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Carlos Piñeiro Iñiguez
Carlos Piñeiro Iñíguez ©Ariel Garcia
©Ariel Garcia

Carlos Piñeiro Iñiguez

«Tenía 11 años y escuché a West Montgomery en la vieja radio valvular. Ahí nació mi pasión por las guitarras y el jazz. Luego vino todo lo demás. Alguien, no recuerdo su nombre, sorprendido por mi vocación musical, me acercó un libro breve y cautivante, El perseguidor de Julio Cortázar, un homenaje al grande entre los grandes, Charlie Parker, y me dije yo también quiero escribir. Me aconsejaron leer mucho, hice caso y pasaron Carver, Steinbeck, Faulkner, Céline, Kerouac, Camus, Corso, Lowry, Chandler, Pound, Ferlinghetti, Burroughs, Jünger, Mishima, Kafka, Arlt, etc., con el secreto deseo de que algo quedara. La poética de las canciones de Jim Morrison, Patti Smith, Bob Dylan, Lou Reed, Nick Drake y la música de Ian Curtis, Tom Waits, Eric Clapton, Jeff Beck y muchos más me hacen sentir que una sombra radiante me cubre cada vez que los escucho. Siento una especial debilidad por las guitarras Gibson y los bajos Rickenbaker, y creo que deberían ser declarados patrimonio cultural de la humanidad. Aparte de ejercer lo que algunos llaman una profesión honorable, escribí varios libros sobre historia, sociología y filosofía política de los cuales estoy satisfecho y algunos amigos los aprecian especialmente. Varias décadas después puedo decir que logré algo en la música y también en la literatura. Sigo tratando de hacer canciones, escribiendo cuentos, novelas, poesía, y cuando algún amigo me invita al escenario a tocar con una banda de rock en cualquier lugar perdido, soy feliz.» carlospi2000@gmail.com

Los Gloster eran chacales

Los Gloster eran chacales

Carlos Piñeiro Iñiguez

Cuentos sobre marginales, desesperados y cautivos.

Sinopsis de Los Gloster eran chacales

En los cuentos de Carlos Piñeiro Iñíguez hasta las piedras hablan. Basta leer Cádiyac, que es el monólogo del auto que perteneció a Perón, para demostrar que los objetos inanimados, igual que los seres humanos, pueden hablar, llorar y vociferar. El autor explota este procedimiento de manera exasperante y magistral, creando excepcionales relatos y construyendo una parla fantástica entre el gorjeo y el chillido, una torre de Babel siempre a punto de derrumbarse por la tensión entre las voces. Luis Gusmán

Los relatos de Los Gloster eran chacales ponen negro sobre blanco la tragedia y la farsa, corren los velos de una sociedad que acostumbra a disimular la basura debajo de la alfombra, encarnando el malestar contemporáneo que puebla una sociedad fisurada desde tiempos inmemoriales. El infierno puede estar a la vuelta de la esquina; con un ritmo narrativo intenso, casi aeróbico, Carlos Piñeiro Iñíguez se hace cargo de esa inminencia, evitando los tiempos muertos porque apuesta por una literatura viva, lacerante, incómoda, de la que nadie saldrá indiferente. Rodolfo Edwards

La fiesta peronista, el crimen que la castiga, el “turbio fondea-dero” donde tumulta la desesperanza, la cariñosa sencillez de la pobreza y la crueldad de los que han quedado o decidieron vivir en los márgenes. Humor, tensión, denuncia y drama conviven en la prosa brillante de estos cuentos de Carlos Piñeiro Iñíguez, emotivamente enraizados en la vida contemporánea. Luis O. Tedesco