“Año 222 d. C. En la provincia bética de la Hispania romana, varias niñas desaparecen sin dejar rastro. Nadie investiga. Nadie responde.
El miedo comienza a extenderse entre las familias mientras, de manera inexplicable, las autoridades miran hacia otro lado.”
Y en este caos, alguien busca a Marciano Tauro, un antiguo centurión retirado, para que investigue y las encuentre. Este acepta y emprende la búsqueda junto a su mujer, Domicia.
Una búsqueda en la que recorrerán la antigua Hispania, que está recreada de manera excelente, con detalle pero sin caer en el exceso. Caminos y calles que parecen tan reales que los recorres con ellos, casas en las que entras y percibes todo a través de la luz de las velas.
Tengo que hablar también de la parte cruenta, de esas desapariciones y de todo lo que se orquesta detrás, de la maldad del ser humano que siempre logra sorprenderme por muchas novelas que lea. Y de cómo el autor lo narra, con maestría, tanta que, además de disfrutar, también he sufrido porque hay escenas que… no son aptas para estómagos sensibles y, aún así, no he apartado los ojos.
Una novela negra, muy negra. Está narrada en capítulos cortos, es ágil, trepidante y adictiva.
¿Y los personajes? Perfectos todos, principales y secundarios, y en la cantidad justa, no falta ni sobra nadie.
No puedo dejar de recomendarla. Es mi primer acercamiento al autor y por supuesto seguiré leyendo su obra.