Confieso que tengo debilidad por los prefacios y por los epílogos, porque me adentran, tal vez más que el texto de la obra, en el alma del autor.
Miguel Ángel Escotet en su obra “BUSCANDO a ÍTACA” ya desde el inicio nos coloca en el origen, en el fundamento: La Arjé. Y en esta Arjé a modo de prefacio, según sus palabras, está el origen que mueve a este pretendido Ulises que sigue buscando a Ítaca, y podemos añadir que no se deja encantar por las sirenas. Y… en el paratexto de la instanciación metafórica “la brújula inexplorada y la arquitectura inacabada” nos señala su ruta metodológica. No nos anuncia una tierra que mana leche y miel, sino que nos retrotrae al comienzo del desierto transfigurado ahora en el mar vasto, tormentoso y hermoso, cual es el experimento humano; en definitiva: ¿qué es el ser humano?
Y a través de un rico vocabulario marinero que cubre tanto lo material -barco, velas, bitácora, puerto, ...- como la escenografía natural – océano, estrella, horizonte ...-, que tal parece que la mar y él se miran mutuamente, nos conduce a la esencia (Ousía) de la cuestión: que cada puerto en que arribamos no es la Ítaca ideal, que en nuestra vida hay muchas Ítacas y siendo su pensamiento reflexivo supremo la preocupación por la humanidad: ¿qué humanidad irradiamos a los demás?, ¿contribuimos a más justicia que daño?, ¿fui amable?, ¿vi humanidad en aquellos con quienes no estaba de acuerdo?, y señalando que “todos estamos obligados a aprender de por vida para el mejoramiento individual y colectivo”
En “Fedón”, Platón hace que un tal Simias hable así: … que tener de estas cosas (de la verdad última, podíamos colegir) una conciencia segura en la vida presente es imposible o muy difícil…; sin embargo, desistir antes de haber agotado la búsqueda desde todos los puntos de vista es propio de un hombre harto perezoso. Pues en tales cuestiones conviene hacer una sola de estas cosas: o aprender de los demás cómo están las cosas o encontrarlas por sí mismo, o bien, si ello no es posible, aceptar al menos el menos refutable de los razonamientos humanos o, dejándose llevar por éste como en una balsa, navegar con riesgo propio a través del mar de la vida, a menos que se tenga la posibilidad de hacer la travesía con más seguridad y con menor peligro en una barca más sólida…”
¿Quién se puede sustraer al aprendizaje que postula Miguel Ángel?, y… ¿ese aprendizaje de los demás, según palabras de Simias, no encuentra en “Buscando a Ítaca” un instrumento de la mejor valía para ello?; pero, ¡cuidado! que en el Epílogo de esta obra dice: desdeña el jugo amargo de la sabiduría, no indagues el sentido profundo de las cosas… y que la mano desaladora y fría de la verdad oprime al mismo tiempo los sueños y las rosas.
Realmente para declarar que ni siquiera es un aprendiz de poeta se muestra radicalmente claro y podríamos, legítimamente, preguntarnos si se desdice de lo dicho en el prefacio y zanja la cuestión intentando, simplemente, vivir sin hacer daño a los que le rodean. La correcta respuesta es que ya expresó antes, que escribió el poema inspirado en León Felipe: la búsqueda interior de la vida. Y llegados a este punto el Epílogo merece una profunda reflexión. Dice: he elegido la ruta optimista de luchar por lo imposible porque creo que ahí está la razón ética de vivir. No es un ingenuo optimista; una utopía tal vez no se alcance, pero orienta la conducta. Hay una tensión entre la razón, la ciencia, el conocimiento y la imaginación, la intuición, el arte, los sueños. Con la cita de Einstein señala que lo primero es una herramienta extraordinaria pero no el origen último del sentido. Por eso en “Sé romero” caminante humilde es el ser humano que camina ligero sin llevar por mochila la falsa seguridad de haber comprendido todo en la vida. No está diciéndonos que no pensemos, sino que el análisis racional no agota la vida y que en ella tiene cabida el asombro ante el misterio. Y quiero ver aquí que navega desde el asombro por el misterio hacia lo sagrado que es la misma realidad natural, no una zona acotada, sino una forma peculiar de ser y aparecer el hombre y la realidad en su conjunto, en cuanto apela a una presencia ontológicamente última. Y que en ese mismo barco vamos los demás, siendo o no conscientes; por eso, la última y definitiva Ítaca confío en que todos podamos encontrarla.