Tenía a este autor desde hace mucho tiempo, y de repente, en una mesa de expurgo, aunque un poco destrozado, lo he tenido que encolar un par de veces, encontré un ejemplar de esta maravilla.
Yo pensaba que, a estas alturas de año, había cumplido con mis enamoramientos literarios, y va este señor y me lleva a un orfanato lleno de personajes absolutamente maravillosos, cada uno más achuchable que el anterior.
La historia comienza con Linus Baker, un trabajador social del DEJOMA (departamento de jóvenes mágicos) que se dedica a inspeccionar hospicios para evaluar si son seguros. Recibe el encargo de hacerlo en la isla de Marsyas, en el plazo de un mes, en un lugar en el que me he sentido viva, riendo y llorando como una niña. Por supuesto, no va a dejar abandonada a su gata Calíope,
El director Arthur Parnassus es el encargado de cuidar a seis niños muy especiales, con la ayuda de Zoe, una habitante isleña muy peculiar.
Y ahora, las criaturas que me han robado el corazón: Theodore es un guiverno que tiene un tesoro muy personal, Sal es un cambia formas que se convierte cuando tiene miedo en un precioso Pomerania, Phee es un espíritu del bosque, Talia es una gnoma jardinera que me ha sacado más de una carcajada, Lucy es el hijo del mismísimo diablo, muy inteligente y muy divertido y mi adorado Chauncey, que me ha recordado mucho a Blob, pero verde y con tentáculos, al que he dejado para el final porque es el mejor de todos.
La novela tiene casi 500 páginas, pero me la he bebido en 2 días. Todo lo que han pasado los niños, la incomprensión por ser diferentes, el miedo, la soledad, incluso una pequeña colleja para esas personas que solamente viven para el trabajo.
Una gran novela que emociona, y que me atrevo a aconsejar a todo el mundo, he descubierto que hay una segunda parte, así que a por ella voy, va a entrar entre mis mejores lecturas del año, seguro.