Bajo tierra seca es la obra ganadora del Premio Nadal de Novela 2024. Escrita por César Pérez Gellida, uno de los mayores referentes de la novela negra, con más de 500.000 lectores, y que dirige, junto con Dolores Redondo, el festival literario Blacklladolid.
La hacienda de Antonia Monterroso ha sido pasto de las llamas; no ha quedado nada, ni los cerdos que se dedicaban a criar allí. Un hombre, que se parece al capataz de la casa Monterroso, ha sido visto caminando a toda prisa hacia la estación de tren con una sospechosa bolsa al hombro. La Guardia Civil le ha dado el alto, pero él ha huido, lo que lleva a pensar que es el autor del incendio y de la posible muerte de Antonia. El teniente Martín Gallardo, junto con el sargento Pacheco, se trasladarán desde Almendralejo hasta Zafra para interrogar a Jacinto Padilla, presunto autor del delito, para que les cuente por qué causó el incendio y dónde está la señora Monterroso. Lo que la Benemérita no sabe es que la desaparición de la hacienda Monterroso es solo la punta del iceberg: muertes, tráfico de influencias, contrabando, romances, adicciones, peleas, dinero… Todo ello provocado por la enigmática mujer, apodada como La Viuda, que llegó a la Extremadura de principios de siglo XX, sin nada que perder y con mucho que ganar.
Me estreno con Pérez Gellida leyendo esta novela y, sinceramente, me ha gustado mucho.
Por un lado, tenemos la historia principal, el misterio alrededor del incendio, donde nadie sabe nada o no quieren decir todo lo que deberían de contar. Y, al mismo tiempo, intercalamos con capítulos del pasado, descubriendo la vida de Antonia Monterroso y toda su actividad desde que llegó a la península, pasando por los momentos más relevantes que alteraron la existencia de todos los personajes.
Estamos ante un thriller histórico que nos transporta a esa España neutral durante la Primera Guerra Mundial, donde la vida en Extremadura se centraba en la agricultura y la ganadería y los jornales no es estaban muy bien pagados. Además, la llamada fiebre española está muy presente, recordando la pandemia del COVID, donde se nos explica cómo se trató de concienciar a la población para evitar los contagios (aunque no fuera muy bien). Me gusta como describe los escenarios, cómo iban vestidos, cómo hablaban y esa falta de alfabetización que aún se vivía en las zonas más pobres de España.
Luego está la investigación de la Guardia Civil, que tiene que lidiar no solo con los maleantes, sino con los que sí cuentan con dinero en la zona y tienen el poder suficiente para controlarlo todo y someter a la población. Al no haber tanto control (sobre todo tecnológico, como ahora), las actuaciones violentas eran más habituales para imponer esa autoridad (y más cuando la opción de poder ser detenido no era signo de echarse atrás con la actividad delictiva que fueras a realizar). Además, los interrogatorios, junto con los saltos al pasado, mantienen un enganche para con la trama hasta las últimas páginas donde ya se resuelve todo.
Me gusta que también se mencione las últimas guerras de España por mantener los territorios de ultramar. En concreto, se habla de la guerra en Filipinas y las penurias que los soldados españoles tuvieron que pasar allí, y los pocos que pudieron regresar. La adicción al opio está muy presente a lo largo de toda la trama, iniciada en la isla del Pacífico, y que acabó con las vidas de muchos combatientes, ya en España, como se verá reflejado, durante toda la trama, en uno de los protagonistas.
En definitiva, Bajo tiene seca tiene todos los elementos de un buen thriller histórico que te mantiene enganchado hasta la última página. La narrativa fluye mucho, avanzando casi sin darte cuenta, y empatizando con los diversos personajes que van apareciendo. Ganas de empezar la segunda parte, Nada bueno germina.