Leer esta novela ha sido como abrir una ventana a la propia infancia, a esos recuerdos enterrados de personas y momentos que dieron forma a quiénes somos, aunque los hayamos dejado en el pasado. Desde las primeras páginas, me encontré en un viaje a una España rural de los años 70, donde las familias aún vivían inmersas en una comunidad pequeña, marcada por la rutina y las tradiciones.
La historia se centra en la relación del narrador, un niño, con Emilia, la joven niñera que llega a cuidar de él y sus hermanos mientras su madre trabaja como profesora. Me conecté rápidamente con el punto de vista del niño, que narra sus experiencias con una mezcla de inocencia y curiosidad. A través de sus ojos, veo a Emilia no solo como una niñera, sino como un pilar emocional en su vida, una figura de calidez y entrega que, para él, es fundamental.
Emilia representa esos vínculos invisibles de la infancia que, aunque intensos y decisivos, parecen diluirse con el paso del tiempo. Leer sobre ella y sobre cómo se convierte en un refugio para el niño me hizo pensar en las personas que alguna vez fueron importantes en mi vida, aquellas cuya presencia parecía esencial y que, sin embargo, se desdibujaron en mi memoria. Esta parte de la historia es especialmente conmovedora porque nos enfrenta a nuestra propia ingratitud, a ese olvido involuntario que parece natural pero que deja una sensación de melancolía
Simón utiliza una prosa que es sencilla y precisa, pero que está llena de poesía. Cada frase parece contener una nostalgia sutil que me lleva de vuelta a esa época en la que el tiempo parecía transcurrir de forma diferente. Los detalles de la vida rural, de los pueblos pequeños y de las dinámicas familiares de entonces, enriquecen la atmósfera, creando un marco íntimo y familiar que sentí cercano, incluso sin haber vivido esa época.
La novela también me hizo reflexionar sobre el concepto de “ingratos”. Entendí que no es una ingratitud consciente, sino una especie de inevitabilidad: las personas pasan por nuestra vida, nos transforman, y luego, con el tiempo, algunas de ellas se van quedando atrás en el recuerdo.