Entrevista a Megan Maxwell: “Cuando escribes erótica, la gente piensa que vas por el mundo vestida de cuero y con un látigo”

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Entre ser secretaria en una asesoría jurídica y vender siete millones de libros, ¿qué hay? Pues doce años de negativas, un par de oportunidades en el momento adecuado y toda una vida escribiendo. A cada lado de ese océano de experiencias están María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro, nacida en Núremberg en 1965, y Megan Maxwell, el álter ego que apareció cuando empezó a publicar profesionalmente.

Además de ser una escritora prolífica, prodigiosa superventas (cuenta con legiones de fans que se hacen llamar “guerreras Maxwell”) y reina de la novela romántica en español, Maxwell es la cara visible de un nuevo tipo de chick lit: uno en el que las protagonistas no tienen por qué ser simples arquetipos, y no deben renunciar a su carácter o sus sueños para vivir una historia de amor. Hablamos con la autora para descubrir, igual que sus personajes, cómo es eso de tenerlo todo.

Porque la Navidad no es lo que tenemos, sino a quien tenemos. Edición especial con cantos tintados.

A María, una morenaza de bandera, urbanita por excelencia, le encantan la ropa buena, los viajes de lujo y los hoteles de varias estrellas y algún cometa. Su vida va viento en popa. Tiene un novio banquero inversionista, dos hermanos a los que adora, dos buenas amigas, una perrita preciosa… Pero lo que más le gusta es trabajar en la empresa familiar de joyería fundada por su abuelo, que ahora dirige su padre.

Nicolás es un veterinario que, por circunstancias de la vida, tuvo que dejar su vida glamurosa en la que viajaba por todo el mundo para instalarse en una granja en Galicia. Es un hombre muy familiar al que le gustan el campo y los animales y, sobre todo, adora a los suyos.

María y Nicolás no pueden ser más diferentes. Pero cuando a ella, de un día para otro, el mundo se le pone del revés y decide hacer un viaje, sus caminos se cruzan. Y, cuando el destino, sin avisar, mueve sus hilos (algo que la Navidad propicia, ¡y de qué forma!), ellos solo pueden dejarse llevar…

No te pierdas la nueva novela de Megan Maxwell.

¿Estás preparado para volver a creer en la magia de la Navidad?

Recuerda que la vida es un bonito regalo que no se debe desperdiciar. Porque cada segundo sin ser feliz, es un segundo perdido.

Briseida (Bris) y Álvaro se conocieron de niños, y junto con Peny, la hermana de Bris, y Andrea, el hermano de Álvaro, compartieron las mejores vacaciones de verano. Ibiza fue testigo de sus travesuras y del amor, tan mágico como inevitable, que nació entre los dos.

Sin embargo, muy pronto, demasiado, el destino enseñó sus malas cartas y a Bris le enseñó que debía centrarse en el presente. Su positividad y sus ganas de vivir le hicieron convertirse en una mujer fuerte, pero la maldad de la madre y abuela de Álvaro le rompió el corazón. Sin embargo, cuando el amor es verdadero, tiene la costumbre de buscar la manera de sobrevivir incluso en las circunstancias más desafortunadas.

Lee la nueva novela de Megan Maxwell, enamórate del amor y descubre que siempre hay que vivir el presente, pues el futuro está aún por llegar.

Portada Las guerreras Maxwell, 10. Una herencia salvaje

Adéntrate en la décima entrega de «Las guerreras Maxwell» y descubrirás que el amor es capaz de desafiar el destino y unir dos corazones en un solo latido.

Amanda McRae, la hija pequeña de Duncan y Megan, es una joven apasionada y de fuerte carácter, conocida por su franqueza y su amor por los niños. Desde siempre ha soñado con unos misteriosos ojos grises que cree que pertenecen al hombre de su vida, por lo que descarta a cualquier pretendiente que no posea esa mirada enigmática.

Brodrick Fraser, conde de Aviemore, acaba de quedar viudo tras un matrimonio sin amor que terminó en tragedia y con dos pequeños a su cargo.

El destino los reúne cuando Amanda y sus padres visitan el castillo del conde para presentarle sus condolencias. Durante su estancia, la conexión que sintieron meses atrás en el castillo de Eilean Donan resurge con una fuerza inesperada.

Lo que comienza como una mera obligación se convertirá en una apasionada y emotiva historia de amor. Amanda y Brodrick descubrirán que, a veces, el amor surge de las situaciones más inesperadas y complicadas; que vale la pena luchar por lo que realmente importa, y que los sueños se cumplen no solo soñándolos, sino también trabajando por ellos.

¿Tienes tiempo de pensar en la cantidad de libros que vendes?

Para mí es una maravilla saber que tengo lectores que se preocupan de comprar mis libros cada vez que los saco. Estoy muy agradecida, pero, con el ritmo que llevo, ¿tú crees que es eso en lo que estoy pensando? Pienso en que tengo que escribir tres novelas cada año, en que debo corregir las anteriores y documentarme para las siguientes, en que he de hacer la promoción y, además, tengo que ser madre.

 

¿Escribes tanto porque lo necesitas o porque te lo piden?

Escribo porque me apetece, desde la editorial me dan mucha libertad. Pero creo que con el tiempo bajaré a dos o incluso un libro por año, para ir más tranquila.

 

¿Y cómo es tu rutina para llegar a escribir tres libros al año y compaginarlo con tu vida familiar?

Me levanto por la mañana, a eso de las ocho y media, desayuno, saco a mis perros… Y luego abro el ordenador, empiezo a contestar correos o a echarles un ojo a mis redes sociales, y después repaso lo que hice el día anterior. Por las mañanas me dedico mucho a eso: a revisar, a aplicar cambios y a planear. Las que me cunden mucho son las tardes: después de cocinar y comer, me pongo a hacer lo que por la mañana he planeado, y quizá me tiro hasta las nueve trabajando sin parar. Después desconecto, ceno y me pongo a ver una serie, aunque siempre tengo el iPad conmigo, porque cuando en España todo el mundo está haciendo lo que yo, descansar, en Latinoamérica están activos y me escriben mucho por redes, así que aprovecho para responder.

 

Claro, porque eres una de las autoras españolas que más vende en Latinoamérica, por si había alguien que no lo sabía. ¿Y tienes alguna manía a la hora de escribir?

La primera es que siempre necesito tener el título del libro antes de empezar a escribirlo, sin eso no sé cómo ponerme. En el pasado, recuerdo terminar de leer libros y preguntarme por qué se llamaban así. Siempre he querido que quien me leyera no se sintiera de esa manera. Y también escribo siempre con música, y para cada libro hago listas de reproducción especiales. A lo mejor estoy escribiendo una escena y de pronto escucho una canción y digo: “¡Ah, aquí queda genial!”. Entonces abro mi lista y la añado. Si entras en mi Spotify, verás que hay playlists con los nombres de todas mis novelas y las canciones de las que hablo.

 

 ¿Y la música que escuchas cambia según lo que estés escribiendo?

Pues depende. Es cierto que si estoy escribiendo una escena de acción no me pondré a escuchar a Michael Bublé, o cuando escribo algo de Las guerreras Maxwell no me pega ponerme a Alejandro Sanz, aunque me encante. Suelo escuchar música medieval escocesa, que me transporta a esas tierras.

 

Lo tuyo es la novela romántica y erótica. ¿Lo aplicas en tu día a día o “en casa de herrero, cuchillo de palo”?

Pues cuchillo de palo, porque estoy divorciada.

 

¡Vaya! Y entonces ¿cómo te inspiras?

¡Pero eso no quiere decir que no tenga romance en mi vida! Tanto en primera persona como en la gente que me rodea, que se quiere mucho. E incluso si yo no lo tuviera, podría nutrirme de las historias y experiencias de otras personas, ¡y de las mías propias en pasado! Me ocurre a menudo que escucho una canción y digo “qué bonito, cómo me gustaría vivir esto” o recuerdo que lo he vivido en otra época. Esas memorias se van quedando en tu mente y tiras de ellas.

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¿Y para la erótica?

¿Sabes qué pasa? Que cuando escribes erótica y tienes cierto éxito, como me ha pasado a mí, la gente piensa que vas por el mundo vestida de cuero y con un látigo, ¡y nada más lejos de la realidad! A mí han llegado a acercárseme personas en firmas y decirme: “¡Ay, qué normal eres!”. Y yo pienso: “¿Qué te esperabas?”. ¿Acaso los escritores de thrillers van por ahí asesinando a la gente?

 

¡Claro que no! Pero imagino que lo tuyo sí se entrelaza un poco con tu vida real, ¿no?

Un poco sí, claro. Cuando escribí Pídeme lo que quieras, mi primera erótica, no tenía la fama que tengo ahora, todavía vivía con mi marido y mis hijos eran pequeños. Ni siquiera tenía un despacho, así que escribía en el ordenador en el salón, con los niños viendo sus dibujos animados. Ahí sí que me ponía los cascos para aislarme un poco, porque, vamos, ¡imagínate la escena! Pues bien, mi hija tenía 11 años y ya sabía a qué me dedicaba, y me comentó una vez: “Mamá, sé cuándo terminas de escribir una escena de sexo porque coges un cigarro, te lo enciendes y te echas para atrás”. ¡Y yo ni siquiera me había dado cuenta de que lo hacía, pero era así! Un poco como si hubiera terminado la cosa misma en la vida real.

  

¿Por qué crees que hoy en día la gente sigue rechazando tanto las novelas románticas y eróticas?

Porque el sexo sigue siendo tabú. Aunque pasen los años se mantiene la idea de que solo puede discutirse en petit comité, y yo no lo entiendo: el sexo es algo fisiológico, una parte de nuestra vida tan natural como comer, ir al baño o ducharnos. Todos lo practicamos para disfrutar, así que hay que tratarlo como algo normal. No digo que lleguemos los lunes a la oficina preparados para discutir todas las intimidades de nuestras vidas sexuales, pero sí que podamos hablarlo sin vergüenza o estigma.

 

Si no te hubieras dedicado a la novela romántica, ¿qué género hubieras escogido?

Creo que en ese caso ni siquiera hubiese sido escritora. Yo llevo toda mi vida escribiendo novela romántica porque mi madre era muy lectora, y precisamente empecé a escribir porque un día, de pequeña, estaba muy aburrida y pensé en regalarle una novela de las que ella leía. Así hice el primer borrador de Hola, ¿te acuerdas de mí?, una versión de su historia de amor, pero con el final de película que mi madre no pudo tener en la vida real.

 

¿Y luego seguiste escribiendo para tu familia?

Sí, durante muchos años escribía novelas para mí y para los míos: las imprimía y las guardaba en un cajón. Ellos me decían que las enviara a editoriales, pero yo siempre me sentía poco preparada, demasiado amateur. Para que estuvieran contentos, empecé a mandar los manuscritos y, con ellos, comenzaron a lloverme noes también, hasta que me apunté a un curso de novela romántica y resultó que el profesor que lo impartía era editor. Le picó la curiosidad con los ejercicios que le iba enviando y accedió a publicarme una primera novela con una editorial chiquitita de Sevilla. Y ahora, después de todo, ¡pues estamos aquí!

Escucha la entrevista en formato pódcast

Megan Maxwell ha pasado por el estudio de ¿Te quedas a leer?, el pódcast de PlanetadeLibros en colaboración con El Terrat, que ahora estrena tercera temporada. En cada episodio, Bárbara Goenaga y Esti Gabilondo invitan al estudio a autores del momento para charlar sobre sus libros y lecturas, hacer un poco de “salseo” literario y pasar un rato agradable con muchísimo humor. Esta entrevista resume los mejores momentos del episodio, que puedes recuperar íntegro en este link:

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