¡Hola, lectores!
“¿Y tu hermano, dónde está?”
Así empieza todo. Una pregunta aparentemente sencilla que cae como una piedra en mitad del salón y ya no deja nada en su sitio.
Hoy vengo a hablaros de "Mamá está dormida", de Máximo Huerta, y os adelanto algo, ha sido mi primera aproximación al autor… y me ha gustado mucho.
La novela nos sitúa en una casa donde una madre de 85 años empieza a perder la memoria. No es solo el olvido de fechas o nombres, es esa niebla que desordena el tiempo, mezcla vivos y muertos y convierte la realidad en algo poroso. El hijo, que es quien narra, la cuida mientras intenta sostener lo que se desmorona. Y en medio de ese cuidado, surge la gran fisura: la insistencia en un hermano que nunca existió. ¿O sí?
A partir de ahí, la historia no se convierte en un thriller, sino en algo mucho más profundo, una exploración del duelo anticipado. Porque esta novela habla, sobre todo, de lo que significa empezar a despedirse de alguien que aún está vivo. De cómo el cuidado es también una forma de amor radical. De cómo el pasado vuelve cuando el presente se agrieta.
Me ha gustado especialmente cómo el autor construye la emoción desde lo cotidiano. No hay grandes artificios. Hay tazas de leche, pastillas, silencios, paseos con la perra, conversaciones repetidas. Y en esos pequeños gestos está todo. La fragilidad, la culpa, la ternura, el miedo. El estilo es íntimo, contenido, muy sensorial. Frases cortas, imágenes precisas, recuerdos que entran y salen como si también tuvieran su propia memoria.
El tema del hermano funciona como símbolo, no es solo una duda narrativa, es la metáfora del vacío, de lo que no se sabe, de los secretos reales o imaginados que se enquistan en las familias. Pero el verdadero corazón del libro no está en resolver un misterio, sino en acompañar a una madre en su último tramo y a un hijo que aprende que amar también es aceptar la pérdida.
Es una novela sobre las madres, sí. Pero también sobre los hijos cuando dejan de ser hijos protegidos y pasan a ser sostén. Sobre esa inversión silenciosa de roles que duele y dignifica al mismo tiempo.
Si algo me llevo de esta lectura es la sensación de haber estado dentro de una casa real, respirando el mismo aire que sus personajes. Me ha emocionado sin exageraciones, me ha hecho pensar en la memoria como territorio frágil y en la importancia de grabar voces, gestos, palabras… antes de que el tiempo las borre.
Como primera lectura de Máximo Huerta, ha sido un descubrimiento muy bonito. He conectado con su mirada y con esa manera de escribir lo pequeño para contar lo enorme.