Aunque el romance está presente, esta historia va muchísimo más allá. Habla de autodescubrimiento, familia, salud, miedo, pérdida y de todas esas dudas que aparecen cuando la vida no sigue el camino que habíamos imaginado.
La historia me pareció muy original y, sobre todo, muy humana. Es de esos libros que te hacen parar, reflexionar sobre tu propia vida y prestar más atención a las personas que tienes alrededor. También te recuerda la importancia de valorar tanto los momentos felices como aquellos que, aunque duelan, terminan formando parte de nosotros.
Los protagonistas son dos desconocidos que, en realidad, tienen mucho más en común de lo que creen.
Grace es un personaje con el que resulta muy fácil empatizar. Quieres comprender su dolor, sus miedos y esas pocas ganas de seguir adelante, y acompañarla mientras intenta volver a encontrarse.
Will representa esa posibilidad de cambiar, volver a empezar y encontrar algo que no sabías que necesitabas.
Y luego está Lucy, que, aunque no esté presente de la manera tradicional, tiene un papel fundamental. A través de ella, la historia nos recuerda la importancia de levantarnos una y otra vez y de cómo una persona puede seguir dándonos fuerzas incluso cuando ya no está a nuestro lado.
Creo que una de las cosas más bonitas de este libro es que cada persona puede encontrarse en él de una manera diferente. No todos hemos vivido las mismas situaciones, pero todos hemos sentido en algún momento miedo, pérdida, dudas o incertidumbre.
Y ahí es donde creo que la historia consigue llegar tanto.
La pluma de Alice Kellen, como en todos sus libros, me parece preciosa. Tiene una forma de escribir que transmite muchísimo y hay frases que se quedan contigo incluso después de cerrar el libro.
Me ha encantado acompañar a los personajes mientras avanzaban, tropezaban, tomaban decisiones y conseguían superar, poco a poco, cada una de esas casillas que la vida les había puesto delante.