¿Seguir en Nueva York rodeada de estirados? Hecho. ¿Controlar mis transformaciones? Hecho. ¿Sentirme una vigilante de verdad? Casi. Por fin parecía que la vida me daba un respiro. Pero en mi mundo, cuando crees que has aprendido a nadar, llega una ola dispuesta a hundirte de nuevo. Esa ola se llama el salto.
Me han invitado a un ritual que promete la conexión definitiva con mi elemento....




















