
Cuando una de sus entrevistas se hizo viral, explica que ni tan siquiera tenía Instagram, y que ella todavía usa el papel y no el ordenador en su consulta porque memoriza mucho mejor aquello que escribe. Con todo, hoy la doctora Marian Rojas Estapé (Madrid, 1983) es un fenómeno en las redes sociales gracias a sus vídeos, en los que acerca, de una forma científica, aunque divulgativa y asequible, la complejidad de la psique humana. Con la misma intención de ofrecer claves que nos ayuden a entendernos, la experta ha publicado tres libros que han sido un éxito editorial rotundo: Como hacer que te pasen cosas buenas (2018), Encuentra tu persona vitamina (2021) y Recupera tu mente, reconquista tu vida (2024).
Hoy recuperamos la entrevista de nuestro podcast ¿Te quedas a leer? con la doctora Marian Rojas para conocer más en detalle qué le impulsa a escribir, qué consejos nos da para superar nuestros miedos o cómo se vive el éxito cultivado tras sus tres publicaciones. No te pierdas sus respuestas. ⤵️
Cómo hacer que te pasen cosas buenas (Edición especial)
Entiende tu cerebro, gestiona tus emociones, mejora tu vida
No me quejo porque me dedico a algo, la salud mental, de lo que hoy en día se necesita hablar sin conceptos extraños, sin que te sientas juzgado, sino comprendido, para que así pueda aliviarte. Y que tanta gente sepa de mí lo vivo disociado, como si hubiera dos Marian: una que vendiera libros y otra que es madre de familia y una médica dedicada a sus pacientes. Cuando hablan de mis libros, pienso que es otra persona, a la que quiero mucho, que es buena gente, pero que no soy yo...
Así es. Todo comenzó porque me fui a Camboya y empecé a sacar a niñas del terrible mundo de la prostitución. Aquella experiencia me marcó tan profundamente que comencé a dar conferencias sobre lo que había vivido. Aquellas charlas las terminaba dando siete claves para gestionar mejor las emociones. Al acabar cada conferencia, dejaba mi correo electrónico y siempre me llegaban mensajes de personas que me explicaban que habían sufrido abusos. Por ello empecé a hablar de los síntomas psicológicos y físicos que acarrean los abusos, y me di cuenta de que había todo un tabú alrededor de este tema. De ahí surgió el libro Cómo hacer que te pasen cosas buenas (Espasa, 2018). Ocurrió que una de las entrevistas se viralizó. ¡Y yo no tenía ni Instagram!
Sí, relacionado con ello hablo de una sustancia maravillosa, la dopamina, que se encarga del placer y nos ayuda a disfrutar de la vida. Pero la dopamina tiene el problema de que nos engancha y nos puede llevar a comportamientos que nos perjudican y a sacar la peor versión de nosotros mismos. También hablo de una zona del cerebro, la corteza prefrontal, que contribuye a que prestemos atención, a que nos concentremos; nos ayuda a conectar con la realidad.
Digamos que hoy lo que mueve el mundo es la capacidad de mantener la atención del usuario el mayor tiempo posible ante su teléfono móvil. En este sentido, en el libro cuento cómo surgió el mundo digital, que es importantísimo para entender que existe un diseño, una planificación que hace que sintamos ese “enganche”. Y pongo como ejemplo la pornografía, detrás de la que hay una maquinaria inmensa que busca secuestrar nuestros instintos. También hablo de las rutinas vitamínicas, que nos ayudarán a tener la sensación de que controlamos de nuevo nuestro tiempo, ya que en la actualidad muchas personas piensan que han perdido ese control, puesto que existe algo por encima de nosotros que nos hace vivir pegados a lo que no queremos, de modo que al final del día, del mes..., nos sentimos tristes, irritables, impacientes, insatisfechos y con una sensación de vacío.
Lo que ocurre es que el chico que disocia el sexo del amor porque ve ese tipo de porno aprende que la sexualidad es completamente egoísta, basada solo en lo que a mí me apetece y en cómo me apetece. Entonces, cuando más adelante quiera encuadrar el sexo en el amor, no sabrá hacerlo. De hecho, mucha gente viene a mi consulta y me dice: “Yo no sé hacer el amor”. También recibo a padres que me comentan: “Mi hijo o mi hija no duerme porque ha visto una imagen determinada y se le viene a la cabeza por la noche”. Tampoco debemos olvidar que el porno es hoy una de las primeras causas de las crisis de pareja. Además, todos tenemos lo que se llaman “neuronas espejo”.
A que todos, pero sobre todo ocurre con los adolescentes, tendemos a replicar aquello que vemos. Si tú observas que tu padre lee, por ejemplo, tú vas a leer. En el caso de un chico que no ve porno, lo normal es que cuando empieza a activarse sexualmente lo que le apetezca es darle un beso a una chica, tocarla..., pero no hacer esa barbaridad que se ve en la pornografía. En cambio, si la consume, se acostumbrará a otra cosa. En el fondo, no debemos olvidar que la sociedad fomenta aquello que luego condena. Es decir, estamos permitiendo que esos jóvenes se nutran de un porno determinado... y luego nos sorprende lo que vemos en la calle.
Sí, y en algunos casos, eso es especialmente grave. Pongamos el ejemplo de las chicas que buscan en Internet cómo estar más delgadas. Lo que sucede es que llega un momento en el que los vídeos que se les sugerirán en la Red y todo, en general, lo que encontrarán en Internet les va a hablar de comida. Se ha visto que los algoritmos contribuyen a que te vayas polarizando hacia aquellos temas sobre los que buscas, ya sean políticos, sociales, religiosos, éticos o alimentarios... En cuanto a los trastornos de la alimentación, por ejemplo, hemos vuelto al pico de problemas que teníamos hace unos años.
Así es. Recuerdo que hace un tiempo hablé con una chica influencer monísima. En Internet la había visto extremadamente delgada y, al conocerla en persona, no me dio la impresión de que fuera así. Entonces me dijo que era porque utilizaba un filtro. Yo le comenté: “¿Pero te das cuenta de la cantidad de gente que te sigue como para hacer eso?”. Y me dijo: “Claro, pero es que me siguen más si salgo más delgada”...
Durante mucho tiempo seguí atendiendo a todo el mundo que me lo pedía. Pero comenzó la pandemia y por circunstancias personales fue una época muy complicada para mí. Llegó un momento, con cuatro hijos pequeños, en el que me di cuenta de que era imposible llegar a todo. Me costó, pero tuve que aprender a decir que no. Entonces realicé un ejercicio que me fue muy útil: cogí un folio gigante y apunté todo aquello que ocupaba mi vida, desde mi marido hasta mis hijos, mi familia, mi familia política, mis estudios, la investigación, escribir, la divulgación, los viajes... Y comencé a renunciar a aquello que ya no podía hacer.
Dejé mucho la investigación; ya no viajo casi nada, siempre duermo en casa; no hago apenas entrevistas... ¿Y
qué mantuve? Pues la consulta, por ejemplo, porque me encanta bucear en los entresijos de las historias personales. Yo, en la consulta, ayudo a los pacientes a entenderse, a decir: “Tú eres así porque esta es tu historia”. Entonces hay heridas que se pueden desactivar. Pero, en todo
caso, comprender por qué eres de una forma determinada te aliviará. Lo que te frustra es no saber por qué eres como eres.
Trabajo en la consulta de martes a viernes y, desde hace un año, dejo los lunes para escribir. Lo hago siempre con música clásica. Tengo una playlist que incluye desde a
Yiruma, un pianista coreano, hasta la banda sonora de Puy du Fou, que me fascina. En los capítulos más complicados siempre he de tener esa música de fondo. Y otra manía es que, para escribir, me pongo en un sitio de mi casa donde sé que, durante unas dos horas, me tocará un rayo de sol. Otra cosa que ocurre los lunes, mientras escribo, es que siempre vienen a traerme la compra. El repartidor ya me conoce. Le ofrezco una botella de agua y el otro día hasta le pregunté: “Pero ¿eres feliz?”. Me dijo que no se lo habían preguntado nunca. Yo soy una persona extremadamente oxitocínica...
La oxitocina no es la hormona de la felicidad, que es más la serotonina, pero sí que es la del apego, la confianza, la amistad, aquella que se activa, por ejemplo, en el parto y en el postparto, de la madre con el bebé o cuando quedas con un amigo y te lo estás pasando en grande en un concierto, por ejemplo. Para generar esa hormona en los demás, pero no parecer intrusivo con ellos, primero hay que conocer a la persona que tenemos delante. Entrar poco a poco, observar, memorizar su nombre, por ejemplo, y luego podemos empezar a interesarnos por su vida, pero de manera ‘suave’ y, si la gente lo permite, ir “entrando” cada vez un poquito más. La gente agradece que te acuerdes de ellos, que te preocupes por sus problemas o les preguntes sobre las cosas que les pasan.
Marian Rojas ha sido una de las invitadas de la primera temporada de ¿Te quedas a leer?, el pódcast de PlanetadeLibros en colaboración con El Terrat. En cada episodio, Bárbara Goenaga y Esti Gabilondo invitan al estudio a autores del momento para charlar sobre sus libros y lecturas, hacer un poco de “salseo” literario y pasar un rato agradable con mucho, muchísimo humor. Esta entrevista resume los mejores momentos del episodio, que podéis recuperar en nuestro canal de Youtube:
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Comentarios y valoraciones sobre el artículo: “Escribo siempre con música clásica y buscando un rayo de sol”
Lector-18/09/2024
Tengo varios libros suyos
