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Miniatura contraportada La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)
Portada La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)
Contraportada La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)

La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)

Sinopsis de La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)

Una lectura trepidante en la que la intriga y el humor se mezclan con el terror y la erudición histórica.

«Un narrador cínico y ético, mujeriego, solitario y aficionado al bebercio… En la prosa española dudo que haya algo mejor. ¡Bravo!» Ángeles López, La Razón
«Hay en este autor enmascarado bajo un seudónimo un gran escritor agazapado… capaz de lanzar en medio de una trama...

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Ficha Técnica

Temáticas
Publicación5 junio 2024
ColecciónAndanzas
PresentaciónRústica con solapas
SerieGonzalo de Berceo
Formato14.8 x 22.5 cm
EditorialTusquets Editores
ISBN978-84-1107-493-3
Páginas304
Código0010347166
Tinta texto interiorBlanco y negro

Sobre el autor de La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)

Lorenzo G. Acebedo

Tras el nombre de Lorenzo G. Acebedo se oculta un escritor que abandonó en su juventud los estudios teológicos por el retiro monacal y, algún tiempo después, el retiro monacal por una mujer. En la actualidad reside en un pueblo de La Rioja. La taberna de Silos es su primera novela.

Retrato de  Lorenzo G. Acebedo

Otros libros de Lorenzo G. Acebedo

Opiniones

Comentarios y valoraciones sobre La Santa Compaña (Serie Gonzalo de Berceo 2)

Maria Balalaika-15/09/2025

Pan y vino

Imagen Maria Balalaika
La segunda novela de Lorenzo G. Acevedo, sea quien sea, o si se quiere de Gonzalo de Berceo, viene precedida por la fama conseguida en La taberna de Silos. Como un reguero de pólvora sembrado por todas partes, más que alcanzarle, le aguarda en cada recodo y le reta; versos popularizados en coplillas, un personaje que se permite opinar sobre su manuscrito, del que hasta posee una copia. Un ingrediente inesperado para el arranque de una aventura en la que el protagonista recorre el camino de Santiago por los motivos poco piadosos de un negocio mercantil vitícola. Invisible entre la marea de peregrinos, a su llegada a Compostela se ve obligado a hacerse cargo de la investigación de un misterio que se cierne sobre los miembros del arzobispado, a la sazón, sus antiguos compañeros del Estudio general palentino; aquellos que, a diferencia de él, optaron por la vía piadosa y ostentan altos cargos. Suma de todas las influencias culturales que le brinda el camino de Santiago, la ciudad está en un momento de esplendor. Lo religioso y lo mundano lo impregnan todo; también cultura y superstición, poder y placer tienen su participación en las intrigas y atropellos que, aunque repartidos, siempre afectan más a los débiles o los discriminados por raza, sangre, edad o sexo. Nada nuevo bajo el sol y, sin embargo, contado con desvergüenza y desacato. Si en algún momento recuerda los crímenes de aquella abadía, por aquello de la risa que la manda el demonio; acá se ríe mucho más, alguna por influjo de la uva (buena y mala, según), y se habla de ella mucho menos y sin tanta carga filosófica. El mareo etílico apenas deja espacio al ético. El autor (estoy segura al 50% de que es autora) ha sabido conjugar las tensiones de la época entre nobles y comerciantes, las viejas estructuras y las nuevas ideas, personajes históricos y los ficticios imprescindibles, con gracia y superando cualquier complejo comparativo. Se permite dedicar muchas páginas a las libérrimas y alegres reverendas extramuros (la sororidad mejor entendida que he leído y, sobre todo, en contraposición con la fraternidad masculina), vencedoras numantinas de esta lid, puesto que su destino final no será otro, bien lo sabemos, que la desaparición de su rastro entre las arenas del tiempo. Tiene un puñado de momentos para recordar, pero el de la confesión es imperdible. Abre los ojos a un texto irreverente, desmitificador y muy elocuente. Solo queda añadir que todo y todos parecen ser otra cosa o varias, la contraria y ninguna de ellas a la vez. Como en el mejor misterio. CODA: Con pan y vino se anda el camino, como dice el refranero, y aquí el vino fluye a raudales y el pan, como unas hostias.

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