Uno de los momentos que más nos marcan como personas es el paso de la adolescencia a la edad adulta. El llamado “coming of age”, un género que engloba muchísimas novelas y cómics, ha conseguido conectar con los lectores gracias a esa familiaridad, a la empatía que siente el lector al ver las dudas de los personajes. Panetta y Ganucheau han sabido representar a la perfección esa extraña época de altibajos y de ese reflejo nace Bloom, una novela gráfica pensada para todo tipo de lector.


Bloom es una historia dirigida y centrada en sus personajes y en la evolución de sus relaciones. El cómic nos presenta desde el principio a Aristóteles, Ari, un joven que quiere alejarse del pueblo e ir a vivir a la ciudad. Sin embargo, ahora que su hermana se ha casado, toda su familia le insta a quedarse para  ayudar en la panadería. Ari, dispuesto a construir su propia vida lejos del negocio familiar, decide encontrar a alguien que le sustituya. Ahí es donde entra Héctor, un joven que está estudiando panadería y repostería y que ha llegado a East Beach para vaciar la casa de su abuela, recién fallecida.
 

Bloom empieza con una imagen de una playa tranquila y solitaria. La fotografía perfecta para presentar el escenario de este cómic, por el que navegarán los dos personajes principales. Uno, Ari, solo sueña con irse de ese lugar tranquilo que tan bien conoce. El otro, Héctor, ve esa calma como un bálsamo para sosegar su corazón adolorido. Panetta y Ganucheau usan la repostería como hilo conductor para narrar su historia.

De esta manera, presenciamos como Ari y Héctor se conocen, se hacen amigos, se acercan el uno al otro. Es una historia cotidiana y personal y, a su vez, es un espejo a las dudas que muchos hemos sentido alguna vez. Dudas hacia el futuro, hacia los demás, hacia uno mismo. Esa cotidianidad alimenta la relación entre Ari y Héctor, que crece gracias a esos momentos compartidos. Los autores se aseguran de dejar respirar la historia, de pararla cuando es necesario. Y usan el pan y la cocina para acercarse a sus vidas. Cual fotógrafos, capturan esas escenas del día a día como momentos paralizados en el tiempo.

Todo esto salpimentado con el dibujo precioso de Ganucheau, que recuerda un poco al de Alice Oseman pero que tiene, a su vez, identidad propia. El azul monocromo que domina la página, casi turquesa, el juego con las páginas dobles, la viñetación original que deja hablar a los personajes… Ganucheau sabe qué teclas tocar para ensalzar la historia y dejar que sean los personajes y sus expresiones quienes la cuenten. 

La historia de Ari y Héctor es una historia de amor y evolución, pero no solo eso. Panetta y Ganucheau logran plasmar a la perfección esa necesidad de construir un futuro propio y las dudas que eso conlleva. Hay un momento en el que Ari confiesa que “ni siquiera sé qué me hace feliz. O si al menos sé cómo serlo”. Una frase que muchos lectores podrán comprender, sentir como suya.

No siempre es fácil descubrir qué camino seguir. A veces, no es posible hacerlo hasta la adultez. A veces, uno no lo descubre nunca. Pero como quieren mostrar los autores en Bloom, lo importante no es la destinación, sino el camino, y aquellos que nos acompañan hasta ahí.


Isa J. González. Escritora y divulgadora.


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