Thad Roberts, un empleado de un prestigioso programa de la NASA, tuvo una idea romántica y descabellada. Quería regalarle la Luna a su novia.
Thad convenció a su pareja y a otra cómplice femenina para irrumpir en uno de los inexpugnables laboratorios de la NASA –atravesando múltiples puestos de control, una puerta bloqueada electrónicamente con códigos cifrados y largos pasillos vigilados...














