El primer volumen de la nueva trilogía romántica de Rebecca Yarros, cuya historia yo mientras leía pensaba que iba a quedar inconclusa para seguir en los dos siguientes, el segundo “Donde todo es posible” previsto en verano, y el tercero “Donde todo se ilumina” para el otoño de este año. Pero no; esta primera entrega tiene un comienzo y un final de forma que es una historia completa, es decir, que nadie se eche atrás porque tenga el temor de que será necesario leerse los tres volúmenes para no quedarse a medias. Este primer libro puede tratarse como una historia con un comienzo y un final sin depender de los siguientes.
Hecha esta introducción, en el primer capítulo se nos presenta la relación juvenil entre Knox, un joven de 20 años, Harper de 18, y Ryker, el hermano de esta última que hace todo menos remar a favor, saltando chispas en un “no puede volver a pasar”. El segundo capítulo salta a la actualidad, 7 años después, con una Harper de 25 años, más madura, que trabaja en una escuela infantil de la que es propietaria y de la que se ocupaba las 24 horas del día, sin “querer” tiempo para más, habiéndose quedado anclada en un momento del pasado que no supo o no quiso despegarse, enfrentándose a una situación personal muy particular al no dudar en hacerse cargo, de forma temporal, de dos hermanos en situación de exclusión social.
Solo que, por tratar de que no se desmoronaran los pequeños, ella se metería en algo complicado: en una vuelta al pasado con Knox embarcándose juntos en una tierna y generosa burbuja para trabajar en un loable objetivo, pero saltándose cualquier tipo de advertencia, rompiendo barreras y cruzando líneas rojas que nunca debieron traspasar. Los capítulos son narrados por ellos en primera persona, de forma intercalada, lo que nos permitirá conocer lo que se les pasa por su cabeza, y nos es fácil adivinar que son una bomba de relojería a punto de estallar, y estallará…
Una historia romántica, sexual también, con un mix de elementos dignos para hacer estallar la tormenta perfecta. Una relación que se irá abriendo paso a tientas, esquivando imprevistos y sin apenas oportunidades de echar el freno. Arriesgarían su corazón en una aventura que nunca les había pertenecido y, cuando entraron en ese juego, ninguno estaría preparado para pagar el verdadero precio.
Tendrán que luchar si querían mantenerse en pie y volver a reconstruirse como tuvieron que hacerlo años atrás cuando la tragedia asoló al pueblo y dejó muchas cicatrices que algunos ni superarían, y que conoceremos a través de la subtrama de la “brigada de élite” de bomberos que ayudarían a reconstruir lo que se perdió hace 10 años, tanto lo material, como la vida de los que se quedaron, y a devolver la esperanza de poder encontrar un poco de felicidad.
Llegaremos a un epílogo de 4 años después, donde después de tanta tormenta siempre llega la calma y, aquello que un día comenzó como una generosa causa y luego evolucionó a una tierna farsa, se convertirá en el motor de sus vidas.