El que fuera el último dirigente de la Unión Soviética, el ruso Mijaíl Gorbachov (1931-2022), falleció el martes 30 de agosto a los 91 años en su casa de Moscú. Gorbachov, que fue responsable de poner fin a la Guerra Fría, ha muerto precisamente en el momento en que Rusia vuelve a estar enfrentada con Occidente. 

Su muerte llega también a pocos meses de la celebración del centenario de la fundación de la URSS por parte de Lenin en diciembre de 1922, cinco años después de la Revolución Bolchevique.

A pesar de ser una figura ampliamente reconocida a nivel internacional, Gorbachov sigue siendo un personaje controvertido en su país, pues los comunistas le consideran el responsable de la destrucción del Estado soviético al impulsar unas transformaciones que culminarían con la desintegración de la URSS. 

Entre las personalidades críticas con Gorbachov se incluye el actual presidente Vladimir Putin, cuyas ideas chocan con las del político fallecido. De hecho, el propio Gorbachov había denunciado el monopolio del poder político, la involución democrática, el control de las instituciones y el fraude electoral a manos del partido que lidera hoy en el Kremlin. 


La 'perestroika' y el 'glásnost'

Nacido en 1931 dentro de una familia de campesinos, Gorbachov se afilió de joven a las Juventudes Comunistas y se licenció en Derecho. Fue escalando posiciones dentro del partido hasta llegar a ser nombrado Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1985. 

En el poder, Gorbachov tuvo que lidiar con situaciones complejas. Una de ellas, la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. En este sentido, el político ruso fue clave para recuperar las relaciones con el presidente norteamericano del momento, Ronald Reagan, y evitar un conflicto armado a gran escala. Por esta razón, Gorbachov fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1990. 

Durante su mandato, Gorbachov impulsó también una serie de medidas para modernizar el país en un momento de gran crisis económica. Por un lado, el glásnost, o transparencia informativa, dio paso a lo que se llamó "Comunismo con rostro humano". Por otro lado, impulsó unas reformas políticas y económicas, la perestroika

Entre las acciones impulsadas por Gorbachov destaca la introducción de la propiedad privada; la celebración de elecciones democráticas; la libertad de expresión y de credo; la creación de un nuevo legislativo y la liberación de presos políticos. También la mejora de las relaciones con Occidente, la reducción del presupuesto de defensa, las negociaciones de reducción de armamento nuclear con Estados Unidos y la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán.

Pero todas estas reformas no tuvieron los resultados esperados, lo que tuvo como consecuencia un mayor desencanto de la población. Esta situación desembocaría en revueltas contra el partido comunista. 

Para comprender por qué las medidas no fueron efectivas y las consecuencias que tendría en los sucesos posteriores, os recomendamos el libro Historia de Rusia en el siglo XX, donde el profesor de historia de Rusia y ciencias  políticas Robert Service analiza las causas del fracaso de la perestroika y del hundimiento del sistema soviético.


El fin de la URSS

Las revueltas sociales contra el régimen comunista se irían extendiendo por todo el territorio soviético, culminando en la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989. Este hecho supuso el inicio del desmantelamiento de la URSS y el final político de Gorbachov, que dimitió en 1991.   

Con la disolución de la Unión Soviética nacieron 15 nuevos países que hasta ese momento habían formado parte de la federación y habían estado sometidos a las órdenes y directrices del Partido Comunista. En diciembre de 1991, tras la dimisión de Gorbachov, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron la disolución definitiva de la URSS.  

Tras Gorbachov, llegó al gobierno Boris Yeltsin, cuya reforma económica y privatización de recursos naturales, como el gas o el petróleo, dio pie al ascenso de los oligarcas, los multimillonarios rusos que todavía influyen directamente en la política del país. Este fue también el origen de la desigualdad y la pobreza que sigue afectando a millones de rusos a día de hoy.

Tras Yeltsin, el gobierno llegó a manos de Vladímir Putin, que ha alternado el cargo de presidente y primer ministro para mantenerse durante 20 años en el poder. Con la guerra de Ucrania, Putin estaría tratando de recuperar territorios fronterizos para recuperar la influencia de los tiempos de la URSS.  

Para poder comprender globalmente el impacto que la historia de los últimos 30 años de Rusia ha tenido en el mundo, nada mejor que leer La gran transición, en librerías a partir del próximo mes de octubre. En este libro, el periodista e historiador Rafael Poch recurre a su experiencia como corresponsal en la Europa del este y Moscú para relatar los cambios que ha sufrido Rusia desde la época soviética y la deriva de Rusia entre 1985 y 2002, que tantas implicaciones e incertidumbres han tenido para el mundo del siglo XXI.

Y si prefieres una visión diferente que trata de romper con algunos mitos y tópicos sobre el sistema soviético, no te pierdas El siglo soviético, del historiador Moshe Lewin, donde se reconstruyen, a partir de documentación de archivo, memorias y testimonios desconocidos hasta hoy, los hechos acaecidos a lo largo del siglo XX, entre ellos el mandato de Gorbachov y fin de la URSS.

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