Los personajes son, sin duda, uno de los puntos fuertes de esta historia. La trama se centra principalmente en Ridge y Sydney, aunque los personajes secundarios también tienen bastante peso y están muy bien desarrollados.
Ridge es ese tipo de personaje que cuesta olvidar: atento, dulce, talentoso, músico... y con una sensibilidad que hace que sea imposible no cogerle cariño.
Sydney, por su parte, me pareció un personaje muy real. Me gustó especialmente su forma de enfrentarse a las situaciones y cómo va evolucionando a lo largo de la historia.
La trama gira en torno a una relación complicada y, en cierto modo, prohibida. Que esté narrada desde el punto de vista de ambos protagonistas hace que conectes muchísimo más con ellos y con todo lo que están viviendo. Te hace reír, reflexionar, emocionarte y, en mi caso, sentirme identificada en algunos momentos.
Y es que hay frases que no solo lees, sino que se te quedan dentro.
Como ocurre en muchas de las historias de Colleen Hoover, el libro va mucho más allá del romance. Habla de las batallas internas que libramos, las dudas, el duelo, el rechazo, la superación y todas esas cosas que forman parte de nuestra vida, pero de las que no siempre se habla.
Y hay algo que hace que este libro sea todavía más especial: la música. La historia tiene su propio soundtrack y las canciones que aparecen fueron creadas específicamente para el libro. Poder escucharlas mientras lees hace que la experiencia sea completamente diferente y te sumerge todavía más en la historia.
Este libro me ha marcado. Han pasado los días y sigo pensando en él y, cada vez que lo hago, se me encoge un poquito el corazón porque siento que Ridge se ha quedado con un trocito del mío.
He leído muchos libros de Colleen Hoover y, sinceramente, no deja de sorprenderme. Cada historia tiene algo diferente y especial, pero Tal vez mañana ha conseguido quedarse conmigo de una manera muy especial.