Lo que nunca debes decir a tu hijo adolescente, según Lucía, mi pediatra

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Publicado: 4 septiembre 2026

Hay algunas etapas de la crianza que suponen todo un desafío tanto para los padres y las madres como para sus hijos. Por ello, la doctora Lucía Galán Bertrand (conocida en redes como Lucía, mi pediatra) propone en Adolescencia, su nuevo libro, una guía para aprender a entender esos cambios físicos y mentales, acompañar a tus hijos adolescentes en un proceso transformador y, sobre todo, comunicarte con ellos de forma sana y consciente. Al fin y al cabo, no se trata solamente de elegir las palabras adecuadas, sino de adaptar el tono y el contexto a las necesidades de este momento vital tan especial. 

Para lograr una comunicación que contribuya a una confianza mutua, Lucía, mi pediatra, da en Adolescencia las claves de todo lo que nunca debes decirle a tu hijo adolescente.

Lo que nunca debes decirle a tu hijo adolescente y por qué importa tanto el lenguaje

No es ningún secreto que muchos de los padres que hoy en día tenemos hijos adolescentes crecimos con un modelo de crianza que prioriza el orden y la disciplina por encima de las emociones. Sin embargo, al crecer entendemos que el lenguaje es una herramienta tan importante como cualquier otra (si no la que más) para ayudarnos a lidiar con nuestros sentimientos, desarrollar nuestra identidad y encontrarnos seguros, especialmente en una etapa tan transformadora como la adolescencia. Gracias a expertos como Lucía, mi pediatra, hoy sabemos que hay ciertas frases que nunca debes decir a tu hijo adolescente.

El proceso por el que pasamos de la infancia a la adolescencia va mucho más allá de los cambios biológicos. Los cambios físicos de esta etapa van acompañados de una maduración cerebral y de emociones intensas que, a menudo, ni ellos mismos comprenden. Por eso es tan importante cuidar el lenguaje que elegimos para hablar con un adolescente: una buena comunicación fomenta su autoestima, ayuda a prevenir conflictos y favorece una relación de confianza con sus padres.

Evita las etiquetas que convierten una conducta en una identidad

Como seres humanos, tenemos una tendencia natural a clasificar o etiquetar todo lo que tenemos a nuestro alrededor porque, al simplificarlo, podemos procesarlo mejor. Sin embargo, cuando hablamos de usar determinados adjetivos con un hijo adolescente, el efecto puede ser dañino incluso cuando se utiliza con la mejor de las intenciones.

Si últimamente le está costando más hacer sus deberes, levantarse temprano o colaborar en casa, nunca lo conviertas en algo que se puede interpretar como ataque a su identidad. Esto puede afectar gravemente su visión de sí mismo y su confianza a la hora de lograr sus objetivos. En su lugar, los expertos recomiendan señalar una conducta concreta que permita llegar a la raíz del problema para poder solucionarlo juntos. Lo más probable es que tu adolescente no quiera estudiar ni hacer nada porque existe algún otro problema subyacente. 

Ejemplos: 

  • "Eres un vago"
  • "Eres imposible"
  • "Siempre haces lo mismo"
  • "Nunca se puede hablar contigo"

Alternativa: 

"Cariño, esta semana todavía no has empezado las tareas que habíamos hablado. ¿Ocurre algo?"

No minimices lo que siente, aunque su reacción te parezca exagerada

Aunque a veces se nos olvide, todos hemos sido adolescentes. Por ello, debemos recordar algo vital: nuestros hijos están pasando por discusiones con sus amigos, exámenes suspendidos o desamores por primera vez en la vida. Puede que tú pienses que tu hija está siempre enfadada o que tu hijo adolescente no te soporta, pero la realidad es que su falta de experiencia y los cambios emocionales de la adolescencia hacen que lo vivan todo más intensamente y sin tener la madurez emocional para lidiar con sus sentimientos.

Aunque te parezcan emociones dramatizadas o que buscan llamar la atención, es probable que sea su manera de sobrellevar la situación. En lugar de invalidar lo que sienten diciéndoles que no es para tanto o que en la vida hay problemas más importantes, lo adecuado es validar esa emoción e intentar ver las cosas desde su perspectiva.

Es importante recordar, también, que validar una emoción no significa dar la razón ni aceptar cualquier comportamiento. Desde la serenidad y la comprensión, también debes poner límites claros a su comportamiento y ayudarle a encontrar otras formas de expresar su miedo o frustración.

Ejemplos: 

  • "No es para tanto"
  • "Eso es una tontería"
  • "Ya se te pasará"
  • "Tienes todo y aun así te quejas"

Alternativa:

"Veo que esto te ha afectado mucho. Ayúdame a entender qué ha pasado"

Evita reaccionar desde el miedo, el enfado o la frustración

Es absolutamente comprensible que puedas verte sobrepasado por según qué situaciones o comportamientos de tus hijos adolescentes. Sin embargo, tu reacción es vital para definir la relación de confianza que se generará entre vosotros. Si tu primer instinto es de rabia o acusación, puede que tu hijo o hija adolescente no vuelva a confiar en ti.

¿El consejo de expertos como Lucía, mi pediatra? Si tus hijos están confiando en ti para contarte algo que les está afectando, no digas lo primero que se te pase por la cabeza. Date a ti mismo el espacio para asimilarlo y procesar la información (y, si lo necesitas, comunícale a tu hijo que necesitas ese tiempo para darle una respuesta clara) y evita así entrar en pánico, echar cosas en cara o dar respuestas contraproducentes.

Ejemplos: 

  • "¿Cómo has podido hacer eso?"
  • "Sabía que esto acabaría pasando"
  • "Me has decepcionado"

Alternativa: 

"Necesito un momento para asimilarlo, pero quiero que sepas que puedes seguir contándomelo"

Adolescencia: la mirada de Lucía, mi pediatra

A menudo abarcamos la etapa de la adolescencia con una ansiedad anticipatoria de lo que está por venir: cambios hormonales, reacciones inesperadas, emociones intensas, posibles disputas… Sin embargo, Lucía, mi pediatra lo tiene claro: con las herramientas adecuadas, es posible disfrutar y acompañar a tus hijos en esta etapa.

En Adolescencia, la autora, que es madre y pediatra, aborda los miedos más comunes a los que se enfrentan padres y madres al llegar a este momento. Desde su mirada experta, Lucía, mi pediatra analiza los cambios físicos, emocionales y sociales que acompañan el proceso de la adolescencia y lo acompaña con consejos para que puedas recurrir a esta guía siempre que necesites tender un puente con tu hijo o hija. 

Adolescencia

Comprender los cambios físicos, emocionales, cerebrales y sociales en la etapa más intensa y transformadora de su vida

Ciencia, experiencia y emoción para entender y acompañar al adolescente que tenemos en casa, con toda la solvencia de una gran prescriptora.

Hay etapas de la crianza que desbordan a las familias, y pocas generan tanta incertidumbre y desconcierto como el fin de la infancia. En Adolescencia, la doctora Galán aborda, desde el optimismo, ese momento vital intenso, contradictorio y profundamente vulnerable que muchos padres viven con la sensación de haber perdido la brújula.

Con la cercanía emocional que ha convertido a Lucía, mi pediatra en una de las voces médicas más fiables de nuestro país, la autora ofrece sensatez desde la evidencia científica. Una obra que nace con la originalidad de su doble mirada (la de madre y la de pediatra), de su experiencia profesional tras muchos años de consulta, y del espacio íntimo de su propia vida, acompañando y disfrutando de dos hijos adolescentes.

Como dice la autora, «la adolescencia no es una guerra que hay que ganar. Es una metamorfosis en la que hay que acompañarlos».

No es solo qué le dices a tu hijo: el momento y la forma cambian la conversación

Aunque debemos cuidar lo que decimos, Lucía, mi pediatra deja claro que la comunicación no se trata únicamente de lo que decimos, sino que cómo lo decimos es igual de importante: analizar el tono, escoger el contexto y el momento exacto en el que decidimos tener una conversación y adaptar tu reacción son cualidades fundamentales para hacer sentir incómodos a nuestros adolescentes. Todo influye en cómo se interpreta tu mensaje y, por ende, en cómo afecta a sus emociones, su aprendizaje y su relación de confianza contigo a largo plazo.

Con Adolescencia, la doctora pretende que puedas entender y acompañar esos cambios emocionales de la adolescencia siendo capaz de lidiar con ellos de la mejor forma posible. Con este nuevo libro descubrirás que la adolescencia sí que es algo que se puede disfrutar.

Cómo decir “no” sin convertirlo en un cierre rotundo

A menudo caemos en la falsa creencia de que una crianza respetuosa es sinónimo de no poner límites, y nada más lejos de la realidad. Es una parte fundamental del rol de un padre o una madre establecer esos límites para enseñar empatía y respeto y, además, garantizar su seguridad en una edad en la que la evaluación del peligro aún está en desarrollo.

Lucía, mi pediatra explica en Adolescencia que hay una gran diferencia entre negar una petición “porque lo digo yo”, como hemos oído tantas veces, y hacerlo con argumentos. Esas respuestas tan comunes históricamente cierran la puerta al diálogo y al razonamiento, algo que es completamente contraproducente al lidiar con los cambios de la adolescencia.

En su lugar,  propone explicar un porqué claro y dejar espacio para que el adolescente pueda explicar su punto de vista: “ahora mismo no me parece una opción segura, pero podemos valorar estas otras alternativas”. El límite es el mismo, pero argumentar esa decisión y ofrecer una negociación para que el adolescente vea que no es un sistema basado en la imposición ayudará a que pueda desarrollar su propia capacidad para razonar y argumentar.

Reconocer las ventanas de oportunidad

Por más que nos gustaría, desgraciadamente, no siempre podremos tener el control de dónde y cómo suceden las conversaciones más importantes. Ya sea mientras haces tareas en casa, justo antes de irte a dormir, de camino a algún lugar o, incluso, después de una discusión, si un adolescente comienza a compartir contigo sus preocupaciones, sus emociones o aquello que le está provocando frustración, lo importante es no cerrar esa ventana que tanto cuesta abrir de golpe. 

Puede que, para ti, no sea el momento adecuado, pero es un momento crucial para él en el que conviene escuchar y analizar la situación antes de intentar corregir o resolver aquello que está ocurriendo. Según Lucía, mi pediatra, debes prestar atención, intentar comprender sus preocupaciones y no cerrar la puerta al diálogo por muy poco oportuno que pueda parecer el momento. Es vital que se sienta arropado y seguro para poder compartir sus pensamientos con su familia.

Por qué hablar en el coche puede facilitar conversaciones difíciles

Igual que existen situaciones poco oportunas para llevar a cabo una conversación difícil, hay otros contextos que las facilitan. Hablar en el coche es uno de ellos, ya que reduce parte de la tensión de esas conversaciones más delicadas porque no existe un contacto visual constante y, por lo tanto, tu hijo o hija adolescente se sentirá menos observado e interrogado.

Por otra parte, las pausas naturales de un trayecto en coche (una maniobra complicada, un semáforo, un atasco) o el ruido ambiente hacen que el silencio sea mucho menos incómodo. Es un ejemplo perfecto de cómo elegir el contexto correcto, así como el tono de la conversación, puede facilitar la comunicación con tu adolescente.

Saber cuándo hacer una pausa y retomar la conversación

Todos sabemos que, a menudo, las discusiones pueden alargarse más de lo debido. Cuando hablamos de cosas que nunca debes decirle a un adolescente para fomentar una buena comunicación, saber cuándo frenar es la herramienta más eficaz que puedes tener en cuenta.

Si estáis enzarzados en una conversación que no lleva a ninguna parte o si estáis demasiado enfadados para escucharos de manera racional, la posibilidad de tener un diálogo constructivo es prácticamente nula. Para evitar que el conflicto escale, tienes todo el derecho del mundo a pedir una pausa hasta que estéis más tranquilos. Al final, un adolescente aprende a calmarse viendo cómo lo hace su entorno, así que es una buena manera de mostrarle cómo lidiar con la frustración en un conflicto.

Otros libros para comprender y acompañar la adolescencia

La adolescencia es un proceso vivo y lleno de retos tanto para padres como para maestros. Si ya has leído Adolescencia, de Lucía, mi pediatra, te recomendamos otros títulos para comprender a tu adolescente y acompañar esta etapa tan transformadora de su vida.

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