
David Uclés (Úbeda, 1990) es un auténtico hombre del Renacimiento: escritor, traductor (hablante de español, inglés, francés, alemán, portugués y gallego), músico (toca el acordeón, la guitarra y el arpa), cantante, compositor y dibujante. A sus 36 años cuenta con un acopio de premios que desbordaría incluso las vitrinas más generosas: entre otros, el Premio Complutense de Literatura 2019, Premio Cálamo al Mejor Libro del Año 2024, Premio Andalucía de la Crítica 2025, Premio Espartaco de la Semana Negra de Gijón a la Novela Histórica 2025 o el Premio Nadal de Novela 2026 (este último por La ciudad de las luces muertas, una ambiciosa oda a Barcelona en clave de realismo mágico). Él, sin embargo, los guarda en la mesa del salón de su madre, sobre un tapete de ganchillo que hizo ella misma y junto a las fotos de sus abuelos. Y esta imagen puede que sea la clave para describirlo.
Uclés ha sido uno de los invitados de la tercera temporada de ¿Te quedas a leer?, el pódcast de literatura de PlanetadeLibros en colaboración con El Terrat. Esta entrevista resume los mejores momentos del episodio, que puedes recuperar íntegro en este vídeo:
Lo más precioso es que se haya traducido, y que ahora vaya a poder ir a Francia o Alemania y defenderla allí. Yo soy traductor, estudié alemán y francés, ¡así que tengo unas ganas locas de presentar la novela en esos idiomas!
Es curioso, porque a mi alrededor la cantinela que se repite es que “se acercan los cuarenta”. Mis amigos que rondan mi edad no se sienten jóvenes, pero yo sí, porque estoy en un oficio en el que todo el mundo es bastante más mayorcito. En Francia, por ejemplo, autores de veinte años ya han ganado el premio Goncourt, pero aquí parece que cuesta un poco apostar.
No, no, en absoluto. Quizá aquí hay un cierto establishment, en el sentido de que hay muchísimos escritores de cierta edad que quieren estar siempre ahí, publicando su libro cada año y medio, y que a lo mejor quitan huecos a los nuevos. De hecho, yo escribí dos novelas en francés porque dije: “como en España es imposible publicar hasta que tenga cuarenta, voy a empezar por el francés”.
No, la verdad es que cocino bien. ¡Bailo mal! Y no sé memorizar nada, ni dos palabras.
Hay un pequeño truco. A mis padres los adoro, pero no han leído nunca. No hemos viajado, no hemos ido al cine... ¡Les pedí una guitarra y al final me la tuve que comprar yo con el dinero de la comunión! Mucha gente se pregunta de dónde sale mi sensibilidad, entonces. Y yo les digo que lo que me han permitido mis padres ha sido vivir en el campo, con lo que eso conlleva. Es un terreno en el que debes construir con la imaginación, porque los objetos y los estímulos te faltan.
Mi abuelo siempre me ha contado historias del pueblo, y cuando empecé leer Cien años de soledad paré la lectura y dije: “Quiero hacer esto, un Macondo íbero”. Fue una epifanía, así que dejé el libro a las veinte páginas, no quería que me contaminara. Y me dije: “Cuando termines tu novela, te lo leerás”. Y me lo leí, hace un año y medio en Santiago.
Pues no me decepcionó, pero tampoco me maravilló. Quiero decir, entiendo que es una obra maestra de la literatura universal, pero es que justo el realismo mágico no es mi estilo preferido...
Pues el realismo a secas me inspira más. El realismo mágico, cuando existe detrás una herida real, como hacen muchos europeos. “Te voy a contar la Segunda Guerra Mundial, pero con un tinte onírico”. Pero en Márquez, aunque deja ver mucho la historia de su tierra, no hay esa profusión de datos como en mi libro, no se ve tanto la herida por detrás. Y esas imágenes oníricas se me hacen un poco pesadas.
muchos principios y finales, depende de dónde empieces a contar, y también muchas interpretaciones, y me gusta que sea así.
PREMIO NADAL 2026. Por el autor de La península de las casas vacías.
5.ª EDICIÓN
«Su porvenir ya es más grande que su pasado. La ciudad de las luces muertas es una delicia literaria.» Juan Cruz
«Me ha gustado una barbaridad. Un desfile de personajes para mí muy entrañables y ya desaparecidos.» Eduardo Mendoza
«He ido reconociendo todos los rincones de la novela. Esto es una guía. Realismo uclesiano.» Àngels Barceló, Cadena SER
«Imaginativa. Original. Divertida. Inesperada. Felizmente imperfecta.» Pere Gimferrer
«Un mosaico que, si no nos ruborizara la expresión, se acercaría a la gran novela sobre Barcelona.» Xavi Ayén, La Vanguardia
«No solo es un homenaje a Barcelona, sino a la libertad de la imaginación. Un encuentro caótico y genial. Me hizo gozar de principio a fin.» Gioconda Belli
«Uclés juega con el multiverso. Leí el libro con mucha nostalgia por ver lo que fue Barcelona.» Pepa Ferenández, RNE
«Ha sido toda una experiencia la lectura, me he metido a fondo en una Barcelona surrealista. He disfrutado el viaje compartiendo la aventura con mi madre, Carmen Laforet.» Cristina Cerezales Laforet
Todo empieza en la Barcelona de posguerra, cuando una joven provoca accidentalmente un fenómeno que sume a la ciudad en una oscuridad total.
La luz se va en Barcelona todo un día, la solar y la artificial. Solo sobreviven una sutil claridad que nadie sabe de dónde procede y el resplandor del fuego. Las Barcelonas que han existido convergen y se superponen en el mismo lugar: reaparecen edificios desaparecidos y surgen otros del futuro. En ese territorio donde conviven tiempos y miradas que jamás debían coincidir, la ciudad queda desbordada por todas sus épocas.
El suceso provocará que un puñado de escritores y artistas vuelvan a la vida y se crucen en encuentros improbables. Así, Picasso hará llorar a Simone Weil, y Cortázar retratará a Laforet; Gaudí barnizará a los transeúntes; Bolaño se adelantará a su muerte; García Márquez huirá en una barca y George Orwell protegerá a Montserrat Caballé, Núria Espert y Jordi Savall de los proyectiles de la guerra. En medio de esta ruptura del tiempo, un fotógrafo capaz de revelar con su cámara lo que aún no ha ocurrido y muchos otros personajes unirán sus artes para intentar comprender qué ha pasado y cómo recuperar la luz perdida.
En su nueva novela, David Uclés construye un relato en el que la palabra, la pintura, la música y la escena actúan como la conciencia profunda de la sociedad; son ellas las que pueden iluminarla cuando todo parece perderse.
Una historia deslumbrante, de un autor tan innovador como único, que recuerda que la luz regresa cuando alguien se atreve a imaginarla.
Yo estaba en los Alpes viviendo, a donde me había desplazado para redactar el prólogo de La península, cuando me concedieron la beca Monsterrat Roig, que es una beca de creación para trasladarte a Barcelona y escribir sobre la ciudad. La beca era de un par de meses, pero yo me quedé medio año. Y decidí escribir una novela que intentara encajar toda la ciudad física, arquitectónica, artística, espiritual, literaria... toda referencia posible. Una carta de amor tridimensional a Barcelona. Y para eso hice una inmersión cultural, actuaba de turista las 24 horas del día, consumí toda la literatura castellana y catalana sobre Barcelona que pude. La hice mía, de alguna forma.
Iba escribiendo algunas cosas, los episodios que ya tenía más claros. Pero fueron principalmente meses de exploración, y acabé de cuadrarlo todo más tarde.
El argumento surgió dos años antes, cuando me presenté a la beca por primera vez. Me dije: “¿Qué historia trazo para contar?” Porque Barcelona tiene una historia milenaria, y por ella han pasado tantos escritores, músicos, artistas, intelectuales... Entonces se me ocurrió que tenía que mezclar los tiempos, tenía que hacer que todos confluyeran.
Después de la pandemia, del genocidio de Gaza, de la guerra en Ucrania y de nuestro propio apagón, siento que vivimos en un constante estado de alerta, y a la vez hemos normalizado totalmente que pasen cosas así. Y, además, estamos viviendo un auge de discursos reaccionarios, un recorte de libertades, y parece que estamos retrocediendo en lugar de avanzar. Este libro busca luchar contra la oscuridad, y esa oscuridad la podemos interpretar como eventos que no sabemos explicar, pero también como una fuerza política que nos asfixia, que nos sume en una incertidumbre total. También puede ser la gentrificación, el turismo masivo, el individualismo salvaje, ese fascismo latente que he comentado, la polarización, o incluso la muerte. La novela tiene
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