«A veces la infelicidad necesita coartadas para mantener su pesadumbre». Una novela cruda, sincera y conmovedora que muchos desearían que solo fuera una ficción.
Se puede sobrevivir a la infancia, pero deberás pasar toda la vida intentando convivir con el dolor de esas heridas. Y, si no, que se lo pregunten a Tomás Yagüe, un hombre gay de cincuenta y dos años que no ha podido evitar...














