En una isla que fue refugio de atléticos nudistas cual pájaros de la playa, una vasta casona colonial, algo desvencijada, preside hoy una comunidad de jóvenes viejos, «golpeados de repente por el mal». A ella acude un día Siempreviva, «una verdadera anciana y no joven avejentada», con el deseo de vivir con mayor brío sus seniles extravagancias entre precoces ancianos de consumida...









