¡Que difícil es hacer reir!, para mí el humor es como un gato, arisco, independiente y con sus propias manías.
Me divierte la frescura, el ingenio y un toque de locura, y esto es lo que vende Mendoza. Esta aventura tiene su sello, si no te va su humor ya sabes..., pero a mí me ha parecido jocosa, descarada, ingeniosa, intrigante en una época y lugar lleno de intrigas.
Estamos en el siglo I d.C. con Pomponio Flato, a mí solo el nombre me provoca risa, como si saliera de un asterix; un patricio romano venido a menos tan desastroso como entrañable, irónico, oportunista pero compasivo, que viaja por los confines del Imperio, en busca de unas 'aguas milagrosas' (para algo). De pronto se ve envuelto en la investigación del asesinato de un acaudalado nazareteño (sí, paisano de Cristo), nos pinta un peculiar fresco de esos decisivos acontecimientos con una mirada curiosa, escudriñadora y desprejuiciada. Con afanoso empeño da un nuevo aire a la investigación que tiene como sospechosísimo al mismísimo primer Pepe (abreviatura de Padre Putativo)
Qué mezcolanza: picaresca, sátira, novela histórica, pero fundamentalmente parodia de la novela de detectives, de espada y sandalia, que coquetea con los imprescindibles del género: el asesinato a puerta cerrada y el final explicativo con reunión de sospechosos, tan queridos de Agatha Christie.
Quien conozca al detective anónimo, quiero pensar que este romano es su 𝘵𝘢𝘵𝘢𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 por su mismo humor blanco, inteligente y accesible. Las situaciones absurdas, la ironía y los diálogos ingeniosos te provocarán esa sonrisa joker, unas risitas cómplices e incluso alguna carcajada de esas que contagian al cuerpo.
No es la obra maestra de Mendoza, pero es una lectura
para saborear y disfrutar cada palabra, como si fuera un delicioso batido de chocolate, de esos de autor con una pizca de sal, pero dulce, ligero y perfecto para un día de relax.