Nos encontramos en la librería Byron para hablar de Heartstopper. Pero no sólo. De hecho es nuestra excusa perfecta para hablar de todo lo que rodea a estos dos chicos en la ficción y de los retos que vive el colectivo fuera de la pantalla. En el mes del Orgullo nos sentamos junto a Noemí López Trujillo, Javier Giner y Nahir Gutiérrez para hablar de inclusión, respeto y de cómo nos hubiera gustado a muchos contar con referentes como Nick y Charlie cuando éramos adolescentes. 

Noemí López Trujillo es reportera, feminista, «femme bi» como ella misma se define y una de las galardonadas con el Premios Triángulo 2022 que entrega el colectivo LGTBIQ+ de Madrid. Javier Giner es director, guionista y escritor, y si queréis saber más sobre su viaje personal podéis leerle en Yo, adicto, un relato sobre adicción y recuperación. Los dos forman parte del colectivo y nos hablan hoy de todas las dudas y obstáculos que lo atraviesan, pero sin olvidar las zonas de luz. Abre el debate Nahir Gutiérrez, Coordinadora de Comunicación de División Editorial en Grupo Planeta: ¿hay mucha soledad en el colectivo? ⤵️


"Heartstopper es como el cuento de hadas que nos faltó"

Javier Giner responde de forma tajante: «Solo te sientes siempre. Es algo que acompaña al ser humano. La gran pregunta es cuándo deja de doler. [...] Heartstopper tiene la virtud de que se habla de un descubrimiento de la propia identidad de una forma luminosa, y es una diferencia fundamental». Según comenta el autor, cada vez hay más relatos sobre la experiencia del colectivo pero los que marcaron a su generación se caracterizaban por tener finales muy oscuros, dramáticos: «Los personajes LGTBI sufrían mucho, por no hablar de ficciones moralizantes donde eran castigados. Yo crecí con la sensación de que ser LGTBI igualaba al hecho de sufrir y de tener un final complicado en la ficción. Y aunque Heartstopper no deja de lado el bullying o la confusión, es como el cuento de hadas que nos faltó».

Algo en lo que está de acuerdo Noemí López Trujillo, quien no percibió hasta más tarde esa oscuridad que rodeaba a los personajes del colectivo y el destino que les esperaba en la ficción, que era o vivir un final tráfico o ser el alivio cómico de la historia, como cuando se malgenerizaba al padre (después madre) de Chandler Bing en Friends, quien comenta Noemí que fue uno de los primeros referentes de una persona trans en la pantalla. Y añade: «Yo que soy bi, a falta de una cultura que se preocupase de forma diversa por el colectivo LGTBI, me acogía al subtexto. Es como la cultura vampírica, que es muy queer. O como Xena la princesa guerrera. Yo pensaba: ‘quiero que me coja en brazos Hércules y luego Xena’. Y en Heartstopper me gusta que es de las pocas veces que no nos roban al personaje bisexual, es muy guay ver cómo recorre ese camino de no saber quién es, y poder experimentar con la fase. Porque en el colectivo LGTBI hemos tenido que defendernos mucho y acuñar frases como ‘he nacido así, no es una fase’. Pero tenemos todo el derecho a experimentar y a que sea una fase, y nuestra identidad no tiene por qué ser estable en todo momento. Creo que Heartstopper en ese sentido aporta bastante luz».

Javier Giner va un paso más allá y reafirma lo que en su momento dijo el diputado británico Luke Pollard: que series como esta salvan vidas. Como él explica, «hay jóvenes en sus casas que no sabemos qué procesos viven, cómo están... que se dan cuenta de que son distintos al resto y eso produce dolor. Y están sufriendo por algo que otras muchas personas a su alrededor ni se plantean. En mi generación no había referentes y cuando te dabas cuenta de que te pasaba algo que no le sucedía al resto, implicaba mucha valentía reconocerse como uno era. Por eso es importante que haya relatos para esas personas, para que sepan que hay personas como ellos. Y que merecen vivir historias de amor y ser felices».

Algo que apostilla Bob Pop, el tercer invitado de hoy y que se ha tenido que ausentar por motivos personales, pero aún así ha querido aportar su visión de forma telemática. El creador y protagonista de la serie Maricón perdido, inspirada en su propia vida, comentaba el debate y decía que «lo bueno de la historia de Heartstopper es que les da la oportunidad de experimentar el desamor (no sólo el amor) siendo adolescentes».

Porque como respaldan Giner y López, en el colectivo es muy habitual vivir adolescencias tardías. Las dudas y los miedos, el pánico a la reacción del entorno y la dificultad de aceptarse uno mismo... hacen que muchos miembros del colectivo no empiecen a tener experiencias sexoafectivas (y los primeros desengaños) hasta mucho más tarde de lo que lo hacen sus compañeros heterosexuales. O como lo resume Giner: «mientras los demás estaban viviendo nosotros estábamos cagados de miedo en el armario». Algo que corroboran muchos jóvenes que en redes sociales comparten su entusiasmo por la serie de libros de Alice Oseman, adaptados con gran éxito por Netflix, y que se ha convertido en todo un fenómeno social


El colectivo y el derecho a la disidencia 

De igual forma que los invitados comentan lo importante que es contar con referentes y ver su identidad representada con normalidad en la ficción, también destacan lo importante que resulta reinvindicar al gay o la lesbiana imperfectos. Lo explica Noemí López: «La representación del colectivo sólo es tolerada si nos asimilamos a la heteronorma, a la familia como institución, como en la escena del beso que sale en Lightyear... o si no, somos vistos como viciosos, promiscuos, sórdidos, que nos movemos en el mundo del BDSM, y tiene que haber un espacio intermedio en el que podamos interactuar». 

Giner cita a colación lo que él denomina la figura del "gay amable", entendida como esa persona gay (y que por tanto escapa a la heteronorma) pero que no molesta, que no destaca, que viste de forma corriente y que tiene solo una pareja. A lo que Noemí López añade: «parece que somos seres de luz que todo lo hacemos bien. Y esa tampoco es la realidad. En el feminismo lo tenemos más trabajado y tenemos claro que al ser víctima de violencia machista no tienes que ser 'la buena víctima', la buena chica. Hay muchas realidades y la vida es muy compleja. Y eso no hace que el ataque que hayas sufrido sea legítimo. Sin embargo si ves lo de Bilbao parece que al estar siempre en discotecas y en Grindr hay una causalidad». 

Al hilo de la identidad y el estilo de vida, Javier Giner comenta: «Es que no se trata de a quién amas o cómo amas, si no de quién eres. Yo ahora mismo no tengo pareja romántica pero sigo siendo igual de maricón. Y es muy clásico que el maricón promiscuo acabe con VIH, drogas, asesinado… y conozco a muchos maricones que tienen una vida promiscua y son felices y sanos y tienen un trabajo. Y transexuales que no son graciosas ni son prostitutas. No todos somos iguales. Esta etiqueta uniformadora no es la misma para todos. Dentro de las propias experiencias LGTBI hay una tremenda variedad de sensibilidades y vivencias. Hay que aplaudir representaciones como Heartstopper pero aún hay mucho por representar».  Noemí López confirma la experiencia, afirmando que tiene la sensación de que les ven de forma monolítica, como si tuvieran mente de colmena. 

Nuestros invitados han profundizado en el tema y han hablado también de patriarcado dentro del propio colectivo, de violencias silenciadas, del papel de los productos culturales en la educación de los individuos o de cómo ser gay, bi, asexual o lesbiana no conforma el 100% de su identidad. Así que si no te quieres perder nada de este enriquecedor debate, te recomendamos que recuperes la charla al completo en nuestras redes sociales y canal de YouTube. ❤️

#LeemosYAvanzamos #LeemosConOrgullo

Valora este artículo