Reseña — Una corte de niebla y furia (Libro 2 de la saga)
Este libro no se puede leer sin venir del primero.
Y no porque continúe la historia —que también— sino porque todo lo que hace aquí la autora solo funciona porque ya sabes de dónde viene la protagonista.
Porque si el primer libro fue descubrimiento, este es ruptura.
Yo no suelo leer fantasía. Nunca ha sido mi terreno cómodo: mundos enormes, magia, universos complejos… siempre me han dado cierto respeto. Yo conecto más con lo emocional, con lo humano, con lo que pasa por dentro.
Por eso llegué a este segundo libro sin saber muy bien qué esperar.
Y lo que encontré no fue fantasía.
Fue un golpe emocional.
Desde las primeras páginas se nota que algo ha cambiado. No en el mundo, sino en ella. Hay una sensación constante de desgaste, de peso, de no reconocerse. No porque haya pasado “algo concreto”, sino porque hay experiencias que te transforman tanto que ya no sabes volver a ser quien eras antes.
Y eso atraviesa todo el libro.
Este segundo volumen no va de acción ni de aventuras —aunque las tenga—. Va de consecuencias. De lo que ocurre después de sobrevivir. De lo que nadie te cuenta cuando el peligro ya pasó, pero tú sigues rota por dentro.
Hay momentos en los que el libro te obliga a detenerte y pensar:
¿qué es realmente el amor?
¿proteger es cuidar… o controlar?
¿cuándo querer empieza a parecerse demasiado al miedo?
Lo más brillante es que estas preguntas no aparecen de golpe. En el primer libro muchas cosas parecían normales, incluso románticas. Aquí, con perspectiva, empiezas a mirar atrás y a cuestionarlo todo.
Y duele.
El crecimiento de la protagonista no es bonito ni épico. Es incómodo. Lento. Lleno de culpa. Culpa por cambiar, por querer algo distinto, por no sentir igual que antes. Esa culpa tan real que aparece cuando empiezas a entender que ya no eres la misma persona.
Hay una frase que me atravesó por completo:
«Quizá eso funcionó para la persona que fui antes, pero no para la que soy ahora.»
Y ahí entendí de qué iba realmente este libro.
A lo largo de la historia aparece una nueva forma de relación, muy distinta a lo anterior. No perfecta, no idealizada, pero basada en algo que parece simple y que en realidad no lo es: respeto, escucha y elección. Nadie decide por nadie. Nadie encierra, nadie impone. Se acompaña.
Y eso hace que inevitablemente empieces a replantearte tu propia idea del amor.
Este libro no te dice qué está bien y qué está mal. Te lo muestra. Y tú sacas tus propias conclusiones.
Cuando llegué a los capítulos finales sentí auténtico vértigo lector. Página tras página tenía la sensación de que todo se estaba tensando, de que algo enorme estaba a punto de romperse. No podía leer rápido, pero tampoco parar.
El final me dejó con rabia, impotencia y una necesidad urgente de continuar la saga.
Y entonces lo entendí todo.
Por qué este libro es el favorito de tanta gente.
Por qué la saga sigue generando tanto ruido tantos años después.
Porque este segundo libro no amplía el mundo: profundiza en los personajes.
No es solo fantasía.
Es identidad, culpa, amor, poder, elección y renacimiento.
No esperaba que el segundo libro de una saga me hiciera sentir así.
Y por eso, para mí, marca un antes y un después dentro de ACOTAR.