Así ha sido la entrevista a Dolores Redondo en '¿Te quedas a leer?'

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Dolores Redondo (Donosti, 1969) inauguró con El guardián invisible (Ediciones Destino, 2013) una trilogía superventas, una carrera literaria estelar y un género propio, bautizado como mystic noir, que combina las claves clásicas de la novela negra con elementos del folclore vasco. En su nueva novela, Las que no duermen NASH (Ediciones Destino, 2024), retorna a la naturaleza navarra —en concreto, vuelve a los Valles Tranquilos, que ya fueron escenario de Esperando al diluvio (Ediciones Destino, 2022)—, acompañada de un nuevo personaje: la psicóloga forense Nash Elizondo, que, tras el descubrimiento del cadáver de una joven desaparecida tres años atrás en la sima de Legarrea, deberá adentrarse en un territorio fantástico y hostil para revelar los detalles de un caso que conmocionó a todo un país y por el que muy probablemente la persona equivocada esté cumpliendo condena.

En los Valles Tranquilos no gusta desenterrar secretos ni revelar verdades. Prepárate para la noche más larga. 6.ª edición

La psicóloga forense Nash Elizondo documenta el origen de una leyenda sobre brujería en la sima de Legarrea, en uno de los Valles Tranquilos de Navarra, pero cuando desciende a la sima lo que halla es el cadáver de una joven desaparecida tres años atrás, Andrea Dancur; un caso que conmocionó al país entero, y por cuyo crimen una mujer cumple prisión. Estamos en marzo de 2020, y el hallazgo y las nuevas pistas obligan a reabrir una investigación que esta vez se desarrollará en dos planos distintos: por una parte, a través del método científico, y por otra, mediante la profundización en la psicología de los implicados y el conocimiento de los misterios ancestrales.

Nash Elizondo, que se adentra en un territorio mítico y por momentos hostil, contará con ayudas inesperadas, y se pondrá al frente de una estirpe de mujeres que no se doblegan ni siquiera cuando son las víctimas.

Los acontecimientos se suceden vertiginosamente en un relato que leemos con el corazón en un puño, sin tregua, de la mano maestra de Dolores Redondo. Con unos secundarios inolvidables, asomándonos al abismo de la crueldad y en una atmósfera de presagios e intuiciones, parte esencial de su envolvente mundo literario.

Después de leer la novela, entendemos perfectamente el título: es imposible dormir porque te quedas totalmente enganchada. 

En realidad, el título homenajea a la inquietud femenina. No sé si es práctico, pero es apasionante que tu propio deseo por hacer cosas te desvele, y yo he querido celebrar esa inquietud que a muchas mujeres a lo largo de la historia les ha costado la vida. ¿Sabíais que, en el Medievo y otros períodos, si una mujer se despertaba durante la madrugada, no podía levantarse de la cama, sino que tenía que rezar hasta volver a dormirse? Los hombres sí podían moverse, pero se decía que a las mujeres, que tenían el espíritu muy débil, si salían de la cama a esas horas podía entrarles el maligno dentro —a través de ideas, de inspiración, por supuesto—. Es a esas mujeres que, cuando las mandaron ir a dormir, se quedaron despiertas a las que quiero rendir homenaje. 

 

En este libro has decidido alejarte de la figura policíaca, del detective tradicional, y usar como motor de la investigación otro tipo de personaje, quizá menos conocido por el público: el psicólogo forense.

El contorno del personaje de Nash lo tenía bastante claro antes de ponerme a escribir: quería un personaje femenino que acometiese la investigación desde un punto distinto al de un policía, que no dispusiese de las herramientas que tan rápido abren caminos. Nash no llega a casa de la gente y les hace preguntas, no tiene una comisaría a donde llevarlos y presionarlos, tiene que conseguir información desde la empatía y, lo que es más novedoso para mí, iniciar la exploración desde la víctima fallecida. En la mayoría de las historias sobre crímenes que consumimos ahora, sobre todo en la no ficción, vemos que es el asesino quien se convierte en protagonista, y aquí no: Nash tiene que infiltrarse en la mente de la víctima, entenderla, reconstruirla a través de la gente que conocía, de sus pertenencias, de sus gustos, de sus rutinas.

Eres una escritora muy prolífica, ¿tienes rutinas marcadas para escribir?

Sí, la verdad es que soy muy disciplinada. Escribo todos los días.   

¿Con horario fijo? 

Ha ido evolucionando a lo largo de mi vida, porque ahora que mis hijos son mayores me adapto a sus horarios para poder disfrutar de la vida familiar. Pero, antes de tenerlos y cuando eran más pequeños, escribía de noche y me encantaba, porque por la noche no tienes que parar para comer o atender llamadas u otras responsabilidades, ya eres libre del todo, el tiempo es para ti. También creo que soy disciplinada porque, siendo disléxica, para mí escribir siempre ha estado relacionado con el esfuerzo consciente.

¡No sabíamos que fueras disléxica!

Sí, lo soy, y me gusta contarlo porque, sobre todo en la primera infancia, esto nos crea muchos problemas. Los disléxicos leemos de otra manera, a veces más rápido, pero distinto, y esto nos lleva a cometer muchísimos errores gramaticales e incluso a pronunciar mal algunas palabras. En una primera fase educativa, a muchos niños con dislexia se los trata como si fueran incapaces, ¡y nada más lejos de la realidad!

Lo cierto es que yo sentía una atracción especial por la literatura a pesar de que la lectura y la escritura me generaran problemas. Pero, bueno, yo fui narradora mucho antes de ser escritora. 

Narradora, ¿en qué sentido?

Vengo de un entorno con una tradición oral enorme. Soy la mayor de cinco hermanos y la nieta mayor también, vivía con mis abuelos y con mis padres, y me han contado y leído muchísimos cuentos e historias. Aprendí a leer muy pronto porque quería estar todo el día conectada a esas historias y, como los adultos se cansaban de explicármelas, mi madre me dijo: “Si aprendes a leer sola, te los puedes contar a ti misma y no nos necesitas”. Esto fue algo maravilloso porque me permitía ser libre, pero, además, hizo que tomara el rol de narradora con el resto de mis hermanos y primos. Ahí empecé a inventarme historias, a cambiarlas, a retorcerlas. Estoy segura de que en otro siglo yo, en vez de ser escritora, sería una mujer analfabeta como la mayoría de las mujeres de la historia, pero me encargaría de preparar la hoguera y reunir a todo el pueblo a su alrededor para contar mis historias. 

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Decías antes que escribes todos los días, pero no siempre en un proyecto concreto, ¿no? 

¡Pues la verdad es que sí! De hecho, ahora mismo tengo diez novelas en la cabeza, lo que no sé es si tendré vida para escribirlas. A veces, en el proceso de escribir una novela se me ocurren otras dos. Nunca he escrito nada que no haya estado en mi cabeza, por lo menos, seis años. Las pienso muchísimo y, cuando ya me siento a aterrizarlas, conozco todos los detalles de las historias a la perfección. 

 

¿Y la documentación? Porque es clave en tus libros. 

Son tantos los intereses que me atraviesan que, mientras estoy escribiendo un libro, me voy documentando para los siguientes. En el caso de Las que no duermen NASH, la parte de la historia que tiene que ver con el hallazgo de los cadáveres en la sima tiene su germen en la vida real, en los cadáveres que se encontraron en Legarrea, cuando parte de la sociedad científica Aranzadi bajó a desmentir una antigua leyenda popular que contaba que se habían arrojado allá cuerpos de mujeres acusadas de brujería. Al final resultó que, durante la Guerra Civil, se lanzó el cuerpo de una mujer junto a los de sus seis hijos, los últimos abandonados allí. Esta historia me llegó por la prensa, así que busqué a los periodistas que habían estado cubriendo la noticia, hablé con gente de esas localidades, leí ensayos sobre la historia. Poco a poco, todo se va componiendo, y naturalmente ves sobre qué debes seguir documentándote.

 

En este libro mencionas también a José Miguel de Barandiarán, el antropólogo vasco por excelencia.

Sí, sale en muchísimas de mis historias porque yo siempre trato de poner en valor que el género que escribo, el mystic noir, trata precisamente de mezclar mística y mitología en la novela negra, ¡pero con lógica, que esté sustentado en algo! Hay una norma no escrita en la novela negra, algo que está totalmente prohibido, y son los deus ex machina: no puedes resolver tu libro dándole una capa de invisibilidad al asesino porque entonces deja de ser novela negra; es otra cosa. La diferencia es que, en mi caso, mi narrativa bebe de la mística, y la mística forma parte de la historia y la tradición de los lugares sobre los que hablo: una región azotada por la Inquisición, por la persecución de un montón de mujeres, por un dolor histórico. La historia de Navarra en esa zona y la historia del País Vasco alimenta lo que yo escribo, toda esa mística era una realidad que estaba ahí antes del cristianismo y que está viva hoy en día, hasta el punto de que encontramos puntos que orográficamente se llaman cueva de la Bruja o camino del Infierno. No es magia, es historia. Si sitúas la historia, la tradición, la lengua, y tratas de explicar cómo se vive y cómo se perciben los eventos en un lugar como este, cosas que quizá parecerían fantásticas contadas desde otra perspectiva cobran todo el peso de la historia que las ha precedido y se vuelven reales.

 

Con todas estas ideas que has comentado que te rondan la cabeza, tu larga previsión de libros... ¿Cuál es la chispa, el momento en que te dices “voy a escribir un libro sobre este tema o de esta manera”? Y, de igual modo, ¿cómo supiste que querías escribir novela negra?

Creo que me decanté por la novela negra porque es el género que mejor combina con todos los demás: puedes escribir una novela negra histórica, una novela negra romántica, y combinarla con todos los elementos que quieras (incluso misticismo, como en mi caso), y funciona bien.   

La forma en que me llega concretamente la decisión de escribir un libro es algo inefable. Decía Norman Mailer que la escritura es un arte abstracto, espectral, ¡y funciona así! No sé realmente cómo se compone en mi cabeza, mi proceso no es tan técnico, no soy dueña de lo que escribo. Félix Modroño dice que la diferencia entre un autor y un escritor es que el primero escoge sobre qué quiere escribir, se documenta y escribe. A los escritores, sin embargo, nos nace la novela por dentro: un día, todas las cosas que han ido llegando a tu vida caen en una trama perfecta, y te dices: “Tengo que contarlo”. ¡Y ni siquiera sabes cómo ha ocurrido! A veces es una noticia la que me inspira una parte, o una canción que escuché, o una anécdota o frase que me ha soltado alguien a mi alrededor. Todo eso lo guardo y se acumula en un caldo primordial que se acaba convirtiendo en una novela, pero es, repito, un proceso orgánico y volátil. Yo misma creo saber perfectamente el orden en el que voy a seguir escribiendo, pero a lo mejor en medio se cuela otra idea y me descarrila porque tengo que perseguirla hasta el final. 

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Escucha la entrevista

Dolores Redondo ha sido una de las invitadas de la segunda temporada de ¿Te quedas a leer?, el pódcast de PlanetadeLibros en colaboración con El Terrat. En cada episodio, Bárbara Goenaga y Esti Gabilondo invitan al estudio a autores del momento para charlar sobre sus libros y lecturas, hacer un poco de “salseo” literario y pasar un rato agradable con muchísimo humor. Esta entrevista resume los mejores momentos del episodio, que puedes recuperar íntegro en nuestro canal de Youtube:

Entrevista completa 

Y si te ha gustado esta entrevista de Dolores Redondo, no puedes perderte el resto del contenido del número de la Revista de Planeta de Libros 

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