Raymond Queneau
Le Havre , 21 de febrero de 1903
Le Havre , 25 de octubre de 1976
 ©Manuel Bidermanas, Akg-images, Album
©Manuel Bidermanas, Akg-images, Album

Raymond Queneau

Le Havre , 21 de febrero de 1903
Le Havre , 25 de octubre de 1976

Raymond Queneau nació en Le Havre el 21 de febrero de 1903 y murió el 25 de octubre de 1976. Fue uno de los escritores más originales y singulares de la literatura universal del siglo XX. Vinculado al grupo surrealista durante los años veinte, fue autor, a partir de Le Chiendent (1933), de una extensa producción narrativa y ensayística, entre la que cabe citar Un duro invierno (1939), Mi amigo Pierrot (1942), Siempre somos demasiado buenos con las mujeres (1947; Seix Barral, 1982, 2023), Ejercicios de estilo (1949), Bâtons, chiffres et lettres (1950), La alegría de la vida (1952), Zazie en el metro (1959, llevada al cine por Louis Malle en 1960) o Flores azules (1965, Seix Barral, 2007, 2023). Fue narrador, poeta, autor teatral, ensayista, cofundador del grupo de experimentación literaria Oulipo, autor de canciones, pintor, actor, guionista, traductor —dominaba dieciocho idiomas—, matemático, empleado de banca y, finalmente, editor en Gallimard, donde contribuyó a la creación de la mítica colección La Pléiade. Por su provocativa capacidad sarcástica y su poderío imaginativo, Queneau fue una figura aparte en la literatura francesa y en las literaturas europeas de nuestro tiempo: le pertenece, intangible, el espacio de los grandes inventores de la fabulación y la palabra.

 

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres

Raymond Queneau

La celebración del gran maestro de la imaginación y el juego literario, en el 120 aniversario de su nacimiento.

Sinopsis de Siempre somos demasiado buenos con las mujeres

«Un destacado cultivador de la inventiva humana […]. Hay un fondo lúcido, incluso paródico, en su obra que cuestiona la lógica general.» Fernando Aramburu

«Una novela desternillante y desvergonzada, que practica el humor en sus más diversas variantes: el negro y el verde, el absurdo y el grotesco…» Pablo Martín Sánchez

Publicada por primera vez en 1947, y atribuida entonces, como si correspondiera a una persona real, a la ficticia escritora irlandesa Sally Mara, Siempre somos demasiado buenos con las mujeres fue reeditada en 1971 como «novela de Sally Mara» firmada ya por Raymond Queneau, pero «traducida» por Michel Presle. Este juego de falsas cajas chinas da por sí solo una idea de la peculiarísima textura del libro.

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres se sitúa en la insurrección irlandesa de 1916 para erigir una creación divertida y grotesca a un tiempo que constituye, en última instancia, un apólogo moral contra la violencia, envuelto en una chirriante, apocalíptica y sorprendente maquinaria verbal. Siete irlandeses armados asaltan una estafeta de correos y, mientras resisten el sitio del ejército inglés, van cayendo uno a uno en las trampas seductoras de una joven que se escondió en el servicio durante el asalto.

Los muñecos de esa insurrección son de serrín y tinta, y las explosiones son sólo chasquidos de palabra y escritura: pero, entre líneas, nos habla la voz de un moralista, al tiempo que la de un juglar de la narración. Irreverente, corrosivo, capaz de acoger en su lúcida y severa mirada lo tierno e irrisorio de la vida, Raymond Queneau ha pasado a la historia por ser uno de los narradores más originales y singulares de la literatura universal.

«Un destacado cultivador de la inventiva humana […]. Hay un fondo lúcido, incluso paródico, en su obra que cuestiona la lógica general.» Fernando Aramburu

«Una novela desternillante y desvergonzada, que practica el humor en sus más diversas variantes: el negro y el verde, el absurdo y el grotesco…» Pablo Martín Sánchez

Publicada por primera vez en 1947, y atribuida entonces, como si correspondiera a una persona real, a la ficticia escritora irlandesa Sally Mara, Siempre somos demasiado buenos con las mujeres fue reeditada en 1971 como «novela de Sally Mara» firmada ya por Raymond Queneau, pero «traducida» por Michel Presle. Este juego de falsas cajas chinas da por sí solo una idea de la peculiarísima textura del libro.

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres se sitúa en la insurrección irlandesa de 1916 para erigir una creación divertida y grotesca a un tiempo que constituye, en última instancia, un apólogo moral contra la violencia, envuelto en una chirriante, apocalíptica y sorprendente maquinaria verbal. Siete irlandeses armados asaltan una estafeta de correos y, mientras resisten el sitio del ejército inglés, van cayendo uno a uno en las trampas seductoras de una joven que se escondió en el servicio durante el asalto.

Los muñecos de esa insurrección son de serrín y tinta, y las explosiones son sólo chasquidos de palabra y escritura: pero, entre líneas, nos habla la voz de un moralista, al tiempo que la de un juglar de la narración. Irreverente, corrosivo, capaz de acoger en su lúcida y severa mirada lo tierno e irrisorio de la vida, Raymond Queneau ha pasado a la historia por ser uno de los narradores más originales y singulares de la literatura universal.

Bibliografía de Raymond Queneau

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