Describe un solo día, con sus cuitas y padecimientos, no es necesario más, de un campo de trabajo estalinista.
"Había transcurrido el día sin que nada lo enturbiase, un día casi feliz",
esta frase es la llave maestra que desbloquea el significado del libro.
Uno espera encontrar gran dureza, y desde luego no le falta, pero lo destacable es como la transmite sin recrearse ni en la crueldad ni en hechos especialmente luctuosos, le basta con describir lo que acontece desde que el protagonista se levanta hasta que se duerme, con un lenguaje directo, espontáneo, con un estilo desgarrado, salpicado de expresiones propias del argot presidiario, abundantes referencias sensoriales que te hacen sentir un frío y un hambre que te mueres y, lo mejor, con mucho humor; sí, aunque parezca chocante entre tanto horror.
Hay algo que caracteriza a la literatura rusa y es la falta de tremendismo, siempre se percibe un deje de resignación. Aunque por supuesto se habla, como a retazos, de las larguísimas jornadas de trabajo, los castigos, la procedencia de los prisioneros, las jerarquías y de forma obsesiva, obviamente, de la comida y el frío. Anecdotas en las que subyace un crítica velada al sistema para lo cual el lector, como Denisovich, tiene que estar alerta.
El campo es como un microcosmos de los tipos sociales propios de la época, y de un país de pasado imprevisible. A pinceladas precisas nos da a conocer a cada uno y sus relaciones, que oscilan desde el individualismo hasta la actitud más colaborativa, con la conciencia de que así ganan todos, pasando por cierta camaradería, entrañable dadas las duras circunstancias.
La sensación imperante es la rutina, el agotamiento, estar en jaque continuo, la abulia, el miedo y el chocante entusiasmo, el orgullo de hacer bien el trabajo obligado.
Gracias a su experiencia y desparpajo, Shújov se maneja muy bien en el campo, recuerda a las novelas picarescas, su máxima es pasar desapercibido, ser solícito y que todos le deban favores, ¡vaya, como una navajita suiza!
Su supervivencia trasciende lo físico: no es levantarse todos los días, es mantener, "de cabo a cabo" como la condena, la dignidad y la capacidad de encontrar pequeños momentos de alegría en las circunstancias más adversas.