Una novela de acción trepidante que comienza y acaba en Barcelona, aunque transcurre casi toda en Cuba, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando todavía funcionaban a pleno rendimiento las explotaciones azucareras, gracias a la terrible maquinaria esclavista. Sin embargo, los cimientos de este inhumano sistema empiezan a resquebrajarse con los levantamientos e insurrecciones de la masa explotada, que significarán el principio del final de este.
La protagonista, Pepa, una joven criada en la miseria y los abusos, se irá convirtiendo gradualmente, a lo largo de la obra, en una de las villanas más crueles, calculadoras y malvadas que he conocido. El resto de los personajes me han resultado interesantes también, como la estrafalaria Lucía, un personaje contradictorio, pues a pesar de ser patrona colonialista, sus ideas son abolicionistas; o Gabriel, su inexperto y bondadoso sobrino, que va cambiando y madurando, adquiriendo un carácter valiente y decidido. O Miguel e Iris, patrono y exesclava, un matrimonio de lo más peculiar, solo posible en la exótica y anticonvencional Cuba.
Me ha gustado acercarme a esa época y conocer cómo funcionaba el sistema colonialista, la vida de los esclavos y de las familias adineradas, amas y señoras de las plantaciones, la mayoría con raíces españolas, que los gobernaban con mano dura. Y ha sido muy enriquecedor conocer nuevas palabras: la zafra, los ingenios, las mochas, el mayoral, las jutías congas, el faetón, los bohíos, el clíper…
De esas lecturas que te hacen olvidar dónde estás mientras te deslizas por sus páginas.