Traducir parece que produce movimientos en la serotonina: es un nunca parar de arreglar la obra, en enfrentamientos compulsivos con la perfección. Sin llegar a la patología, es un gran síntoma de vocación y del futuro prometedor que puede tener el oficio. Sumergirse en quinientas páginas de otro idioma es un vicio apto para pocos. Muchos menos son los que las trasladan a nuestra lengua. Aunque de otra forma serían cuatro gatos los conocedores de Tólstoi, Murakami o Baudelaire. En pocas palabras, la literatura universal y sus lectores alrededor del globo y de las décadas le deben muchísimo al oficio de traductor.

En nuestra labor de reconocimiento, proponemos 5 libros para traductores y traductoras. Un cojín de reposo en el conocimiento. Porque enfrentarse solo a un texto es subir al Everest y bajarlo a la pata coja. A continuación te presentamos nuestra selección para que, al menos, estos libros te sirvan de guía en tan épica escalada.

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En primer lugar, Un pez en la higuera. Un libro de David Bellos que repasa, de forma amena y pedagógica, la historia de la traducción. Porque las sociedades no siempre han podido entender las palabras de sus vecinos, y la comunicación, lo sabemos, es un elemento clave. De cómo hemos logrado salir de esta y otras preguntas nos habla David. La interacción entre lenguajes es, al fin y al cabo, nuestra propia interacción. Y apostamos a que mucho de lo que Bellos nos descubre en este libro te va a sorprender. No te quedes con la curiosidad y adéntrate en esta historia de historias.       


2

En segundo lugar nos encontramos con Javier Calvo, y su El fantasma en el libro. Este reconocido traductor de nuestro país nos habla sobre el oficio, su presencia y su invisibilidad. Un ensayo para dar voz al eco que representa la traducción de cualquier obra. Ya sea literaria, cinematográfica o de cualquier otro tipo. La globalización ha hecho presente este oficio en nuestro día a día. Aunque hay una profunda trastienda. Y junto a Javier Calvo vamos a descubrir todos sus secretos. 

     


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Para cuestiones más técnicas, recomendamos el Libro de estilo de la lengua española. Una obra que presenta una panorámica de la evolución gramática, ortográfica y léxica del español. Una forma de acercarse a la normativa de la lengua viva, la que forman los hablantes y se consolida —caducifoliamente— en las instituciones. Un libro que ya podemos encontrar en nuestras librerías y que pone especial atención a la normativa del formato digital, algo esencial si queremos que la corrección de nuestros textos no se quede coja e incorpore todo lo que está pasando en internet y redes, que no es poco. Al fin y al cabo vivimos en la Era de la Información, ¿no? 

                    


4

En la misma línea, recomendamos el Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco. Es una obra de referencia imprescindible para cualquier hablante y, con más motivo, para los traductores. En sus páginas encontraréis la manera de resolver esas pequeñas dudas que nos surgen en el día a día, cuando dudamos entre una preposición y otra para formar una expresión idiomática, o cuando nos damos de bruces con una palabra que no hemos oído jamás pese a que el castellano sea nuestra lengua nativa... porque no todo lo sabe Internet. Ésta es una clara invitación a la reflexión del lenguaje y una herramienta excepcional que vas a agradecer tener cuando te enfrentes a nuevos textos.

    


5

Por último te presentamos Perdón imposible de José Antonio Millán González, una obra que indaga en uno de los aspectos más interesantes de la escritura: la puntuación. Porque una coma puede cambiar por completo el significado de una frase y no son pocas las dudas que nos asaltan en ocasiones sobre cómo puntuar correctamente. ¿Hasta dónde llega la norma? ¿Qué licencias de estilo personal nos podemos tomar? ¿Con qué intención puntuó un texto su autor original, si al traducir nos parece que es un uso incorrecto? Millán González propone una guía amena para encontrar la puntuación de cada uno, a nuestra manera, pero basándose en una normativa que existe desde hace muchos años. Resumiendo, tus dudas se van a esfumar de un plumazo. 


Con todas estas lecturas nos queda claro que el oficio de traductor es un oficio de matices, casi de orfebrería de la palabra. Por ello queremos reconocer desde aquí su labor esencial para que el conocimiento se difunda y para que la literatura nos haga felices allá donde quiera que vivamos, en el idioma que hablemos. ♥️

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