Pocos elementos narrativos son tan potentes en el terror como el aislamiento. Juntar a los personajes en un escenario del que no pueden escapar, obligados a compartir espacio con seres amenazantes... o con su propia oscuridad. The Thing o Alien son algunos de los ejemplos más brillantes y populares que pueden venirnos a la mente, y no es extraño que formen parte de la inspiración de Rich Douek y Alex Cormack, los creadores de la fantástica El mar de las penas.

Puede que esta pareja de autores no resulte tan conocida como las de otros grandes estrenos que desembarcan en nuestro país, pero que nadie se confunda: aquí hay talento puro. Es imposible pensar de otra manera tras leer La carretera de los huesos, la primera obra del equipo, una joya publicada en España en 2021. El mar de las penas es su segunda colaboración, una nueva miniserie publicada en EEUU por IDW Publishing con la que los autores vuelven a hacer más de lo mismo, pero en el mejor de los sentidos.

La historia nos lleva al periodo de entreguerras, hasta un recóndito punto del Atlántico en el que un grupo de marineros y mercenarios convive, a su pesar, a fin de hacerse con un botín suculento: un cargamento de oro perdido en el interior de un submarino alemán hundido durante la Primera Guerra Mundial. Pero por si las desconfianzas entre los cazatesoros no fueran suficientes para hacer peligrar su misión, un horror sin nombre comienza a cernirse desde la insondable negrura del mar.

De este modo arranca una obra poblada por las mismas señas y virtudes que su predecesora. Rich Douek toma un hecho histórico (la desaparición del submarino alemán Bremen en 1916) como base para una trama en la que el peligro terrenal y el sobrenatural se entrelazan en un torrente de oscuridad y bajeza humana. El guionista recurre al concepto clásico y letal de las sirenas y lo usa para sembrar el terror entre unos personajes tan podridos como un viejo casco hundido, un terror que cobra vida gracias al portentoso arte de su dibujante. Alex Cormack pasa del blanco siberiano al negro abismal y ejecuta un trabajo incontestable plasmando la angustia y la claustrofobia que produce la vasta inmensidad del fondo marino. Un trabajo de ambientación brillante rematado por su tosco estilo, que tan bien representa la decadencia y la desesperación.

Planeta nos deja este mes una cita ineludible a los amantes del terror, una obra potente y opresiva firmada por un equipo creativo que promete darnos muchas más alegrías en el futuro. No os resistáis a los cantos de sirena y haceos con ella.

Edu Sesé (Zona Negativa)

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