S.T. tiene la vida que cualquier cuervo doméstico desearía: convive con su dueño, Big Jim; disfruta del cariño de Dennis, un leal y tonto perro; ve documentales desde un cómodo sillón y, cuando se aburre, intercambia insultos con otros cuervos, pero sobre todo, disfruta de la mejor comida que la especie humana puede ofrecer: los Cheetos. Sin embargo, todo se viene abajo una apacible tarde...










