Alex y Ava no son solo dos nombres en una historia; son dos volcanes dormidos que guardan en su interior una mezcla explosiva de dolor, deseo y secretos.
Alex, con su mirada dura y su aura casi impenetrable, parece un muro de piedra levantado para protegerse del mundo. Pero debajo de esa coraza hay cicatrices invisibles, heridas que lo mantienen atrapado en un pasado tormentoso.
Ava, por otro lado, es el huracán que desafía esa fortaleza, una mezcla de fuerza y vulnerabilidad que no se rinde, que insiste en que Alex vea la luz que todavía brilla dentro de él.
La relación entre ellos es como un baile peligroso en el filo de una navaja: tan intensa que puede cortar, tan apasionada que puede quemar.
Ana Huang escribe con una intensidad brutal, sin filtros, donde cada conversación, cada silencio, está cargado de electricidad y emociones a flor de piel.
Twisted Love no es un romance dulce y sencillo; es un torbellino de sentimientos contradictorios. Es el choque entre el miedo a amar y el deseo irrefrenable de ser amado.
Alex y Ava se arrastran por un terreno minado de dudas y heridas, pero también se encuentran en medio de esa tormenta, mostrando que el amor puede ser complicado y hermoso a la vez.
Una metáfora que atraviesa todo el libro es la del fuego torcido: ese fuego que no arde limpio ni sin dolor, pero que tiene el poder de purificar y transformar.
Alex y Ava viven ese fuego, el que quema y duele, pero que también los impulsa a sanar y a reconstruirse.
Al terminar Twisted Love, te quedas con un nudo en el pecho y una mezcla de emociones: rabia, tristeza, esperanza y, sobre todo, la certeza de que el amor puede ser imperfecto, retorcido, pero siempre real.