Naoki Urasawa y Osamu Tezuka: fascinación por la luna

En una feliz coincidencia, llegan a las librerías de forma simultánea I.L., nuevo título de la Biblioteca Tezuka, y ¡Achís!, antología de historias cortas del creador de Monster. Un buen momento para analizar la conexión entre ambos autores / Por ÓSCAR SENAR


El 20 de julio de 1969 la misión norteamericana Apolo 11 colocó a los primeros seres humanos en la luna. El comandante Neil Armstrong y el piloto Edwin F. Aldrin estaban haciendo historia, y la televisión dio buena cuenta de ello. En Japón, dos pares de ojos seguían el acontecimiento con atención: Osamu Tezuka tenía por aquel entonces 40 años y estaba dejando atrás su etapa como autor infantil; Naoki Urasawa era un niño de 9 años que crecía fascinado por lecturas como Astroboy. Ambos quedaron impresionados por aquel  "pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad".

Que Naoki Urasawa siente reverencia por Tezuka, el Dios del Manga, no es ningún secreto. Una de sus series más destacadas y redondas es Pluto, en la que expande uno de los arcos argumentales de Astroboy, El mejor robot sobre la faz de la tierra, para convertirlo en un magnífico thriller de ciencia ficción. En realidad, su fascinación se extiende a toda una época, como hacen patentes sus obras 20th Century Boys y Billy Bat, ambas con guiños al alunizaje de 1969. En los comentarios de su antología de relatos cortos ¡Achís!, recién publicada por Planeta Cómic, el mangaka reconoce: "Los temas que me fascinaban de niño siguen ahí: kaijû, superhombres, comedia de enredos... Por un lado resulta casi desolador, pero por otro siento que debo estar muy agradecido y tener mucho respeto, de todo corazón, por la cultura de los años sesenta y setenta, que me ha proporcionado tanta pasión inagotable durante tantos años".



Efectivamente, todos estos temas están en ¡Achís!, y para sorpresa de nadie, son materia prima de excelentes historias cortas. Algunas, al más puro estilo 'maestro del thriller sobrenatural' del autor, como Damiyan! o ¡Lanza apuntado a la luna! (otra referencia a nuestro satélite); otras, a medio camino entre el humor y la ciencia ficción, como Reino de kaijû o Solo Mission; y, quizá, la pieza más sorprendente, Henry y Charles, un disparatado dibujo animado hecho cómic. Otra de las pasiones confesas de Urasawa, la música, asoma en un par de experimentos, Los maduritos y Musica Nostra, donde se recrea dibujando ídolos plateados como Bob Dylan o Paul McCartney; y también en la historia más emotiva del tomo, It's a Beatiful Day, homenaje al músico Kenki Endô. En definitiva, una colección de historias que demuestran que a Urasawa le bastan pocas páginas para lucir talento, y que se disfrutan tanto por sí mismas como por lo que traslucen de la vitalidad de su creador.

Con el alunizaje, al pequeño Urasawa se le abrieron las puertas de la fantasía. Al cuarentón Tezuka le pasó lo mismo, pero de forma muy distinta. "Desde el día que la humanidad pisó la luna, en un abrir y cerrar de ojos, los sueños y la imaginación se esfumaron de los corazones de la gente...", lamenta Daisaku Imari, uno de los protagonistas de I.L., tomo único que supone una nueva incorporación a la Biblioteca Tezuka.

Imari es un director de cine caído en desgracia cuyo estilo ya no encaja con la modernidad que auguran los años setenta. Sin embargo, hay quien sigue creyendo en la necesidad de que pervivan los sueños, leyendas y secretos; así, una entente de monstruos capitaneada por el conde Alucard pone en manos de Imari a I.L., una mujer camaleónica capaz de adoptar la apariencia de cualquiera; la actriz perfecta para escenificar imposibles.

Con este punto de partida, Tezuka crea una obra en la que expone, a través de la fantasía, las más altas y bajas pasiones del ser humano, en la línea de algunos de sus títulos adultos más memorables.

Un viejo proverbio oriental dice que “cuando el sabio señala a la luna, el necio mira el dedo”. Bien podríamos reformularlo y decir que cuando el sabio señala a la luna, en la imaginación de Tezuka y Urasawa se abre un sinfín de posibilidades para crear grandes mangas. 

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