A todos nos da vértigo ver que el audiolibro que queremos escuchar dura más de 10 horas. A veces queremos probar el formato, pero ver una duración tan larga nos frena antes de darle al play. Por eso, los audiolibros cortos son la puerta de entrada perfecta. Nos dan la satisfacción de terminar una historia en poco tiempo y tienen la ventaja de caber en cualquier hueco del día.