PlanetadeLibros

Atisbos de un mundo perdido: los Cuentos inconclusos

Por Martin Simonson (traductor de Tolkien)

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Cuentos-Inconclusos-Tolkien-0009-1024x1024.jpg

En 2020, los Cuentos inconclusos, una de las piezas fundamentales del legendarium de Tolkien, cumple cuarenta años. Cuando se publicó por primera vez, en octubre de 1980, el libro sirvió de puente entre los relatos recogidos en El Silmarillion y la obra magna de Tolkien, El Señor de los Anillos, ya que aún no se había publicado el primer volumen de la Historia de la Tierra Media. Los Cuentos inconclusos, que abarcan desde la Primera hasta la Tercera Edad y transcurren en Beleriand, Númenor y la Tierra Media, incluyen versiones importantes de La caída de Gondolin y Los hijos de Húrin, así como relatos y descripciones de Númenor, antes de situar al lector en la Tercera Edad. Aquí, Tolkien ofrece más atisbos de aquellas historias digresivas (o meramente insinuadas) que por falta de espacio no pudo desarrollar ni en El Señor de los Anillos ni en los correspondientes Apéndices.

Tal y como explica Christopher Tolkien en su introducción, con esta colección quiso satisfacer los deseos de los muchos lectores que habían pedido más información sobre la Tierra Media y sus diferentes edades. También supuso una oportunidad de ir completando el gran tapiz que Tolkien padre había empezado a tejer muchos años atrás.

El carácter de los Cuentos es variado. Hay ensayos, genealogías, crónicas históricas, descripciones de la geografía de Númenor y de la organización militar de los Jinetes de la Marca, pero sobre todo relatos narrativos de gran calidad e interés. Este compendio de textos de diferentes épocas, supuestamente redactados por diferentes manos, confiere precisamente aquella autenticidad pseudo-histórica que Tolkien quería imprimir en su legendarium. Como tal, el libro quizá sea el más representativo de la visión mitopoética del Profesor, y —a pesar de los comentarios y las notas— resulta bastante más sucinto y accesible que los doce volúmenes de la Historia de la Tierra Media.

Cuando los Cuentos fueron publicados en 1980, nadie estaba acostumbrado a este tipo de compendios ficticios, y algunos críticos consideraban que el libro solo era para los fans más empedernidos. Frederick Buechner en The New York Times lo describió como “un libro para […] el adicto, quien indudablemente disfrutará con la gran riqueza de detalles e información que proporciona”, mientras que Paul Piazza del Washington Post resaltaba su originalidad, diciendo que se trataba de “un conjunto de fragmentos brillantes que destellan […] en espléndido aislamiento”. Sin embargo, desde entonces hemos aprendido mucho más acerca de la Tierra Media, y el tiempo ha demostrado que el atractivo del legendarium trasciende la idea de relatos terminados. De hecho, uno de los mayores atractivos de la literatura de Tolkien es precisamente su capacidad de evocar mundos antiguos, escenas del pasado, con atisbos y fragmentos de historias inconclusas —que luego siguen actuando y estimulando la imaginación de multitud de lectores y artistas. Un atractivo añadido de esta colección es que contiene el único relato en que Tolkien traza el desarrollo de un matrimonio, con sus luces y sus sombras. Desde mi punto de vista, la historia de Aldarion y Erendis, pese a su carácter inacabado, merece una mención especial entre los relatos más singulares de Tolkien.

La presente edición aniversario, que contiene dos mapas y 18 ilustraciones a color de los “tres grandes” ilustradores de Tolkien —Alan Lee, John Howe y Ted Nasmith— constituye el mejor envoltorio imaginable para estos hermosos cuentos. Personalmente destacaría los paisajes de Nasmith, en especial “Los magos azules viajan al este”; las composiciones orgánicas de Lee (“Un encuentro casual” es una delicia), y el portentoso dramatismo de Howe, cuyo mejor ejemplo en este libro es, para mí, “La búsqueda del anillo”, una impresionante ilustración que figura en la contraportada de la sobrecubierta y que está destinada a convertirse en una de las imágenes clásicas de la Tierra Media. En otras palabras, el libro es un homenaje a Tolkien en toda regla, el colofón de cuarenta años de ediciones. Sin embargo, no es un final: de la misma manera que el legendarium de Tolkien sigue inspirando a millones de lectores, fans y artistas, la austera belleza de los Cuentos inconclusos nos recuerda que lo inacabado es una puerta abierta a los sueños; una invitación a traspasar el umbral de nuestro mundo y seguir el viaje hacia nuevos horizontes.

Valora este artículo