El arrogante de Isra Bravo dice que es su mejor libro, y no voy a ser yo quien lleve la contraria al mejor copywriter de habla hispana.
Y eso que el de Storytelling Salvaje es el libro que siempre recomiendo a mis alumnos.
Llevo siguiendo a Isra desde que lo conocí en 2020, y ver su evolución como escritor es todo un aprendizaje. Y que comparta su visión sobre mentalidad es todo un regalo.
Este libro te servirá tanto si llevas años como yo, y todavía tu mentalidad te la juega a veces, como si estás empezando. Te puede evitar mucho sufrimiento...
Hoy terminé de leerlo, pero estoy por empezarlo de nuevo. Hay mucha profundidad en lo que de una forma tan sencilla como amena nos cuenta.
Te será especialmente útil si eres una persona como yo, que tiene tendencia a enredarse, a complicarse la vida y a poner excusas para no pensar en grande. Si tú también estás en ese punto relee el capítulo 21 “Mete en tu cabeza que eres grande”. Las cosas importantes hay que repetirlas, como dice Isra.
Yo, por mi parte, ya tengo una lista de tareas para empezar a aplicar, para mí y para mis clientes.
Por ir terminando, creo que un buen resumen de este libro se encuentra en la página 173, cuando “Hablemos de la arrogancia” y “Hablemos de la humildad” se funden. No te hago spoiler porque quiero que tú llegues a tus conclusiones y que lo disfrutes leyendo.
Solo decirte que en la página siguiente lloré.
Más bien volví a llorar, ya me había impactado un email, audio o directo (ya ni sé, por que consumo todo como una adicta) en el que Isra nos compartía en primicia como, tras esta frase de Schopenhauer: "La riqueza material es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da”, había tomado una decisión vital que solo un arrogante como él podría tomar.
Me quito el sombrero por este tipo tranquilo que descargaba camiones, al que le gustaban las chicas de las fotocopias y dibujar penes.
Si tú también quieres crecer en mentalidad y en tu negocio, este es un gran libro.
Virginia Romera
(De las pocas que le quieren mucho)
P. D. Leer su epílogo (este sí leí dos veces, al principio y al final) claro que dolió, porque ver su “desesperación” me hizo recordar la mía hace 12 años, cuando lo veía todo negro y la única salida que vi fue la misma que Isra tomó: escribir.