Todo comenzó como suelen empezar estas historias, con unas cervezas. Conocí a Ángel Sastre en 2016, meses después de que regresara a España tras su secuestro en Siria. Había seguido sus pasos y leído noticias sobre su cautiverio junto a los periodistas Antonio Pampliega y José Manuel López, por lo que cuando fue invitado a la Universidad de Málaga para dar una conferencia no dudé en presentarme. Y así, entre botellines surgió la propuesta: ¿y si contamos tus historias en cómic? 

Ángel no dudó ni un segundo. Había crecido leyendo Tintín, Corto Maltés y Conan, por lo que ser protagonista de un tebeo era un sueño hecho realidad. Tras buscar un dibujante y un equipo de animación, le presentamos el proyecto al diario ‘El País’, que aceptaron y publicaron en su suplemento dominical. Aquel primer trabajo, La batalla de Mosul, narraba su cobertura durante la ofensiva por recuperar la ciudad del Estado Islámico.

Pero supo a poco. Seguía habiendo muchas historias por contar y el cómic periodístico es un género en auge, aunque bastante hermético. Por norma general suele estar encasillado a que el propio periodista sea el autor total de la obra, manteniendo una estructura clásica o un trazo minimalista. Por ello, decidimos ir un paso más allá y proponer a Planeta Cómic un proyecto que contara varios reportajes de Ángel en Venezuela, uno de los países en los que más ha trabajado. David Hernando, director editorial, dio el visto bueno e inicié la creación del guion mientras revisábamos portafolios de posibles dibujantes.

Para su desarrollo, además de mantener una comunicación activa con Ángel, tomé como referencia sus textos y vídeos publicados, utilizando las revueltas estudiantiles de 2017 como excusa para contar lo que sucedía en el país. Sastre había estado varias veces allá, de hecho, tuvo una novia venezolana, Karina, a quien dedico un capítulo. Poco a poco fui estructurando la historia, con saltos temporales, que ayudaran al lector a entender por qué Venezuela ha sufrido tantas revueltas y cómo sobrevive en realidad su población. Al ser un cómic periodístico no hay lugar para la ficción y todo ha de ser verificado. Hasta el punto de que, si incluía un coche o un arma, buscaba referencias en la red sobre los más usuales en el país en aquella época, los que aparecían en documentales, etc.

Aun así, necesitaba algo más. Quería algo diferente, no cerrarme a crear un cómic periodístico similar a otros publicados. Deseaba que se diferenciara del resto. Y aquí es donde entró en juego Guillermo Fajardo, dibujante de la obra. Entre los perfiles que habíamos visto, su estilo era el más cercano al “cómic americano”, por lo que nos pareció interesante darle ese enfoque, para desmarcarnos de lo habitual. Fui trabajando junto a Fajardo enviándole los guiones de forma quincenal, y junto a ellos, referencias reales, ya fuera en vídeos o fotografías. Él me devolvía los bocetos, que yo repasaba y le retornaba retroalimentados, haciendo lo propio con las páginas finales.

Poco a poco, el cómic fue tomando forma. Viñetas con alusiones a obras de Frank Miller, al Conan de Truman y Giorello, o al ganador del World Press Photo 2018, Ronaldo Schemidt, iban completando las páginas. Pero en mi afán por hacerlo diferente del resto, por crear una amalgama que funcionara, quise incluir un estilo que siempre me llamó la atención, el que Emmanuel Guibert incorporó a su obra ‘El fotógrafo’: la unión de viñetas y fotografías de Didier Lefèvre. Y así, ‘Venezuela: Crónicas de Ángel Sastre’, se convirtió en una especie de monstruo de Frankenstein, compuesto de órganos de diferentes seres esperando funcionar. Pero le seguía faltando algo. Un rayo eléctrico que le insuflara vida.

Y este llegó de manos del colorista Juancho Vélez. Gracias a él, todo terminó fluyendo. Incluso cuando aceptó, sorprendido, la propuesta de utilizar el blanco y negro en gran parte de un capítulo. Además de una ayuda visual para entender que se trataba del pasado, era una alusión al ‘Sin City’ de Miller, donde el rojo pasión se abría paso por Caracas, una ciudad llena de pecados.

Así, en conjunto, logramos dar forma a esa idea inicial de una novela gráfica periodística cercana al cómic americano, con referencias a muchas obras y con imágenes que refuerzan la veracidad de lo que se narra. 

Da igual cuando leas ‘Venezuela: Crónicas de Ángel Sastre’, porque se trata de una historia que documenta el proceso de cambio que vivió el país. Tampoco hace falta que tengas conocimiento previo sobre su situación o protagonistas, ya que contamos, apoyándonos en datos y noticias, los principales hitos. Y, por último, no hace falta que te interese el periodismo, porque aquí encontrarás acción, drama y pasión. Eso sí, todo ello basado en hechos reales.

Pero si te interesa la historia, quieres conocer por qué los habitantes de uno de los países más ricos del mundo sufren tanta pobreza o eres un amante del periodismo, este es tu cómic. Mientras lees, Ángel y yo seguimos debatiendo entre cervezas la siguiente historia. 

Jon Sedano

Periodista, guionista, creador de la web especializada La Casa del El y miembro de la ACDCómic.


 

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