en la vida y como símbolo de la ciudad, el cruce de Shibuya, un paso de peatones que se ha convertido en imagen de una ciudad difícil de captar en una sola imagen. Esta encrucijada de calles resume la abrumadora marabunta que transita por esta metrópoli japonesa. Eje de un barrio comercial de moda (lleno de tiendas de firma y pantallas publicitarias), el cruce de Shibuya está frente a la estación de Shibuya, una de las más ajetreadas de Tokio (y del mundo). Además de una gran encrucijada, los numerosos semáforos que la regulan cambian a rojo al unísono, lo que provoca que todos esos ciudadanos apresurados arranquen y atraviesen de forma masiva y simultánea para llegar al otro lado.
Se recomienda contemplar el cruce de Shibuya desde el 21 piso del Starbucks, en el edificio Tsutaya, en el lado norte del cruce.

12. Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo (Dubái)
Ridículo para unos y admirable para otros, de lo que no cabe duda es que el Burj Khalifa es una proeza arquitectónica. El edificio más alto del mundo atraviesa el cielo de Dubái con sus 162 plantas y 828 m de altura (más del doble que el Empire State). Se inauguró el 4 de enero del 2010, tan solo seis años después de que empezaran las excavaciones. Hasta 13 000 obreros trabajaron duramente día y noche, a veces a razón de una planta cada tres días. Par los visitantes, la principal atracción es el mirador “AT THE Top”, en la planta 124, a unos 442 m del suelo.
En la taquilla y en su página web se pueden reservar entradas para el mirador con fecha y hora.

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GeoPlaneta, 01/12/2014

12 MOTIVOS PARA CORRER

Viajes para los adictos al running
Correr, correr, correr. La moda del running llega a todas partes, y ya que hay que correr, ¿por qué no hacerlo en algún lugar excepcional? Si ya se ha entrenado lo suficiente en las carreras locales o si cada vez se quiere a ir más lejos, ha llegado el momento de viajar con la excelente excusa de correr: maratones alucinantes por todo el planeta, carreras de aventura para quienes gusten de retos al aire libre, carreras curiosas e incluso extravagantes... El mundo está lleno de propuestas en las que lo importante es participar ¡y de paso viajar!

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© Miguel Sotomayor Castelló

1. Maratón de la Atenas clásica (Grecia)
El padre de todos los maratones: la ruta de este recorrido desde Maratón a Atenas vuelve sobre las pisadas de Filípides. Hacia 490 a.C., este veloz mensajero cubrió la distancia para anunciar la victoria del ejército griego sobre los persas, luego se derrumbó y murió. La carrera actual sobre superficie de alquitrán sigue siendo igual de dura y conserva algunas ondulaciones brutales. Finalizar en el estadio Panatenaico de la capital –reconstruido para los Juegos Olímpicos de 1896– hace que el corredor se sienta como una leyenda viva.
La carrera se celebra en noviembre y las solicitudes comienzan en el mes de enero anterior; llegan a participar hasta 12 000 corredores.

2. Patagonian Expedition Race (Chile)
Cuando la sede de la carrera incluye el Estrecho de Magallanes y los picos de las Torres del Paine uno sabe que ha llegado a la élite de las carreras de aventura. Los participantes en este evento con una tradición de más de 10 años se enfrentan durante 11 días a ciénagas, glaciares, montañas y llanuras en la Patagonia; orientarse en la naturaleza es esencial, dado que la ayuda es mínima y se cubren cientos de kilómetros de espacio natural en la punta sur de América. Hay que ser profesional de la escalada, el kayak y el ciclismo, e inscribirse en grupos mixtos de 4. Quizá no sea la mejor aventura para principiantes pero es alucinante.
La carrera suele celebrarse en febrero y ya está abierto el plazo de inscripción para la siguiente edición, que será en 2016.

3. Adventure Race Slovenia (Eslovenia)
No habrá paz para los malvados... ni para los cansados. Una auténtica carrera de aventuras debe incluir un mínimo de dos disciplinas (ciclismo y carrera a pie) y exigir orientación y estrategia. Los organizadores de la Adventure Race Slovenia ampliaron su evento con senderismo, bicicleta de montaña, natación y kayak. Bueno, y espeleología, barranquismo, esquí a campo traviesa y descenso en rápel, para cubrir los 440 km desde Piran hasta Velenje en 50 h. ¡Uf! La carrera se celebra desde el 2003 en Eslovenia, una de las mejores zonas de aventura de Europa; los organizadores idean crueldades como atravesar un río agarrado a una cuerda con la bici a cuestas.
La carrera suele ser en junio y hay dos categorías: Rover (2 días) y Explorer (3 días).

4. Canadian Deathrace (Canadá)
El mero hecho de mencionar la muerte (death en inglés) le pone los pelos de punta a cualquier corredor, pero si eso no es suficiente para asustar, algunos de los lugares que atraviesa esta carrera de 125 km acabarán por hacerlo. Uno de ellos es el Hells Canyon, donde hay que vadear los bien llamados ríos Sulphur (azufre) y Smoky (humeante). La Deathrace pasa por tres cumbres de las Rocosas canadienses, pero lo cierto es que debe su fama a las bajadas, que son pronunciadísimas, muy poco seguras y bastante dolorosas si uno se cae. Además, en años lluviosos, el terreno se convierte en un cenagal.
La carrera se celebra en agosto. Puede realizarse en solitario o con un equipo de hasta 5 miembros y debe completarse en 24 h.

5. Ultramaratón Caballo Blanco (México)
Esta carrera extrema atraviesa el territorio de los indígenas rarámuris o tarahumaras (pies ligeros), en los barrancos del pueblo de Urique. Los rarámuris destacan por su increíble resistencia. Se sabe que algunos han llegado a cubrir cientos de kilómetros corriendo sin parar, calzando solamente un par de sandalias hechas con restos de goma y cuero. Así pues, al completar los 80 km de esta durísima prueba, que incluye 3 km de terreno ascendente, uno podrá considerarse un “pies ligeros” más... pero porque no sentirá los pies.
La carrera tiene lugar en febrero y se llamaba Ultramaratón de las Barrancas del Cobre, pero fue rebautizada cuando su fundador, Micah True –apodado Caballo Blanco–, falleció mientras entrenaba.

6. Maratón de Medianoche (Tromsø, Noruega)
Son las 20:30 en la Noruega ártica cuando, en la víspera de una noche de mitad de verano, 1000 corredores se dirigen a la línea de salida. Tromsø se halla a 70° de latitud norte; aquí el sol no se pone desde mediados de mayo a mediados de julio, bañando la catedral del Ártico, el Museo Polar y los fiordos circundantes en un interminable brillo etéreo. También brinda la iluminación ideal para el maratón continental más septentrional del mundo, un recorrido nocturno alrededor de la plaza Fridtjof Nansen, por encima del puente de 1 km de Tromsø y bajo picos siempre cubiertos de nieve, antes de acabar ante el apoyo de la multitud en el centro.
La inscripción a la carrera se abre en diciembre del año anterior; hay que reservar entrada y alojamiento con antelación.

7. Maratón por el ‘outback’ australiano (Uluru, Australia)
El indígena pueblo anangu posee el Uluru-Kata Tjuta National Park y toda la zona (desde la roca roja del interior del parque hasta el circundante bush aborigen) se considera sagrada, lo que hace al maratón por el outback aún más especial. En un día de julio, a 2000 corredores se les permite avanzar por una salvaje extensión de propiedad privada, con Uluru y los abovedados picos de los Olgas siempre presentes al fondo. La marcha es polvorienta, aunque (salvo por algunas dunas) plana; la experiencia, con esa tierra ocre impregnada de espiritualidad, deja a los corredores en un estado casi beatífico.
La carrera empieza a las 7.45; las mañanas pueden ser frías pero durante el día se corre a unos 21°C.

8. Maratón de la Gran Muralla China
La Gran Muralla china tuvo antaño más de 8000 km de longitud. Por fortuna, esta carrera solo requiere conquistar una diminuta fracción de ella. Gran parte de la ruta se halla a la sombra del antiguo muro, discurriendo entre arrozales y aldeas remotas en la tradicional región de Huangyaguan. La parte de la carrera sobre la propia muralla es solo de unos 3,5 km de largo pero implica 5164 escalones de piedra, en los que los muslos se resienten, la cabeza da vueltas y las vistas de la formidable fortificación suponen una agradable distracción.
La carrera se celebra en mayo; solo se puede participar como parte de un paquete turístico.

9. Maratón de Jungfrau (Suiza)
Aunque no es tan dura como parece (no hay que subir corriendo los 4158 m del Jungfrau), esta no es una carrera para flojos. Una primera mitad plana, subiendo por el valle de Lauterbrunnen desde Interlaken, cambia bruscamente a los 25 km: una serie de agudos zigzags ascienden 500 metros de desnivel en 5 km demoledores. Y hay más: los últimos 12 km se mantiene la subida, aunque a medida que el aire se adelgaza las emblemáticas cimas del Oberland bernés se perfilan cada vez más cerca y más imponentes. Mejor no pensar que hay un tren de perfecta ingeniería suiza que va directo a la meta de 2000 m de altura.
La carrera es en septiembre; los corredores deben completar el recorrido antes de las 6½ h límite.

10. Maratón de hielo antártico (Antártida)
Esta carrera es dura para las piernas y para la cartera: cuesta 10 500 € por participante. Pero es el precio a pagar por el privilegio de ser una de las 40 almas a las que se les permite inscribirse. Las condiciones son implacables: la ruta de nieve resbaladiza está preparada y examinada en busca de grietas, pero es agotadora. Además están la altitud de 1000 m, las temperaturas bajo cero y los vientos catabáticos. Pero correr en una tierra silenciosa donde la naturaleza es tan primigenia es de verdad impresionante.
El maratón se celebra entre noviembre y diciembre; el precio de admisión incluye vuelos desde Punta Arenas (Chile), alojamiento y comidas.

11. Maratón de Lewa (Kenia)
Nada motiva más para ponerse en movimiento que un rinoceronte en dirección a uno a través de la hierba alta. Kenia, famosa por sus atletas de larga distancia y sus safaris, combina ambas cosas en el anual Safaricom Lewa Marathon, una incomparable epopeya a elevada altitud, por senderos de tierra, colinas onduladas y abundante fauna. El Lewa Conservancy, una extensión de bosque de acacias y amplia sabana, alberga más de 100 rinocerontes, además de elefantes, cebras, jirafas y búfalos. Por fortuna, el día de la carrera es vigilado por guardabosques armados y helicópteros para mantener a las fieras a raya.
Se celebra a finales de junio, cuando las temperaturas del mediodía alcanzan los 30°C; hay estaciones de agua cada 2,5 km.

12. Big Sur Marathon (California, EEUU)
Ni las densas nieblas del Pacífico, ni las tormentas del océano, ni las piedras de granizo, ni los corrimientos de tierra o las rupturas tectónicas... nada disuade a los 4500 corredores a hacer frente al Big Sur Marathon: quizás porque es absolutamente fantástico. De hecho, los 36 km desde Big Sur Village hasta Carmel podrían ser sacudidos en cualquier momento por la falla de San Andrés y expuestos a los caprichos climáticos de la costa californiana pero también siguen la Highway 1, la primera “carretera panorámica” de EEUU y una de las más espectaculares del mundo. Lo mejor viene después, cuando el camino permite ver secuoyas gigantes, acantilados batidos por las olas y puentes escarpados.
Se celebra en abril y pueden participar hasta 3500 personas.

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GeoPlaneta, 01/12/2014

12 PISTAS PARA SER UN 'VINTAGE'

Costumbres viajeras que han pasado de moda
El tiempo pasa y también algunas costumbres. Los viajeros del siglo XXI tienen otras maneras de organizar y disfrutar de su viaje muy distintas a las del siglo XX, y hay cosas y hábitos que se han convertido en vintage.¿Quién recuerda los álbumes de fotos o las cabinas telefónicas? ¿Quién se preocupa de llevar a mano sus billetes de avión? Y es que viajar en la era digital ya no es lo que era. Para el que tenga ganas de probar por una vez en su vida un viaje a la “antigua” usanza, una selección de 12 actividades que ya no realizan los viajeros y que pueden llevar a viajar al pasado. 

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© Miguel Cerón Cátedra

1. Buscar una cabina de teléfono
Hace años, aunque no tantos, lo primero que uno hacía al llegar a otro país era buscar una cabina de teléfono. La siguiente operación era encontrar monedas, fichas o tarjetas para utilizarla, enterarse de cuánto podía costar la llamada a casa (solo para decir que se había llegado bien), y luego llamar y hablar lo más rápidamente posible para que no costara un riñón. Todo esto ya es historia: no quedan casi cabinas telefónicas en el mundo (ni falta que hacen), se llama por el móvil y se conecta por skype en cuanto se encuentra una wifi. Los nostálgicos siempre pueden dejar a un lado sus móviles por unos días o consolarse con hacer fotos a las cabinas rojas de Londres. Un clásico que no falla.

2. Comprar carretes para hacer fotos y diapositivas
¿Carretes? ¿Qué son los carretes? Pues sí: aquellos rollitos que había que cuidar mucho por si se revelaban sin querer y que había que utilizar con precaución porque eran caros y, en ciertos países del mundo, muy difíciles de encontrar. Las cámaras digitales, las tarjetas con gigas y gigas de memoria y algunos smartphones, de calidad impensable hace unos años, se han convertido en la auténtica revolución para el viajero y sobre todo, para el fotógrafo viajero. Para los nostálgicos de aquellos tiempos de carretes y diapositivas, Instagram ha recuperado los retoques vintage.

3. Estudiar y enfocar bien las fotografías antes de hacerlas
Los carretes eran caros, pero más aún era revelarlos. Convenía seleccionar muy bien qué fotografiábamos y cómo. Lo de captar platos de comida sin al tuntún o tomar centenares de tomas, porque alguna seguramente saldrá bien, es algo muy reciente. Los nostálgicos siempre pueden volver a estudiar bien los enfoques, pensar qué se quiere fotografiar, esperar el momento justo y hacer pocas fotos pero buenas.

4. Llevar a buen recaudo el billete de avión
En los tiempos pre-Internet, perder el billete de avión era un auténtico problema. Todo el mundo iba con sus documentos de viaje bien protegidos porque no había forma de viajar si se perdían. ¡Qué revolución la de los billetes digitales con códigos!

5. Llevar todas las guías, mapas y documentación que encuentres sobre un destino
Sin Internet ni Google, la información era un bien muy preciado. Toda recomendación, dirección o contacto que se recibiera sobre un destino se guardaba como oro en paño. Ahora es posible viajar con la información básica de un destino en el smartphone o tableta, y consultar información en cualquier lugar del mundo, aunque una buena guía y un buen mapa nunca están de más y ayudarán a organizarse mejor y a disfrutar de todos los detalles de un viaje.

6. Preguntar dónde están los sitios
“Preguntando se llega a Roma”, dice el antiguo refrán. En realidad se ha quedado obsoleto. Ahora vale con un GPS o con un smartphone con Google Maps. Aunque la verdad es que tenía cierto encanto y era una excusa para charlar con los lugareños. Es fácil recuperar la buena costumbre: preguntando se llega a Roma y se descubren muchas cosas que no siempre están en la red.

7. Disfrutar de los monumentos y de los buenos momentos
Antes, no hace mucho, se viajaba sin la obligación de contar en cada momento dónde se estaba ni colgarlo en ninguna red social. Ni siquiera de fotografiarlo. El fin del viaje era encontrar sorpresas, no compartirlas instantáneamente. Viajar sin compartir es otra forma de viajar que relaja mucho, desconecta más y también tiene su encanto.

8. Enviar postales
En realidad esto es lo que menos ha pasado de moda, aunque se ha transformado por obra y gracia de la tecnología, ya que ahora se envían mensajes por Facebook, Instagram, Twitter, correo electrónico... Pero básicamente se cuenta lo mismo y se siguen poniendo los dientes largos al que se queda en casa cuando se conecta desde el otro lado del mundo. 

9. Reservar por teléfono
En realidad esto es lo que menos ha pasado de moda, aunque se ha transformado por obra y gracia de la tecnología, ya que ahora se envían mensajes por Facebook, Instagram, Twitter, correo electrónico... Pero básicamente se cuenta lo mismo y se siguen poniendo los dientes largos al que se queda en casa cuando se conecta desde el otro lado del mundo.  

10. Martirizar a nuestros amigos y familiares con el vídeo del viaje
¿Quién no ha sufrido la sesión de fotos o vídeos de algún amigo a la vuelta de su viaje? Horas y horas de pagodas tailandesas, de museos o de un viaje por un río interminable con todas sus anécdotas, gracias y curiosidades. Ahora ya no hay vídeos soporíferos y están de moda los montajes breves, divertidos y dinámicos. Los nostálgicos de los vídeos siempre pueden recuperar la vieja costumbre y proyectar de un tirón las 2500 fotos digitales de un viaje a familiares, conocidos y amigos (que dejarán de serlo de inmediato).

11. Hacer un álbum de fotos
Ya casi nadie los hace pero tenían su encanto. Hay muchos que vuelven a reivindicar el típico y clásico álbum de fotos frente a los archivos digitales de miles de imágenes que al final nadie sabe dónde tiene guardados. El álbum obligaba a una cierta selección y a ordenar y a recordar los buenos momentos para etiquetar las fotos. Así era más fácil compartir los recuerdos y, sobre todo, guardarlos para la posteridad. Los nostálgicos tienen todas las facilidades del mundo para hacer álbumes con sus fotos digitales, imprimirlos y guardarlos, como en los viejos tiempos. Y además, son un magnífico regalo para los compañeros de aventura.

12. Llevarse sorpresas
Con tanta información, tantas redes sociales, tantos consejos previos de amigos online por todo el mundo, tantas fotos compartidas en la red apenas queda hueco para la sorpresa. Cuando uno emprende un viaje sabe prácticamente todo lo que va a encontrar, cómo y dónde lo va a encontrar y qué sentirá en cada momento. Antes de la irrupción del “viajero social” los viajes incluían más oportunidades para la sorpresa... y también tenían su encanto. 

Lo bueno de todas estas costumbres “vintage” de los viajeros de otros tiempos es que quienes quieran volver atrás, pueden hacerlo para redescubrir otra forma de viajar. Pero los que miran al futuro tienen miles de herramientas a su alcance para disfrutar de los viajes del siglo XXI.

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