
Imaginar y entender: podríamos decir que estas son las principales razones por las que nos acercamos a la literatura. No es de extrañar, entonces, que la novela histórica sea una de las preferidas por lectoras y lectores, y en la actualidad esté viviendo un momento de apogeo. Y es que la histórica nos atrae porque nos permite soñar casi tanto como la literatura fantástica (¿acaso esas vivencias que experimentamos no están tan alejadas de nuestra realidad como la mismísima Tierra Media?) y, a la vez, acercarnos a verdades desconocidas. Sí, esto último podríamos hacerlo a través de memorias y libros de divulgación (y deberíamos hacerlo también, ¡no nos malinterpretes!), pero las novelas consiguen restaurar las emociones a los hechos y recordarnos que la historia no es solo una línea del tiempo, sino que la vivieron (¡y la viven!) las personas, con sus grandes hazañas y sus vidas mundanas.
Al contrario de lo que podamos creer, la tradición de este tipo de literatura no es tan larga. Se dice que arranca como género a principios del XIX, y se toman las novelas de Walter Scott como ejemplo primigenio: el británico se encargó de dramatizar la rebelión jacobita de Escocia tan solo unas décadas después de que ocurriese. ¡Para ser un visionario, a veces hay que mirar hacia atrás!
En España, por su parte, tenemos los Episodios nacionales, de Benito Pérez Galdós: 46 novelas escritas a finales del siglo XIX y divididas en cinco series que repasan la historia del país de los últimos cien años. Pero, aunque el género comenzara entonces y lo hiciera trasladándose apenas medio siglo antes, ¿dónde empieza la historia que podemos narrar? Pues en el tiempo antes de los tiempos. Autores como Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología, se han atrevido a ponerle voz a la prehistoria, empleando su conocimiento para construir un relato de épocas e identidades difusas de manera que podamos conectar con él.
Más comunes son las novelas sobre el antiguo Egipto (y no nos sorprende, esta civilización duró más de tres milenios: ¡hay material de sobra!). De hecho, la primera gran tendencia de la novela histórica fue la fiebre de la egiptología, y la obsesión con los misterios faraónicos dura hasta el día de hoy: de la popular trilogía El juez de Egipto a títulos que trasladan la acción a los años de las expediciones arqueológicas como La pirámide inmortal. Ante la imposibilidad de destapar ciertos enigmas en la vida real, quienes escriben y leen optan por desenmarañarlos en las páginas.
Los grandes secretos de la historia no solo yacen momificados: la Grecia antigua también es fértil en intrigas, conspiraciones y personajes memorables. Así lo demuestra Marcos Chicot con su trilogía El asesinato de… : libros empapados de conjuras y traiciones en los que repasa el contexto social y político que rodea a tres de los más brillantes pensadores de la humanidad, Sócrates, Platón y Aristóteles, y los poderes que los amenazan. A pesar de que el peligro se respira en el aire, ¿quién no querría volver, aunque fuera durante unos capítulos, a tal época dorada, cuna de nuestra civilización?
Algo similar ocurre con el Imperio romano, ese período histórico que, tal como demostraron las redes sociales hace un par de años, ocupa más espacio en nuestras mentes del que creíamos. ¡Como para no! También fueron siglos llenos de complots e inspiración de algunas de las mejores novelas históricas de todos los tiempos. Una de ellas es el clásico El lazo de púrpura, un retrato de la lucha por el control durante los años del emperador Tiberio que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1957. Más adelante, algunos escritores han querido huir de las crónicas en masculino de la Roma antigua. Santiago Posteguillo, por ejemplo, recupera la figura de Julia Domna para cederle el protagonismo y poder a una mujer. ¡Vamos, que aún hay maneras nuevas de narrar estas épocas!
Podemos hablar de la Edad Media como una era compleja y poco erudita, pero no podemos referirnos a ella como aburrida: devastadoras cruzadas religiosas, conflictos bélicos que duraron siglos, epidemias de magnitudes bíblicas... Vamos, que, si queremos, tenemos de lo que escribir y leer. ¡Y vaya si queremos! Quien busque sumergirse en aventuras de monjes y reyes que coja los libros de Peridis. ¿Que nos apetece explorar las indulgencias morales de la era? Pues ojeamos La taberna de Silos. Y, si lo que nos llama es enredarnos en un misterio tan adictivo como perturbador, la magnífica Aquitania, de Eva García Sáenz de Urturi, nos espera con los brazos abiertos. Dinastías, batallas, venganzas... e incesto. ¿Es que hay mejor forma de resumir esta era?
Pero la oscuridad no acaba con el medievo: la etapa moderna esconde episodios tan tenebrosos como el que destapa La Toffana, ganadora del Premio Primavera de Novela de este año. Vanessa Montfort reconstruye la historia real de Giulia Tofana, considerada por muchos la primera asesina en serie de la historia: una boticaria italiana que se tomó la justicia por su mano y mató a cientos de hombres con los venenos que formulaba. ¿El motivo? Liberar de matrimonios abusivos a mujeres que se veían sometidas y abandonadas por el sistema patriarcal.
Conforme nos acercamos al presente, la historia aparece más nítida en nuestras cabezas: deja de ser una amalgama abstracta de sucesos y se concreta como una anécdota familiar de la que siempre oímos el eco. Por eso, la literatura histórica también parece precisarse y se focaliza en eventos e ideas cada vez más específicos... pero también plurales. En cuestión de medio siglo podemos infiltrarnos tanto en el Madrid tenebroso y enfermizo que los Carmen Mola describen en La Bestia, durante un brote de cólera, como en la vibrante y fantástica Barcelona entre las dos Exposiciones Universales de 1888 y 1929 que retrata Eduardo Mendoza, Premio Princesa de Asturias de Literatura, en La ciudad de los prodigios.
Otras escritoras, como Luz Gabás, nos acercan a la historia paralela de las Américas, desde las convulsiones coloniales que narra en Lejos de Luisiana a la fiebre oportunista de Corazón de oro. Esta última novela nos habla del delirio por el metal precioso que enloqueció a hombres de todo el mundo, los atrajo hasta la Costa Oeste estadounidense y convirtió California en la tierra de sueños que hoy en día sigue siendo. Lo dicho, que para entender el presente...
Tal como comentábamos, la historia se ensancha a medida que se aproxima a nuestra actualidad, y nunca queda tan claro como cuando echamos la vista atrás al amplísimo siglo pasado. Mientras socialites e intelectuales todavía disfrutaban de merodear por un viejo continente reconfigurado, las causas de la Primera Guerra Mundial se cocían a fuego lento, tal como explica María Reig en Sonó un violín en París: una instantánea sentimental y política de la Europa de fin de siècle. Y, mientras las mujeres de Occidente estaban ganando el derecho a voto, muchas regiones seguían operando bajo regímenes coloniales. El empoderamiento femenino y las crisis en las colonias son justo lo que explora María Dueñas en Por si un día volvemos. Aquí nos ponemos en la piel de una emigrante española que, impulsada por la miseria y un crimen involuntario, se desplaza a la Argelia francesa para presenciar su tambaleo y derrumbe.
De nuevo al otro lado del charco, y entrada la segunda mitad de siglo, la tecnología había avanzado lo suficiente para intentar ir a la Luna, pero el país aún estaba segregado. En ese extraño mundo se mueve Michael McDowell, rey del gótico sureño, con Calliope, la protagonista de su última novela: un relato que entiende que, a menudo, la única forma de comprender las contradicciones de la realidad en la que vivimos es a través de lo fantástico.
Pero hablar del siglo XX es, sobre todo, hablar de un suceso ineludible: la Segunda Guerra Mundial. Éric Vuillard ha ficcionado momentos tan monumentales como la Revolución francesa, pero su novela más brillante es El orden del día, donde revela los movimientos ocultos de los empresarios que llevaron a Hitler al poder.
Tan importante fue el conflicto que muchos autores se han preguntado qué hubiera ocurrido si hubiese tenido un final distinto. Es el caso del maestro de la ciencia ficción Philip K. Dick, quien, en El hombre en el castillo, imagina una realidad paralela en la que la Alemania nazi y el Imperio de Japón ganan la guerra e invaden Estados Unidos.
Españoles como Rafael Tarradas Bultó o Paloma Sánchez-Garnica también han trabajado con el tema. Esta última ha dedicado tres volúmenes a la capital del conflicto, Berlín, repasando el auge del nazismo, la Guerra Fría y cómo las vidas que arruinó encontraron maneras de salir adelante.
Pero sobre lo que más han escrito los autores nacionales es sobre la guerra que partió el país en dos y la dictadura que la siguió. La producción de Antonio Muñoz Molina o Ignacio Martínez de Pisón está profundamente atravesada por la Guerra Civil y el franquismo; La sombra del viento, uno de los mayores fenómenos literarios de este siglo, se desarrolla en los primeros años del régimen; y Almudena Grandes dedicó gran parte de su carrera a explorar la resistencia antifranquista en su homenaje a Pérez Galdós, uno de los proyectos narrativos más ambiciosos de nuestra historia reciente. ¡Ahí es nada!
Entonces, ¿cuándo se supone que la literatura histórica deja de serlo? Hay quien dice que deben haber pasado cincuenta años entre los eventos que se explican y su narración para que se considere como tal. Pero también muchos piensan en Patria, el superventas de Fernando Aramburu sobre los estragos de ETA en Euskadi, como una novela histórica que abarca las últimas décadas. ¿Cuál es el consenso? Pues, como en muchos asuntos literarios, no existe: cada uno es libre de opinar lo que quiera. Pero aquí te diríamos que, cuando un libro sea capaz de transportarte a una época pasada sin importar el intervalo que la separa del presente..., no te pares a pensar en qué es o deja de ser. Simplemente déjate llevar... ¡y lee!
La novela histórica recrea períodos pasados, pero también puede incorporar elementos que la acercan a otras categorías literarias, dando como resultado subgéneros (y fusiones entre ellos) tan divertidos como estos... ¡y muchos más!
La más convencional: la que busca darte a conocer hechos y/o personajes reales a través de una gran labor de documentación y una interpretación ficcionada de los eventos.
Este tipo de novela te mueve a través de diferentes momentos históricos siguiendo los líos de una misma familia.
Misterios, conjuras, asesinatos... Tiene todos los elementos de una buena novela negra entrelazados con una detallada recreación histórica.
Estos libros ficcionalizan la vida de una persona real o se inventan un personaje histórico y construyen su biografía, explicándote su papel en los eventos que lo rodean.
Toman como punto de partida el desenlace divergente de un suceso histórico muy importante (como que el Eje ganara la II Guerra Mundial) para explorar una versión alternativa de la realidad que sigue.
Una de las distopías más emblemáticas de todos los tiempos: ¿Qué hubiese pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?
El hombre en el castillo nos sumerge en un mundo alternativo en el cual el Eje ha derrotado a los Aliados en la segunda guerra mundial y los Estados Unidos han sido invadidos y divididos entre los vencedores. Mientras los nazis se han anexionado la costa atlántica, donde han instaurado un régimen de terror, la costa pacífica permanece en manos japonesas. En esta América invadida, los nativos son ciudadanos de segunda clase a pesar de que su cultura es admirada por los vencedores, hasta el punto de que uno de los mejores negocios es la venta de auténticas antigüedades americanas, como relojes de Mickey Mouse o chapas de Coca-Cola.
Una de las distopías más emblemáticas de todos los tiempos, que funciona bajo la premisa: ¿Qué hubiese pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?
Philip K. Dick es el autor cuyas novelas han inspirado las producciones audiovisuales ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Minority Report, El show de Truman, El hombre en el castillo y Electric Dreams.
Sobre la cubierta:
Se ha utilizado la imagen de una esvástica con una estética muy brutalista y contundente para contrastarla con la de una bandera de EEUU, pequeña, desvaída y deshilachada mostrando así la derrota e invasión de USA en la Segunda Guerra Mundial. La figura de la langosta representa el libro prohibido “La langosta se ha posado” inspiración de la resistencia antinazi, donde se describe un universo alternativo y parecido al nuestro donde los aliados vencieron al de los países del eje, Alemania y Japón.
¿Cómo habría sido la historia si los incas hubieran conquistado Europa?
1531: Atahualpa se presenta en la España del emperador Carlos V para encontrarse con la Inquisición y el milagro de la imprenta, pero también con una monarquía exhausta por las constantes guerras, la amenaza permanente de los infieles y lo que es aún más preocupante, con pueblos a los que el hambre puede llevar al límite de la revuelta. En pocas palabras: los aliados que Atahualpa necesita para construir su imperio.
Instructiva y fascinante, Civilizaciones es el fruto de la exquisita erudición del autor y de una imaginación desbordante: un ejercicio de audacia narrativa que contiene una profunda reflexión acerca de las huellas que dejamos en el pasado, la imperfección y ambición del ser humano y el mundo que hemos construido.
Laurent Binet inició su carrera de manera brillante al ganar el Premio Goncourt de Primera Novela con HHhH, un libro que gozó del unánime favor de la crítica y el público internacional. Convertido ya en un autor esencial de las letras europeas, con Civilizaciones ha revalidado su éxito alzándose con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa.
El autor pone al descubierto una documentación secreta –clasificada como top secret por el Pentágono– con nuevos y sorprendentes datos sobre la figura y la obra de Jesús de Nazaret. Las revelaciones que aporta son tan rigurosas como desconcertantes.
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