Nos definimos como «seres pensantes» y nos guiamos por nuestros pensamientos o creencias sin sospechar que estos, a los ojos de la neurociencia, no son más que propuestas de nuestro cerebro. A partir de estas propuestas elegimos qué estudiar, discutimos, buscamos pareja, montamos una empresa, escogemos series en Netflix, nos divorciamos, tenemos hijos, los educamos… Lo que pensamos...












