
Si El club de los viernes te emocionó, no puedes perderte Las sirenas del invierno.
Las sirenas del invierno es un canto de esperanza a la solidaridad, la amistad y el amor verdadero, un tributo a la mujer en el que se demuestra que la belleza es eterna y el secreto de la juventud muy fácil de encontrar... sólo tienes que saber dónde buscarlo.
Joey Rubin es una joven arquitecta y decoradora que vive en Nueva York. En un entorno tan competitivo y dominado por los hombres, su adicción al trabajo la ha llevado a descuidar tanto sus antiguas amistades que al único ser a quien se siente realmente unida es a su perra Tink. Pero su vida dará un vuelco cuando Joey viaja a la campiña inglesa para supervisar la reforma de la vieja mansión donde el mismísimo J. M. Barrie escribió Peter Pan. Cuando Joey llega al pequeño pueblo se siente totalmente desubicada. Pero su mundo vuelve a tener sentido cuando conoce a las chicas del Club Femenino de Natación J. M. Barrie, un grupo de octogenarias que, además de la amistad que mantienen desde jóvenes, comparten una curiosa pasión: bañarse todos los días del año en las aguas de un lago cercano al pueblo. Estas sirenas de carne y hueso, cargadas de historia y de humanidad, ayudarán a Joey a descubrir el verdadero sentido de la vida y la importancia de la auténtica amistad.
En casa de mi mejor amiga, en la cocina, donde preparamos cenas maravillosas, cocinamos juntas y charlamos de lo divino y lo humano. Se ha convertido en nuestro ritual, alimentar el cuerpo con comidas deliciosas, y el espíritu confiando unas en otras
Los mejores momentos los he pasado en el instituto, que es donde más tiempo estamos juntas. Pero sobre todo recuerdo un día que nevaba y nos fuimos a jugar con la nieve, haciendo ángeles y tirándonos bolas como si fuéramos unas crías.
Los fines de semana mis amigas y yo, jugábamos al baloncesto,y ganásemos o perdiésemos,nos íbamos al mismo bar, allí reíamos mucho, muchísimo,recordando las jugadas y anécdotas del partido.Esos momentos en el bar todavía me devuelven una gran sonrisa
Mi abuelo trabajaba como farero, y yo y mis amigas hemos pasado muchas tardes con él, mirando la mar mientras nos contaba historias y adornando cajas de cartón con las conchas que recogíamos en la playa. Todavía las conservamos y recordamos esos días
Año 1965. En una terraza de Barcelona, con mis tres mejores amigas. Muy modernas para la época, luciendo un sombrerito canotier, pantalones capri y fumando, mientras nos divertíamos juntas colándonos en los estadios de fútbol, que nos encanta a todas
Recuerdo muchos lugares divertidos, sobretodo cuando íbamos a algún apartamento a pasar un fin de semana de supuesta tranquilidad playera, donde o bien acababa clavándome un erizo de mar en el pie, o nos perdíamos cuando intentábamos salir de fiesta.
Podría decir el parque, la cafetería de la uni o mi residencia en París, pero además de los habituales guardo un especial recuerdo de esas noches de los viajes en hostales en que dormíamos 8 en la misma habitación, ¡noches de risas y confidencias!
Yo tengo que reconocer que los mejores momentos con mis amigos los he pasado siempre al teléfono... podíamos pasarnos todo el día juntos, pero esa horita como mínimo, hablando por teléfono de mil y una cosas han sido siempre un ritual para nosotros.
Los mejores momentos q he pasado y sigo pasando es cuando quedamos todas a tomar un buen cafe. El sitio es lo de menos, lo importante es estar juntas y el tiempo pasa volando. No importa q nos hayamos visto hace un dia q 15.
¿Recordaís de adolescentes,convencer a vuestros padres para entrar 1/2h más tarde en casa? pues ahí, en el portal de casa, era donde nos reiamos,compartiamos secretos y fuimos muy felices,porque simplemente,nos sentiamos más mayores por conseguirlo.
Los mejores momentos que he pasado con mi gente sin duda a sido las noches de verano hace muchos años, cuando salias de casa sin movil ni preocupaciones esperando que llegara la noche para volver, cuando correteabas y se hacian travesuras de niños^^
los mejores momentos los pasábamos en el parque, compartiendo sueños e ilusiones, preguntándonos por el porvenir...no hacía falta una hora de queda, siempre sabíamos que nos íbamos a encontrar allí.
Recuerdo los fines de semana en el apartamento de la playa de mis padres. Estábamos a sólo 13 km de casa pero para nosotras era toda una aventura: reíamos, peleábamos, nos hacíamos confidencias. Pero, sobre todo, vivíamos intensamente la adolescencia
Hay una pequeña tea shop en mi pueblo, donde nos pasamos horas y horas hablando con una taza de té cada uno y un par de trozos de tarta para compartir... Todavía hoy en día vamos. :)
Aún recuerdo esos descansos de universidad sentadas en las escaleras de la Playa Anaya que dan a la Catedral de Salamanca, justo en la puerta donde los astronautas se esconden. Ahí, bajo el sol y en buena compañía, éramos felices.
La piscina pública siempre fue lugar de confidencias; risas, manías, chismes o la organización de una cita. Cuando entrabas por la puerta del recinto ya sabias como iba a trascurrir la tarde. Dependía de la posición de las toallas en el cesped.
Unas pipas o el perro de Sandra siempre nos acompañaron en la gran ventana de la almazara. Desde este lugar a las afueras del pueblo veiamos los chicos pasar con sus motos y soñabamos a ser adultas. Ya no hay ventana, se fue la magia.
En cualquier lugar donde podamos reir a gusto , en el campo , en casa, por la calle, da igual cuanto tiempo hace que no nos vemos , despues de 5 minutos juntas las risas no paran y para eso cualquier lugar es bueno.
En un banco de madera que había (y todavía existe) en un pequeño mirador con vistas a la parte baja de la ciudad. Allí nos reuníamos tardes, mañanas sin clase, fines de semana... y nos contabamos nuestros amores, problemas e ilusiones de futuro.
Los mejores momentos con mis amigas eran sin duda los que pasaba en verano en mi urbanización, de pequeñas jugando y ya de más mayores hablando. También las tardes en casa de una de ellas analizando el mundo, intentando comprender todo o riéndonos.
Yo ahora vivo lejos de mis amigas de juventud, pero siempre que vuelvo a mi país de visita intentamos reunirnos todas, y aunque hayan pasado meses o incluso años, nos sentimos como si nunca nos hubiéramos separado y hablamos de todo
Sentadas en las piedras grandes a orillas del río de la ciudad. Somos un grupo tranquilo, yo leo, otra dibuja y las demás hacen tonterías que nos hacen sonreír a todas y desear no volver a casa.
en las escaleras de mi casa cuando eramos pequeñas jugando a los cromos.
Eramos completamente felices,no necesitabamos nada mas.
Que epoca tan bonita!
En casa de mi amiga, que es donde nos reunimos para charlar y hablar de todo lo que nos pasa o de los problemas que tiene cada uno y entre todos lo intentamos solucionar, hay veces que se han arreglado muchas cosas solo con hablarlas y compartirlas.
En el trabajo. Tantas horas juntas animaban a compartir experiencias, anécdotas, recetas, consejos,...La necesidad de llevarse bien hizo crecer una complicidad en los pequeños momentos de descanso.
En las reuniones de los domingos donde comentábamos todo lo que nos había ocurrido durante la semana.
Cuando nos ibámos de ruta por los pueblos, conociendo nuevos lugares, y en esas reuniones que hacíamos los domingos para comentar todo lo que nos había ocurrido durante la semana.
Por nuestro barrio , en la parada de autobús el día antes de hallowween llovía sin parar pero queríamos maquillarnos de monstruos ya , así que nos pusimos allí y la parada termino llena de vampiras ensangrentadas , siempre hacíamos tonterías
Soy chica de ciudad,no teníamos mucho para elegir,así que,nuestro refugio era mi habitación,que decoramos con mis dos amigas!Y nuestras largas horas de pelis super románticas, cuando creíamos en el príncipe azul!Aun nos juntamos a ver Dirty Dancing!
En unas escaleras de piedra que había en un pórtico diminuto, junto a la tienda de chucherías. Nos abastecíamos y pasábamos allí las horas, a la sombra en verano y resguardadas de la lluvia en invierno. Me reí allí más que muchos en una vida entera.
Con mis amigas me lo pasaba bien el cualquier lugar: si íbamos al cine, la liábamos y querían echarnos. Si quedábamos en alguna casa, era fiesta asegurada. Si nos tirábamos en el césped, los cotilleos y las risas no faltaban. Todo lo hacían especial.
Sin duda, en el parque que había enfrente del instituto donde estudié. Era nuestro lugar mágico, donde podíamos hablar de cualquier cosa sin ser escuchadas, donde nadie nos molestaba ni observaba. Esos ratos en los recreos, nunca los olvidaré.
En mi pueblo haciendo lo que queríamos cada verano y sin tener que preocuparnos de volver a casa hasta que se hacía de noche...
Barbara J. Zitwer es agente literaria. Se licenció en Columbia Film School y, antes de entrar en la industria editorial, produjo varias películas, entre las que se encuentra El beso del vampiro, protagonizada por Nicolas Cage. Fue coguionista de la obra Paper Doll, que trata sobre la vida de Jacqueline Susann, una conocida actriz estadounidense.
Actualmente vive en Nueva York con su marido y sus dos perros. Las sirenas del invierno es su primera novela.
Si El club de los viernes te emocionó, no puedes perderte Las sirenas del invierno.
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