Luciana Olivares

A Luciana hay que conocerla por capas, como leyenda a una cebolla. En la superficie hay una chica, entre rojo y violeta, como quinceañera. De esas con blondas, tacos inmensos y aspecto delicado, que podrían hacer pensar en esas chicas que usan su feminidad como las Mata Mari. Pero no nos equivoquemos en la siguiente capa encontraremos un color más rosa, el de una mamá que con frecuencia te va a hablar de su hija y de lo importante que es para ella ser la mejor compañera posible. Y en esa capa también se encuentran sus libros de cuentos para niños sobre la familia Chanchín y los invasores verdes. Si seguimos leyendo capas, nos toparemos con una parte más blanca y racional, la de quien estudió marketing en Lima y en Berlín, la que escribe crónicas y ensayos muy maduros y críticos en Gestión, y la que publicó esos libros con nombres sugestivos, como Trío y Terapia de pareja, que pican como cebollas fuertes. Y al fondo encontraremos a esa ejecutiva fuerte, verde como policía dirán algunos, capaz de tomar decisiones fuertes sin inmutarse, como sé que lo ha hecho en el BBVA y Latina. Y de lo poco que la conozco aún, creo ver, en todas esas capas, un rasgo común, una intensidad que quizás guste a algunos más que a otros, pero que difícilmente pasará desapercibida.

Retrato de  Luciana Olivares
Bibliografía

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