No me ocultes tus penas: “Thomas volvió la cara con presteza y exclamó molesto:
—Es humano interesarse por los demás.
—¿Puedo yo arreglar el desaguisado de su vida?
—Bueno…, no. Pero a veces uno necesita hablar de sus cosas.
Hable si eso le consuela
—Por lo visto usted entiende que hablar no consuela en absoluto.
—¿Le interesa de veras mi opinión?
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