Cuando Galileo dirigió a Saturno su rudimentario telescopio notó que se veía alargado, no redondo como los otros planetas, y describió aquello como una cabeza con orejas, quizá dos lunas muy cercanas a él. Quien observe hoy Saturno con un instrumento igual a ése concluirá de inmediato que se trata de los anillos, pero eso es porque nosotros ya lo sabemos. En la biblioteca mental de...







