Dice en su Twitter que es aprendiz de feminista. Apuesta por la sororidad, la coeducación y el arte. No sabemos cuál de les tres categorías es más revolucionaria o si la mezcla es la que convierte a los tres elementos en pura dinamita. Lo que sí sabemos es que Patricia Luján habla y habla claro, y su libro ¡Pechos fuera! es un auténtico manifiesto por la liberación femenina. 

Puede parecer anecdótico pero ¿por qué en redes sociales se prohibe la exhibición del pecho femenino y se permite sin problemas la de los hombres? Hay desigualdades en nuestra sociedad y Luján apuesta por señalarlas y diseccionarlas desde la raíz, además de encabezar proyectos como School of Feminism —te recomendamos echar un vistazo a sus redes sociales, el golpe de realidad es incuestionable. 

Seguiríamos con esta introducción pero... ¿Qué mejor que preguntarle a la protagonista? No te pierdas nada de lo que nos ha contado Patricia Luján en esta entrevista con motivo del Día de la Mujer. Y sí, le hemos preguntado "por qué dan tanto miedo nuestros tetas", que diría Rigoberta Bandini.⤵️


¿Qué fue antes, el pezón femenino o la censura en Instagram?

El pecho de la mujer ha sido sexualizado desde los albores de la historia, dependiendo de la percepción y el papel de la mujer en cada momento histórico.

Y así hasta llegar a 2014, cuando Lina Esco lanza el movimiento #freethenipple y millones de personas en todo el mundo se unen para denunciar la discriminación, desigualdad y sexualización de los pechos y pezones femeninos en las calles... y en las redes. Cabe recordar que actualmente casi dos tercios (65%) de la población mundial mayor de 13 años usa las redes
sociales.

Esto nos lleva a Instagram, plataforma nacida en 2010 y comprada por Facebook en 2012, y que hoy es “la red social de las imágenes” con más de 1.000 millones de personas usuarias activas cada mes. El 65% de usuarixs entran cada día. Cerca del 70% tiene menos de 34 años. Cada usuarix pasa de media unos 53 minutos al día en Instagram. 100 millones de fotos son
compartidas cada día.

Es en este entorno de creación del imaginario colectivo que los pezones femeninos están prohibidos. O se censuran y tapan de alguna manera. O son eliminados, cosa que no ocurre con los los pezones masculinos, que pueden mostrarse en las redes y fuera de ellas sin que a nadie le parezca escandaloso.

Nuestras tetas dan miedo cuando son libres y no están al servicio sexualizado de la mirada masculina. Asustan las tetas que dan de mamar, las que han pasado por un cáncer de mama o irrumpen en discursos políticos.

De esta manera más de 1.000 millones de personas ven representados los pezones de las mujeres en forma de emojis, garabatos o no como pezones. Y siendo la red social más utilizada por los menores de 30 años, si esta representación se consolida se perpetuará durante varias generaciones más.

Como dice Rigoberta Bandini en Ay mamá, que ha sonado muy fuerte durante el Benidorm Fest, «¿por qué dan tanto miedo nuestras tetas?»

¡Qué grande Rigoberta! Y qué lástima no haber podido amplificar su discurso a través de un festival seguido por millones de personas de diversos países y distintas edades como es Eurovision.

Nuestras tetas dan miedo cuando son libres y no están al servicio sexualizado de la mirada masculina. Asustan las tetas que dan de mamar, las que se muestran en las playas plácidamente al sol, las que han pasado por un cáncer de mama, las que están caídas o no son simétricas, las que irrumpen en discursos políticos como hacen las Femen... Los pechos femeninos son glándulas mamarias hipersexualizadas para el consumo masculino. Y si no tienen ese fin, molestan.

Pero no sólo nuestras tetas dan miedo. Cuando se habla en medios masivos de problemas que solo afectan a las mujeres por el hecho de ser mujeres, se abren muchos ojos (y también aparecen muchas resistencias). Ahí está el ejemplo de Rocío Carrasco hablando abiertamente sobre violencia de género en prime time (y todas las resistencias que han aparecido) o la
respuesta de Emma Thompson en la Berlinale ante las cámaras y micrófonos de todo el mundo afirmando: «A las mujeres nos han lavado el cerebro para que odiemos nuestros cuerpos».

Precisamente, el libro Pechos fuera, como dice la cubierta, es también un «manifiesto por la libertad de las tetas, mamas, senos...». ¿Nos puedes contar un poco más sobre él y sobre la importancia de hacer llegar a la gente textos como éste o el de la canción Ay mamá?

¡Pechos fuera! es un manifiesto por la libertad de todos los cuerpos y contra la censura de los pezones femeninos en Instagram o en cualquier otra red social. Es un alegato para acabar con la sexualización y cosificación de los cuerpos de las mujeres. Es una llamada a la acción. Queremos los mismos derechos que los hombres en las redes y fuera de ellas.

La censura de los pezones femeninos en redes como Instagram perpetúa estereotipos de género, desigualdad, discriminación y violencia contra nuestros cuerpos y por ende hacia nuestras personas.

Las redes sociales, con limitaciones arbitrarias como la referente a los pezones femeninos, amplifican las desigualdades que por razón de género, raza o estatus social vivimos en las calles. La censura de los pezones femeninos en redes como Instagram construye una representación discriminatoria y misógina en la conciencia colectiva que transmite, perpetúa, potencia y normaliza la cosificación de los cuerpos de las mujeres ante miles de millones de personas en todo el planeta.

En Pechos fuera hay un capítulo que se titula Cuándo un pecho se convierte en una teta. ¿Cuándo sucede eso? ¿Y por qué crees que se hipersexualiza el cuerpo femenino?

Es la male gaze (la mirada masculina), amiga. Es la mirada del que mira la que convierte los pechos de las niñas en tetas.

Es la mirada social, cultural y heteropatriarcalmente construida la que hará que los pechos de una niña pasen de ser una parte más de la anatomía humana a objetos de deseo del macho que cree que el cuerpo de lo que llamamos mujeres le pertenece.

Los medios, la publicidad, los videojuegos, internet y, en general, los productos culturales están dominados por lo que Laura Mulvey llamó el male gaze, una manera de representar a las mujeres como objetos de deseo para el placer del espectador masculino. Objetos que lo mismo te venden un desodorante que un coche. Cuerpos que adornan los guiones de las películas que vemos en el cine.

La censura de los pezones femeninos en redes como Instagram perpetúa estereotipos de género, desigualdad, discriminación y violencia contra nuestros cuerpos y por ende hacia nuestras personas.

Afortunadamente, cada día más se va abriendo paso a una Feminist Gaze. Una mirada del mundo más sostenible, más justa y más igualitaria. Una mirada de respeto, de redes, de comunidad, de nuevas propuestas, de nuevos paradigmas. Una mirada fluida para una realidad fluida, cambiante, líquida.

Las nuevas generaciones están sacudiendo fuerte las bases del sistema. No se callan. No hay miedo. Levantan sus voces, van tejiendo fuertes redes de apoyo con discursos muy claros sobre temas que deberían estar ya superados pero que necesitan ser revisados en nuestra sociedad. Nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, la menstruación, el consentimiento, el rechazo hacia todas las violencias que sufrimos cada día, los cuidados, la maternidad, la representación de nuestra
propia imagen, los estereotipos y roles de género... Todo está en revisión.

Tenemos que desaprender lo que nos han hecho aprender. Apoyar el pensamiento crítico. Eliminar la visión androcéntrica del mundo. La historia está escrita por hombres para los hombres. ¡Fíjate en la Wikipedia, solo el 13% de la biografías son de mujeres!

La Historia del Arte está llena de desnudos femeninos, con pinturas tan famosas como La libertad guiando al pueblo de Delacroix, que precisamente da inicio a uno de los capítulos de tu libro. Y sin embargo en 2022 molesta que una mujer amamante en público o que una teta gigante se coloque en un escenario musical. ¿Por qué esta censura?

La respuesta la cantan por todo el mundo miles de mujeres: «El patriarcado es un juez». El pecho femenino cada día molesta más y posiblemente molesta más porque cada día más mujeres sienten sus cuerpos como suyos. El heteropatriarcado tiembla. Si las mujeres dejan de poner su cuerpo al servicio del sistema manejado por y para hombres, si son libres de mostrar lo que les pertenece, si recuperan el control de sus cuerpos ¡¿qué será lo siguiente?! ¿Dejar de ser personas de segunda? ¿Poder decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos? ¿Acabar con todas las violencias que sufrimos por el simple hecho de ser mujeres? ¿Igualdad? Dar de mamar en público es un problema porque los pechos de las mujeres, incluso cuando dan de mamar, son sexualizados, lo que hace que muchas se vean obligadas a desafiar las convenciones sociales por sacar su pecho en un lugar que no sea la intimidad de su propio hogar.

Lo de siempre: el lugar de la mujer, su casa. El lugar de las mujeres, lo privado. El cuerpo de la mujer vinculado a la erotización exclusiva del hombre. El espacio público solo para pleno uso, goce y disfrute del macho.

Amamantar forma parte de la naturaleza humana. Normalizar la lactancia materna en lugares públicos ayudará a que los pechos femeninos se libren de estigmas. Demos de mamar donde nuestras criaturas quieran, hasta que ellas y nosotras queramos. Le moleste a quien le moleste. Y si alguien se siente incomodado, que mire hacia otro lado.

¿Cuáles crees que son los retos más apremiantes que tiene el feminismo actual?

El feminismo es un movimiento político y social que busca la igualdad de derechos de mujeres y hombres.

Además del importante trabajo teórico y filosófico de los diversos feminismos creo que uno de los retos es explicar y llevar el feminismo a la gente de la calle. Dar luz a los problemas que atraviesan a las mujeres de manera simple y llana para que la sociedad deje de normalizar las desigualdades, violencias e injusticias que por razón de sexo, raza y estatus social ocurren cada día aquí y en todo el mundo.

Deberíamos empezar a educar a nuestros hijos varones desde su más tierna infancia en la igualdad, en el respeto, en la empatía, en la no competencia, en la no violencia, en las emociones...

2022, van corriendo los años del siglo XXI. Es tiempo de que las mujeres ocupen los mismos espacios que los hombres, los mismos derechos y las mismas realidades.

La educación es la base de la sociedad. Y es que el problema del sexismo y de la violencia contra las mujeres es un problema de los hombres. Así que deberíamos empezar a educar a nuestros hijos varones desde su más tierna infancia en la igualdad, en el respeto, en la empatía, en la no competencia, en la no violencia, en las emociones... educar en valores feministas. Por eso en 2018 inicié el proyecto School of Feminism en la escuela de mi hija... pero esto ya os lo cuento otro día.

¡Pechos fuera!

Mamá, mamá, mamá
Por tantas mamamama... mamá
Todas las mamamama... mamá
Mamamamamamama... mamá
Vivan las mamamama... mamá

#LeemosYAvanzamos #ReescribirElMundo

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