Ha sido una auténtica locura.
Hacía tiempo que un libro no conseguía mantenerme tan pegada a sus páginas, no con esa necesidad constante de querer seguir leyendo para descubrir qué iba a ocurrir después. La tensión, las traiciones, los secretos, la incertidumbre y el romance conviven durante toda la historia de una forma brillante. Myriam tiene una pluma muy visual, envolvente y directa, capaz de convertir cualquier conversación en un motivo más para no cerrar el libro.
Pero, por encima de todo, lo que más me ha conquistado ha sido la importancia que le da al tiempo. Al tiempo que necesitan las personas para sanar, para equivocarse, para descubrir quiénes son y para aceptar sentimientos que llevan demasiado tiempo intentando esconder.
La historia gira en torno a Asher Hall y Remi Evans. El chico no tan malo y la chica no tan buena. Dos protagonistas llenos de contradicciones, defectos y heridas que los convierten en personajes tremendamente humanos. Ninguno busca ser perfecto, ni falta que hace. Son de esos personajes que toman decisiones cuestionables, se equivocan una y otra vez y, precisamente por eso, resultan tan fáciles de comprender.
Asher me ha parecido un protagonista fascinante. Vive marcado por un pasado que lo ha obligado a sobrevivir mintiendo, manipulando y escondiéndose detrás de una máscara que parece imposible de romper. Ha convertido el engaño en su mejor arma y juega con las personas con una inteligencia que llega a dar miedo. Sin embargo, cuanto más lo conoces, más evidente resulta que detrás de toda esa fachada solo hay alguien intentando mantenerse a flote. Ha sido, sin duda, mi personaje favorito de toda la novela.
Remi, por su parte, empieza siendo la imagen perfecta de la chica buena. La joven que acepta participar en un reality para conseguir el dinero que necesita para afrontar la enfermedad terminal de su padre. Pero, una vez dentro del juego, descubre que sobrevivir implica cambiar, adaptarse y aprender a mentir tan bien como el resto. Me ha encantado ver cómo evoluciona poco a poco, cómo deja atrás la ingenuidad y descubre una parte de sí misma que ni siquiera sabía que existía. Su crecimiento está muy bien construido y consigue que entiendas cada una de sus decisiones, incluso cuando no compartes todas ellas.
Los personajes secundarios también aportan muchísimo a la historia. Heather y Elijah se han ganado un sitio especial en mi corazón, aunque prácticamente todo el reparto consigue aportar algo importante al desarrollo de la trama. Cada uno tiene su función y ayuda a que ese ambiente de desconfianza constante nunca desaparezca. Porque aquí nadie parece ser quien dice ser y cualquier conversación puede esconder una intención completamente distinta.
Lo que más me ha gustado de esta novela es que no se conforma con construir un romance intenso. También habla de identidad, de supervivencia, de las consecuencias de vivir escondiendo quién eres realmente y del peligro que supone negar durante demasiado tiempo aquello que sientes. La tensión emocional crece de forma constante hasta desembocar en un final que me ha dejado completamente enganchada.
Porque, al final, el título no podría ser más acertado. No puedes confiar en Asher Hall. Pero quizá tampoco deberías confiar en Remi Evans.
Sin ninguna duda, 5 ⭐.