“No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada, como masculina; lo que hay que hacer es cambiar la estructura.”
Que ganas tenía de leer a la Beard. Y sí, lo he disfrutado, escribe genial y es un placer leerla, pero tengo que ser sincera: no me ha volado la cabeza, ni me ha descubierto la pólvora, la verdad.
Quizás es que una ya ha leído algo de otras grandes como Silvia Federici, las ideas tan potentes de Riane Eisler o la caña directa de Despentes (que ya sé que son otro estilo), y claro, después de esas lecturas, con Mary Beard me ha faltado ese “¡Boom!” o ese “¡Guau, esto no lo había pensado así!”.
Beard hace un recorrido interesante por la historia, analizando cómo se ha visto y se sigue viendo el poder femenino (o la falta de él). Es didáctica, sí, y pone ejemplos muy claros de lo profundamente arraigada que está la misoginia en nuestra cultura occidental, desde la Antigua Grecia hasta hoy. Te hace pensar, por supuesto.
Pero, sinceramente, esperaba encontrar algo más. Algún enfoque novedoso, una chispa que me dejara pensando durante días, o una bofetada de realidad distinta a la que ya me habían dado otras autoras. Para mí, ha sido más bien un paseo agradable por terreno conocido, un “sí, esto ya lo sabía, pero está bien que lo digan con tanta elegancia”.
En resumen: un libro bien escrito, que entretiene y te reafirma en ciertas ideas, pero que, si ya estás metida en estas lecturas o has leído a otras autoras con enfoques más rupturistas, quizás te deje con la sensación de querer un poco más.