Grimod de La Reyniére en su admirable Manual de anfitriones, fue algo más que un amable cronista de restaurantes : fue un ideólogo consciente y eficaz para la clase que había substituido a la aristocracia en el Poder. El, mejor y antes que nadie, antes sobre todo que Brillat-Savarin, supo comprender hasta qué punto esa clase estaba necesitada de un «estilo» y de un «savoir vivre»...








