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Usagi Yojimbo, el conejo samurai de Stan Sakai

Con una sencilla página de cuatro viñetas ambientada en un nevado paisaje campestre, ante la humilde cabaña en la que un conejo antropomórfico buscaba refugiarse para pasar la noche, empezaba hace 37 años la epopeya en el Japón feudal del ronin, samurái sin amo, Miyamoto Usagi, uno de los personajes más icónicos y perdurables del cómic independiente norteamericano y protagonista de la serie Usagi Yojimbo. Hay que decir que aquella relajada primera página no anticipaba lo que se encontraría todo aquel que permaneciera fiel a la serie del conejo samurái de largas orejas: katanas, comedia, tradición, aventuras, crímenes, compañerismo, ninjas, detectives, magia, traiciones, religión, drama, cazarrecompensas, combates, lealtad, seres sobrenaturales, venganza, homenajes al cine clásico de samuráis, muerte, mucha muerte e Historia (con mayúscula).

En las páginas de los magníficos tomos de Planeta Cómic (próximamente Los Ocultos, el siguiente tomo de la serie regular, y Usagi Yojimbo Saga Vol. 4), descubrimos la historia de Usagi, un samurái que pierde a su general y amo en batalla y decide convertirse en ronin al emprender el 'peregrinaje del guerrero' para mejorar como samurái y como individuo, una compleja senda personal que podría ser muy solitaria si no fuera por la enorme galería de personajes secundarios con los que nuestro héroe comparte andanzas y que siempre que pueden le echan una mano… o lo meten en mayores problemas. Personajes de las diferentes castas que formaban la sociedad de la época que además nos ayudan a tratar de entender mejor aquel momento concreto de la historia japonesa: Gen, cazarrecompensas y socio ocasional con el que compartir, o no, el dinero ganado atrapando criminales; Tomoe, guardaespaldas del jovencísimo Noriyuki, señor del clan Geishu, y tan diestra con la katana como el propio Usagi; el inspector Ishida, buen amigo e incomparable detective con secretos de proporciones  bíblicas; Kitsune, la ladrona que vive según la máxima de que "una chica ha de hacer todo lo que pueda para salir adelante" y que más de una vez le ha birlado la cartera hasta al propio Usagi; Lord Hikiji, principal adversario de nuestros héroes que prefiere mantenerse en las sombras; Katsuichi, el innovador sensei ermitaño, maestro en el manejo de la espada y ahora amigo de nuestro protagonista; Jei, el elegido de los dioses para ejecutar a los pecadores y recurrente rival de nuestros héroes; Jotaro, el nuevo alumno de Katsuichi con complicados vínculos familiares; Sasuké, el Somete Demonios, hechicero dedicado desde hace mucho a exterminar amenazas sobrenaturales; y Chizu, ex-líder de los ninja Neko ahora enfrentada a su clan y especialista en despedidas.

 ©Sharon SakaiCreado por Stan Sakai, dibujante estadounidense nacido en Japón que ha escrito, dibujado, entintado y rotulado, siempre de manera manual, los más de 250 números publicados desde entonces por cuatro editoriales diferentes en Estados Unidos (Fantagraphics, Mirage, Dark Horse e IDW Publishing) y siempre por Planeta en España. Gracias a esta serie, Sakai ha ganado todos los premios que se pueden recibir en esta industria (Eisner, Harvey, Inkpot, Haxtur…) y se ha convertido, por méritos propios, en uno de los maestros más apreciados, no solo en Norteamérica, sino en todo el planeta cómic, por su sobriedad narrativa, su reconocible estilo y una sencillez en lo personal que sorprende, y enamora, a todo el mundo.

El personaje también ha aparecido en merchandising diverso (figuras articuladas, camisetas, etc.) y para ampliar la presencia audiovisual del personaje, después de haber aparecido brevemente como invitado en otras series animadas, como en la de Teenage Mutant Ninja Turtles, muy pronto será la inspiración de una serie de animación de Netflix protagonizada por sus descendientes. Como puede ver cualquiera que se acerque a ella, esta serie es algo fuera de lo común. Usagi Yojimbo es épica, es un culebrón, es una gran aventura y es Historia de los Cómics (ambas con mayúscula).

Busca a Usagi. Atrévete a serle fiel. No te arrepentirás.

Un artículo de Nacho Bentz.,

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